Tesoros corazón adentro

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Por Ana M. Dominguez y Aileen Infante

El Cardiocentro Pediátrico "William Soler", ubicado en la calle San Francisco esquina a Perla, Altahabana, Boyeros, La Habana. En la foto la pequeña paciente de 2 meses de vida Erianna de la Cruz Alfaro, junto a su madre Yamisela Alfaro García, de la provincia de Holguín, Cuba.

Una vez dada de alta la pequeña Erianna podrá llevar una vida útil y feliz. Foto: Abel Rojas Barallobre

Todos sus seres queridos la esperan en su natal Holguín. Excepto su joven madre, aquí no tiene familiares, pero ha aprendido a querer como tales a quienes, con bata blanca, se preocupan constantemente por su salud.

Pudiéramos pensar que tantas consultas, revisiones y monitoreos la inquietan, pero no. Ella es, como aseguran quienes la conocen, una niña tranquila que mira con ojos soñadores esos equipos a los que permanece necesariamente conectada para monitorear los latidos de su corazón y controlar su ritmo.

La actual estabilidad de la pequeña es una buena noticia, pues solo así puede ser intervenida para tratar la arritmia que la aqueja y regresar a casa junto a los suyos. Mientras, va de la estrecha cuna a los brazos de su madre. Sigue observándolo todo y espera.

Justo al lado de la bebita, el adolescente Dayron Olazábal González también sueña con volver a su natal Najasa, en Camagüey. Extraña a sus compañeros del Técnico Medio en Contabilidad que comenzó el pasado año, a sus dos hermanos menores e, incluso, a los caballos que tanto ama y que, paradójicamente, le provocaron la condición que lo remitió a La Habana.

Dayron nunca padeció ninguna afección cardiaca hasta hace poco más de un año cuando jugaba durante un apagón, un equino asustado le propinó una patada que le provocó una comunicación interventricular traumática. Desde entonces ha viajado dos veces a la capital, la primera para su diagnóstico, y ahora para ser intervenido.

Sabe que a partir de la operación su vida no será como antes, pues debe cuidarse más. Pero es la única y más efectiva solución. Solo así podrá volver a las aulas, practicar deportes —poco a poco— con sus compañeros, e incluso galopar por el pueblo. No pide mucho ni teme nada, solo confía en que en pocos días todo volverá a ser como antes.

Joe Luis Baños Valdés sonríe al escuchar a Dayron desde su cama al otro lado del cubículo. También él extraña su hogar, su vida fuera del centro, hasta su antiguo trabajo como cuentapropista. Hace tiempo dejó de ser un bebé como Erianna y 19 años lo separan del adolescente, pero los unen el corazón y sus entresijos.

Días atrás Joe Luis, el único habanero del grupo, tuvo que ser intervenido quirúrgicamente para tratar una cardiopatía congénita detectada desde los cuatro años, ahora que ya el tratamiento médico dejó de ser efectivo. Fue un procedimiento muy complejo, a corazón abierto, el mismo al que tanto temían sus padres hace unos años. Pero ahora, cuando la tecnología ha avanzado y permite minimizar los riesgos, se hizo inminente entrar al salón.

La operación salió bien. Una leve complicación lo ha mantenido en la sala más tiempo del acostumbrado, pero en poco tiempo la cicatriz en su pecho no será más que un recuerdo, un reflejo de sus ganas de vivir, ahora, con más salud.

Erianna, Dayron y Joe Luis no son los únicos. Otros 17 niños y jóvenes comparten sonrisas y anhelos en esta sala del Cardiocentro Pediátrico William Soler. Hasta allí llegaron, como los más de 10 000 que les precedieron, aquejados de una afección cardiaca, en su mayoría congénita, y en pocos días egresarán con la tranquilidad y calidad de vida que necesitan para su pleno desarrollo personal y social.

Esta fue siempre la misión de la institución, inaugurada el 26 de agosto de 1986 por nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro, precisamente ante el impacto de las afecciones cardiacas en las tasas de mortalidad infantil en el país.

