¿Por qué no jugamos en Grandes Ligas?

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Por Roberto Ramírez

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Como suele suceder en otros eventos, la presencia de la selección cubana de béisbol en los XVII Juegos Panamericanos provoca que aficionados y colegas desligados de nuestra realidad pregunten por qué sus estrellas no juegan en las Grandes Ligas estadounidenses.

Y la interrogante tiene cierta lógica, pues todos miran hacia ese circuito como la meca de la disciplina y los mismos medios que promocionan la firma de contratos millonarios como concreción del llamado “sueño americano” dan las espaldas a realidades que marcan una diferenciación leonina para con la isla.

“A mí y a muchos de mis compañeros nos gustaría probarnos a ese nivel, siempre que se tratara de un paso legal”, respondió uno de los consagrados del elenco antillano en alusión a medidas que le obligarían a abandonar su país como condición imprescindible para concretar esa aspiración.

Quien lo dude sepa que lo dispuesto al respecto puntualiza que como fruto de una pretendida “flexibilización” destinada a los cubanos estos “solo tendrán que firmar una declaración en la que confirman que han adoptado residencia permanente fuera de la isla”.

Es como si Lionel Messi tuviera que renunciar a Argentina para permanecer con el Fútbol Club Barcelona o David Ortiz necesitara romper sus vínculos con República Dominicana en busca de seguir brillando en el propio circuito del país norteño.

La normativa emitida en febrero, mientras los mercaderes hostigaban al equipo que terminó por imponerse en la Serie del Caribe, puso en blanco y negro que “los peloteros cubanos ya no tendrán que pedir un permiso oficial al gobierno de Estados Unidos para firmar contratos con los equipos del béisbol de Grandes Ligas (MLB)”.

Pero, y aquí viene la desfachatez mayor, fija como requisito la rúbrica de una “declaración de residencia permanente fuera de Cuba” en la que se haga constar, además, que “no pretendo volver a Cuba, ni me permitirán volver”.

Más claro ni el agua: como resultado del bloqueo sostenido durante más de medio siglo las contrataciones aprobadas para el deporte cubano están cerradas para sus beisbolistas en el mismo país que eroga cifras de escándalo si estos se pliegan al camino de lo injusto.

Y para que ello suceda millones de dólares apuntalan el quehacer de mercenarios como los reunidos en la cita regional de San Juan o en la reciente estancia de la dotación caribeña en suelo estadounidenses, donde el asedio adquirió límites insospechados.

Desde personajes portadores de maletas con dinero hasta la intención de utilizar a prostitutas procedentes de los lugares de residencia de los atletas, pasando por el quehacer de excompañeros que incitaron a seguir sus pasos como desertores, sin que importe el compromiso adquirido.

Todo ello al tiempo que varios circuitos del continente se ven obligados a asumir el tratamiento aprobado para la MLB, dados sus vínculos con esa entidad, aunque desearía contar con el demostrado rango de los cubanos.

¿Resumen? La misma MLB que aún no pagó los más de dos millones de dólares adeudados desde el Clásico Mundial y tampoco eroga los premios para Cuba en la Serie del Caribe recibe con los brazos abiertos a quien cae presa de una tentación sustentada desde una posición inmoral.

Es cierto que la organización responde a las leyes estadounidenses y cuenta con directivos profesionales que desearían otra realidad, pero estas le dejan muy mal parada en el plano de lo ético porque la “competencia” es totalmente desleal.

Por eso los que se niegan a renunciar a los suyos no juegan en Grandes Ligas, aunque se trate de una aspiración deportiva y económica totalmente lícita.

JIT

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1 Comentario

Emilio dijo:

Es cierto este artículo. Pero también es cierto que Messi no es declarado traidor por Argentina pues los únicos deportistas traidores son los cubanos. Aunque se vayan por vía legal, borramos de la memoria deportiva sus nombres y récord
Saludos

4 marzo 2017 | 07:37 pm