Por Adrialis Rosario

Cuando la sociedad mundial se vanagloria de sus logros y conquistas como “la especie más inteligente”, aún transitan por las calles de muchos países personas que sufren en carne viva de un fenómeno mundial considerado una forma de esclavitud moderna y el segundo negocio ilícito más rentable: la trata de personas.

Aunque son principalmente niños, niñas y adolescentes quienes sufren de esta práctica destructiva de la condición humana, en la actualidad miles de personas continúan siendo sometidas a situaciones aberrantes de estas características gracias a las redes del denominado “crimen organizado”.
De esta forma los más vulnerables son atraídos con promesas de trabajos seguros y bien pagos, una vida mejor y muchos otros cuentos de sirenas para ser secuestrados y transformados en esclavos, perdiendo, por consiguiente, todos sus derechos humanos.
Y es que en esto consiste la trata de personas, tal y como lo define la Unicef: “Por trata de personas se entiende la captación, el transporte, el traslado, la acogida o la recepción de personas, recurriendo al uso de la fuerza u otras formas de coacción, el rapto, el fraude, el engaño, al abuso de poder o de una situación de vulnerabilidad, o la concesión de pagos o beneficios para obtener el consentimiento de una persona que tenga autoridad sobre otras para propósitos de explotación. Esa explotación incluye como mínimo, la explotación de prostitución ajena u otras formas de explotación sexual, los trabajos o servicios forzados, la esclavitud, o las prácticas análogas a la esclavitud, la servidumbre o la extracción de órganos”.

Esta grave violación de derechos humanos hoy afecta a más de 21 millones de personas en el mundo a pesar de los numerosos intentos de la comunidad internacional por frenar este fenómeno, labor que se dificulta por constituir una amenaza que a cualquiera le puede suceder.
Y sí se trata de una grave violación a los derechos humanos pues vulnera el derecho a la vida, la libertad, la dignidad, la igualdad, la seguridad personal y atenta contra el derecho a un desarrollo integral en los niños, niñas y adolescentes.


Constituye una misión de cada país, especialmente en la región de America Latina, una de las más afectadas por este flagelo, combatir contra las redes de trata y del crimen organizado, pero también educar y brindar herramientas adecuadas para que no sigan apareciendo esclavos de las calles en los tiempos del conocimiento.

Yo pienso que se le debe poner bombillo rojo a este flagelo, solamente porque en la mayoría de los casos los que sufren estas violaciones son los niños. Cada país debe tomar medidas principalmente con los los padres de las victimas, y a los que se encargan de este negocio aplicarle la ley máxima. Gracias