Un centro salvador

Priorizar la atención sanitaria a los pequeños es una realidad en Cuba desde los primeros años de la Revolución cuando comenzó un arduo proceso para erradicar, gracias al desarrollo de nuestro sistema de salud pública, muchas de las afecciones e infecciones que aparecían como causas de mortalidad infantil.

En la década de 1980, ante los avances alcanzados en esta materia, se hizo más evidente un padecimiento, mayoritariamente congénito, que golpeaba de forma significativa este indicador: las cardiopatías.

Por ello, el 26 de agosto de 1986 el Comandante en Jefe Fidel Castro dejó inaugurado el cardiocentro, en un terreno anexo al capitalino hospital pediátrico William Soler. Desde entonces, la misión es propiciarle tranquilidad a las familias en cuanto a la atención de sus hijos con problemas del corazón, los cuales son solucionados o aliviados, y garantizar su incorporación más plena posible a la vida familiar y social.

Así lo aseguró a JR el doctor Eugenio Selman-Housein Sosa, cirujano cardiopediátrico y director de esta institución de subordinación nacional pediátrica, que también es centro de referencia en el tratamiento de las cardiopatías en edades tempranas de la vida para la Red Cardiopediátrica Nacional, la cual funciona desde 1983.

Estos padecimientos, con una incidencia al nacer del uno por ciento, representan una cifra significativa de los casos de malformaciones congénitas en el país y se encuentran en el tercer lugar de las causas de muerte infantil, con una tasa de 0,6 defunciones por cada 1 000 nacidos vivos.

Sobre los diferentes problemas cardiacos que afectan hoy a los pequeños, explicó que existen más de 40 diagnósticos, entre los que se destacan en nuestro país y el mundo entero, las cardiopatías congénitas cianóticas (implican un compromiso de la oxigenación de la sangre) y las no cianóticas.

Entre las primeras, explicó Selman, se encuentran la tetralogía de Fallot (el antes llamado mal azul del corazón), la transposición de grandes vasos, la atresia pulmonar y los drenajes anómalos de venas pulmonares. Las no cianóticas comprenden problemas valvulares, problemas de anomalías de los vasos y de las estructuras del corazón, comunicación interventricular e interauricular, la coartación de la aorta y la persistencia del conducto arterioso.

Algunas de estas, apuntó, son críticas y requieren la atención inmediata durante los primeros días o semanas de vida de los niños. Otras avanzan más lentamente posibilitando un abordaje en edades más tardías, período en el cual se mantiene un seguimiento tanto por los especialistas de su área de salud de cada territorio o de los cardiopediatras del propio centro, en los casos que así lo requieran.

También, agregó, existen y se atienden en este centro, cardiopatías no congénitas que agrupan a un gran número de afecciones que afectan a los niños, incluso desde el nacimiento, tales como los problemas adquiridos del ritmo cardiaco (arritmias), la fiebre reumática y las cardiomiopatías.

Por un latir saludable

El doctor Jesús Francisco Carballés García, jefe del Programa Nacional de Rehabilitación Cardiaca Infantil (PNRCI), explicó a JR que, aunque el cardiocentro es la principal institución que atiende las afecciones cardiacas en edades pediátricas en el país, muchos de los pacientes reciben la atención que necesitan desde sus propios territorios gracias a la Red Cardiopediátrica Nacional.

«En ella se agrupan los cardiopediatras de todas las provincias, responsables de la detección precoz de los niños con problemas del corazón, su remisión a nuestra institución para completar su diagnóstico y hacer el tratamiento adecuado y oportuno, y su seguimiento una vez dados de alta con los cuidados necesarios para prevenir complicaciones.

«Incluso cuando regresan a nuestra institución para sus chequeos de rehabilitación, los resultados de los exámenes que se le realizan también se consultan e intercambian con los médicos de la Red que los atienden en cada territorio», agregó el especialista.

Junto a esta Red y con el desarrollo del Programa Nacional de Atención al Niño Cardiópata, jerarquizado por el Departamento Materno Infantil del Ministerio de Salud Pública (Minsap), agregó, durante casi 31 años el cardiocentro ha atendido a miles de pacientes, de los cuales más de 4 500 ya son adultos incorporados a las actividades escolares, sociales y familiares.

