¡Que canten los niños!

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Por Marylín Luis Grillo 

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Desde 1990, las muertes de niños y niñas menores de cinco años se han reducido en un 71 por ciento en América Latina y el Caribe, lo que significa que en ese periodo, se han salvado la vida de más de 1 600 000 infantes. Sin embargo, nuestra región tiene todavía múltiples cuentas pendientes con los más pequeños.

«Los #Derechos Humanos están bajo asedio en todo el mundo. Ahora más que nunca, nuestro deber compartido está claro: Defendamos los derechos humanos… de todas las personas y en todo el mundo», escribió en Twitter Antonio Guterres, secretario general de la ONU. Para niñas, niños y adolescentes el llamado es especial, pues —a las puertas de cumplir 30 años este 2019 la Convención sobre los Derechos del Niño— ellos son todavía víctimas inocentes de la desigualdad, el odio, las guerras, la inseguridad alimentaria, la violencia y la incomprensión.

El progreso tiene retos y el futuro de los menores de 18 años está amenazado, por lo que el nuestro también, dijo la directora ejecutiva del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), Henrietta Force.

En el continente al sur del río Grande las particularidades se imponen. La región mantiene su proclama como zona de paz, pero enfrenta los mayores niveles de desigualdad y es la única área del planeta donde el matrimonio adolescente no disminuyó.

Los pequeños (unos 193 millones de los 630 millones latinoamericanos y caribeños) deben enfrentar también la migración, y la cruda realidad de los cruces de fronteras, los traficantes humanos y el abandono parental.

Por ello, la Unicef junto a la Cepal (Comisión Económica para América Latina y el Caribe de Naciones Unidas) establecieron diez derechos básicos de los menores: educación, salud, alimentación y vivienda, vida y desarrollo saludable desde los primeros años, protección frente a la explotación comercial y el trabajo infantil, vida libre de violencia, nivel de vida digno, seguridad, identidad y, por último, participación y bienestar adolescente.

Pero ¿cuál es el panorama existente? Según datos de dichas entidades de la ONU queda mucho por hacer todavía.

Educación, el primero de los derechos

En total, 14 millones de niños, niñas y adolescentes están fuera del sistema educativo. De ellos, 3 600 000 tienen edad para cursar la escuela primaria, 2 800 000 deberían estar en la Secundaria y 7 600 000 en la Secundaria alta, bachillerato o preuniversitario.

Las estadísticas son aún más crueles para los pequeños con capacidades especiales, que suman más de ocho millones de menores de 14 años en el continente, de los cuales siete de cada diez no asisten a la escuela.

Salud, desde el inicio

Más de la mitad de los menores que fallecen en la región, lo hacen en los primeros 28 día de vida, la mayoría de ellos no fueron atendidos apropiadamente por médicos. En muchos países del continente, la salud es un gasto privado, al que no pueden acceder personas de muy bajos ingresos y de áreas rurales, pues 72 millones de infantes entre los 0 y 14 años viven en la pobreza.

Como promedio, 7 300 mujeres mueren anualmente debido a causas relacionadas con la maternidad y el embarazo adolescente alcanza ya los 74 de cada mil nacimientos.

 

Alimentación y vivienda, dos derechos en uno

La lucha por una nutrición saludable es una de las más abordadas en América Latina y el Caribe, en la búsqueda del cumplimiento del segundo Objetivo de Desarrollo Sostenible: hambre cero. Según informes de Naciones Unidas, el retraso en el desarrollo de los menores mantiene una tendencia a disminuir, pero el sobrepeso infantil aumenta y ya afecta al 7,3 por ciento de la población menor de cinco años.

Solo dos de cada cinco infantes de 0 a 5 meses recibe lactancia materna exclusiva, y la desnutrición crónica es cuatro veces más alta en los hogares más pobres, los cuales cada vez se ubican más en los entornos periurbanos, es decir cercanos a las ciudades. Precisamente, tres de cada diez niños y niñas que viven en áreas urbanas lo hacen en condiciones habitacionales precarias.

 

Vida y desarrollo saludable desde los primeros años

Según los datos, los pequeños que reciben educación en la primera infancia tienen dos veces más probabilidades de tener un adecuado desarrollo infantil temprano, del cual se le priva en la región a casi 3 600 000 pequeños de tres a cuatro años.

Los niños de los hogares más pobres, con madres con menor educación y que viven en comunidades alejadas están en mayor riesgo de experimentar retraso en su desarrollo, concluye Unicef.

Vida libre de violencia

La tasa de homicidio adolescente en América Latina y el Caribe es cinco veces más alta que la media global. La estadística golpea en la cara: cada día, 67 muchachos y muchachas entre los 10 y 19 años encuentran la muerte a manos de otra persona.

En el hogar, casi el 70 por ciento de los menores de 15 años sufren algún tipo de «disciplina» violenta, tanto física como sicológica, y la mitad de los niños y niñas son sometidos a castigo corporal.

Para las del sexo femenino se suma la violencia de género. Cuatro de cada diez adolescentes han experimentado al menos una vez violencia por parte de su pareja, mientras que más de un millón de mujeres que no sobrepasan la edad de 19 han padecido agresiones sexuales o cualquier acto sexual forzado, un dato que incluye a aquellos que lo han sufrido desde la infancia.

***

El panorama latinoamericano tiene millones de razones para luchar: cada uno de esos pequeños y pequeñas que viven sin motivos para cantar felices.

 

Cuba, la «realidad otra»

Salud y educación universales y gratuitas distancian a Cuba de las horrendas estadísticas regionales. Lo mismo ocurre si valoramos la cuestión de la alimentación: la Isla posee, junto a Uruguay, el índice más bajo de prevalencia de la subalimentación (carencia de alimentos suficientes para satisfacer las necesidades energéticas de una persona para llevar una vida sana y activa), con menos del 2,5 por ciento, publicó la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura).

Existen también programas como Educa a tu hijo, que junto a la labor de los círculos infantiles garantiza la atención temprana al infante, mientras en  el sistema judicial prepondera el interés superior del menor.

Queda aún mucho trabajo, pero los niños, niñas y adolescentes cubanos, empoderados, viven una realidad otra, que no está exenta de retos ni de posibilidades de mejorar, pero que garantiza una infancia feliz y un desarrollo apropiado.

JR

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