Carballés García añadió que más de 400 mujeres atendidas en estas instalaciones por problemas cardiacos han logrado partos exitosos una vez dadas de alta.

«El cardiocentro desarrolla el trabajo de atención especializada con un equipo multidisciplinario de 365 trabajadores, integrado por pediatras, cardiólogos, cirujanos, anestesistas, intensivistas, imagenólogos, perfusionistas, enfermeros (as), rehabilitadores, sicólogos y estomatólogos, entre otros.

«Realizamos el diagnóstico especializado, el tratamiento médico-quirúrgico mediante cateterismo cardiaco intervencionista de hemodinamia, así como la rehabilitación integral de los pacientes. Anualmente se atienden en nuestra institución casi 300 pacientes para cirugía cardiovascular y 150 pacientes para cateterismo intervencionista de hemodinamia.

«Si se trata de pacientes que tienen algún trastorno del ritmo, se acude a la implantación de un marcapasos o a un tratamiento con antiarrítmicos especializados, y en el caso de otros tipos de cardiopatías como las cardiomiopatías, podemos aplicar tratamientos novedosos en protocolo como por ejemplo, la implantación de células madre».

Carballés García explica que en todos los casos se desarrolla la profilaxis en relación con posibles complicaciones y la prevención de otros problemas de salud, como la endocarditis bacteriana, asociada a los cardiópatas.

Los niños que ingresan al cardiocentro requieren cuidados especiales, acota. «Se vela por sus necesidades higiénicas, dietéticas y de sus medicamentos, lo cual es posible gracias a los principios de nuestro sistema de salud, basados en la gratuidad, la integralidad y la universalidad».

Selman precisa que, hasta la fecha, se han intervenido por cirugía, aproximadamente 8 500 pacientes, de los cuales 5 000 han sido cirugías a corazón abierto, y 2 500 mediante cateterismo intervencionista.

«Sin embargo, estos no son todos los pacientes que han ingresado pues lo han hecho otra cifra similar de enfermos que han sido atendidos sin necesidad de realizar operación o estudios invasivos mediante tratamientos médicos. Por ello, estimamos que en el país, más de 14 000 pacientes han sido atendidos en algún momento por un problema cardiaco en edad pediátrica, la mayoría de los cuales han alcanzado la edad adulta».

El director de la institución puntualiza que como parte del programa que se desarrolla desde la inauguración del cardiocentro, se atiende al niño desde que está en el vientre de la madre, a través del Programa de Diagnóstico Prenatal de Cardiopatías, existente desde 1990. «El paciente nace, crece, se vuelve adolescente, adulto, y muchas veces ya viene a vernos cuando está casado y con hijos, pues requiere el seguimiento de la atención a sus problemas congénitos.

«Aquí podemos tener a bebés de un mes de nacidos y en la misma sala una persona de 50 años, a quien le descubrieron hace cuatro años que tenía un problema de nacimiento. Sin importar la edad del paciente, todos los problemas congénitos del corazón se atienden aquí».

Entresijos del corazón

Niños con arritmias, miocardiopatías y con otras afecciones cardiovasculares, incluso, aquellos que requieren el implante de células madre, son atendidos en la sala de ecocardiografía pediátrica de la institución, afirmó la doctora Lismara Senra Reyes, jefa de la sala de cardiopediatría.

«Por lo general, atendemos en esta sala de 20 camas a pacientes de edades pequeñas, hasta los 18 años de edad, aunque hay otro grupo de hasta 20 años. Su estadía promedio es de siete días. Tratamos de realizar un diagnóstico certero en un tiempo no muy prolongado que evite las molestias al paciente con larga estadía hospitalaria.

Un equipo clínico de trabajo realiza el diagnóstico certero en un tiempo no muy prolongado que evite las molestias al paciente con larga estadía hospitalaria. Foto: Abel Rojas

«En la sala de cardiopediatría interviene un equipo clínico de trabajo, integrado por dos cardiopediatras, residentes especialistas en pediatría y cardiología, cirujanos cardiovasculares, hemodinamistas, especialista en arritmia y genetistas. Sumamos también, en caso necesario, a los doctores de otras especialidades, para el asesoramiento adecuado ante otros padecimientos».

La especialista en Cardiopediatría e intensivista del cardiocentro, Dunia Benítez Ramos, ratifica que en las salas están creadas todas las condiciones para una terapia intermedia, porque en muchos casos se termina aquí el tratamiento final de cualquier proceder realizado en la institución.

«Además, contamos con una licenciada en dietética y nutrición y un grupo de apoyo nutricional, que sigue la evaluación y la intervención nutricional de cada paciente. También tenemos un laboratorio de ergometría y una sección de fisiatría, donde se les indica un programa de entrenamiento de acuerdo con su condición física.

«Un departamento de vital importancia es el de los medios diagnósticos como el de ecocardiografía, donde se confirman los diagnósticos de los niños cardiópatas y desde donde parten todos los demás estudios».

El doctor Juan Carlos Ramiro Novoa, especialista en segundo grado en Cardiología precisa que en el cardiocentro se desarrollan procedimientos híbridos donde se combinan las habilidades y los conocimientos quirúrgicos y de hemodinamia para obtener determinados resultados en las intervenciones de un grupo de pacientes.

Velar por la salud cardiaca de los infantes cubanos es una prioridad del cardiocentro desde su fundación. Foto: Abel Rojas

«El servicio de Hemodinámica se inauguró en 1988, apenas dos años después del cardiocentro, y solo tenía un objetivo mayormente diagnóstico, como era en el mundo entero en aquel entonces. Pero con el auge de las intervenciones por mínimo acceso se han desarrollado las técnicas de imágenes, así como los catéteres, incidiendo en la ampliación y mayor calidad de este tipo de operación.

«En las cardiopatías que tienen las indicaciones, son más rápidos, menos invasivos, demandan menos transfusiones de sangre y son más económicos. Se requiere además menos estadía hospitalaria, tienen menos incidencia de complicaciones y medicamentos. Son grandes aliados de la cirugía».

El también jefe de servicio de Hemodinámica y Radiología agrega que pueden atenderse por este procedimiento un gran porciento de las cardiopatías no cianóticas como, por ejemplo, las comunicaciones interauriculares y muchas interventriculares musculares. Además, un pequeño porciento de las cardiopatías cianóticas puede tener una ayuda con el cateterismo intervencionista.

«Aquí también hemos tratado a embarazadas por cateterismo intervencionista, cuando se les ha descubierto una cardiopatía congénita. Inclusive le hemos puesto stent en la aorta, siempre protegiendo al feto.».

Subraya Selman que el cardiocentro William Soler padece los efectos del bloqueo impuesto por el Gobierno de los Estados Unidos de manera permanente. «Para esta institución el país importa más de medio millón de dólares anuales en medicamentos, que se le ofrecen al paciente de manera gratuita si presentan hipertensión pulmonar y determinados tipo de arritmias, entre otros padecimientos. Además, requerimos tecnología de punta, patentada en países del Primer Mundo, para la realización de los procedimientos cardiopediátricos, y nos es muy difícil a veces obtenerla».

Todos los especialistas de la institución asumen el reto día a día de mejorar los indicadores de salud de los pacientes y elevar la calidad de la atención médica. «Nos urge seguir desarrollando la atención cardiopediátrica en el país y hacerlo de tal manera que continúe siendo sostenible el sistema de salud, pues si antes los pacientes con estos padecimientos eran enviados al exterior en casos posibles, ahora nuestras instalaciones y especialistas están capacitados para atenderlos aquí», añadió el doctor, quien acotó que en los últimos tiempos ha crecido el número de pacientes por turismo de salud.

Gracias al sistema de salud cubano, y con el esfuerzo de sus trabajadores y profesionales, los niños cardiópatas tienen garantizada la seguridad de su atención y la esperanza de poder llevar una vida útil y feliz.

Juventud Rebelde

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