Ideal humanitario

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Por Felipe Pérez Aguilera

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Ideal humanitario. Foto: Cortesía de la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado

El protagonismo y la autoridad de Fidel en la Guerra de Liberación Nacional, y sobre todo entre sus compañeros de lucha del Primer Frente, lo convirtieron en el centro de la actividad revolucionaria del movimiento dirigido por él.

Además, su estrategia, basada en la necesidad de producir una profunda transformación en el país, trazó el orden político y ético de la guerra en Cuba.

Desde sus tiempos como alumno, y durante su encarcelamiento en el Presidio Modelo, estudió una amplia bibliografía de variado contenido. En ella adquirió conocimientos que le permitieron, desde muy temprano, desarrollar habilidades en la interpretación de la realidad social donde vivió. Entre las fuentes teóricas que más influyeron en la formación de sus ideas estuvieron: las jurídicas, históricas, martianas, y marxistas leninistas.

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Ideal humanitario. Foto: Cortesía de la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado

La carrera universitaria fue sustancial en su formación, pues conoció los fundamentos jurídicos que norman la sociedad en general y los de la guerra en particular. A través de la especialidad de Derecho adquirió nociones sobre la historia de la humanidad y de la contemporaneidad nacional e internacional. En su alegato en el juicio por los sucesos del Moncada, demostró dominio sobre temas del Derecho Internacional Humanitario (DIH) y normas de la guerra.

Fidel en la Universidad de La Habana, recibió asignaturas relacionadas con el DIH, entre ellas, Derecho Internacional Público y Tratados y Convenios de Cuba. También, estudió el Código de Defensa Social de 1936. Durante su tiempo como alumno fueron aprobados y tuvieron en Cuba una amplia divulgación, los Convenios de Ginebra del 12 de agosto de 1949. Las medidas de contenido humanitario tomadas por él sobrepasaron los límites de reglas éticas y consuetudinarias; en ellas se manifestó la aplicación consecuente de preceptos jurídicos establecidos por los organismos internacionales. El periodista norteamericano Bob Taber, escribió: “Los rebeldes han capturado espías, y Castro ha aprovechado sus conocimientos legales y su don de persuasión para interrogarlos y tratar de convertirlos a la causa”. 1

Predicar amor y no odio

También su afición por conocer el pasado y, sobre todo, el complejo mecanismo del progreso humano, constituyó una de las fuentes principales en la formación de sus ideas. Conoció y leyó libros, manuales y biografías, entre otros. “[…] he tenido una especial predilección por las obras históricas […]”. 2

Al valorar su actividad práctica y el diseño de la estrategia político militar viable en las condiciones de Cuba, se observa la impronta de experiencias y tradiciones históricas en sus ideas. La determinación de hacer una guerra desprovista de odio fue cardinal, pues a partir de ahí se derivaron normas de conducta éticas, materializadas en el desarrollo de las acciones armadas.

Un lugar importante ocupó el estudio de personalidades distinguidas en la historia universal, de América y, sobre todo, en la historia patria. De Cuba estudió a los principales próceres de las guerras por la independencia,3 con especial predilección por la vida y obra de José Julián Martí Pérez.

El Apóstol fue el máximo inspirador de Fidel. De él leyó casi la totalidad de su obra y conoció de su actividad práctica en la organización y dirección de la Guerra del 95.

De igual forma, el Maestro le ofreció el modelo de una ética de comportamiento ciudadano para el combate político y revolucionario.

En un artículo publicado en Bohemia el 29 de mayo de 1955, expuso que se educó en el pensamiento martiano, al concebir sus enseñanzas como guía para su vida revolucionaria; hizo énfasis en la máxima martiana que predica amor y no odio, y expresó cómo, al igual que Martí, se vio en la necesidad de empuñar las armas para combatir la opresión y conquistar la justicia.4 “Antes de ser marxista, fui un gran admirador de la historia de nuestro país y de Martí […]”.5

Por otra parte, el marxismo leninismo fue esencial en la formación de su ideal humanitario. La significación y valía dada por él a esa interpretación científica del mundo, le indicó tomarla como teoría esencial en la instrucción de los responsables del movimiento. En tal sentido indicó: “El núcleo fundamental de dirigentes de nuestro movimiento […] veía en el marxismo leninismo la única concepción racional y científica de la Revolución y el único medio de comprender con toda claridad la situación de nuestro país”. 6

En esencia, sus ideas se sustentaron en la realización de una radical transformación política, económica y social de la nación, donde las masas populares jugaran un papel protagónico y las acciones tendrían, en cualquier condición, un sentido humanitario.

Antes del golpe de Estado del 10 de marzo, Fidel había adoptado una estrategia autóctona e independiente. Acerca del contenido de esta señaló: “Aquí, sin esa filosofía, los combatientes tal vez habrían fusilado prisioneros a diestra y siniestra, y habrían hecho de todo. Era muy grande el odio contra la injusticia y los crímenes”.7

Consciente de esa realidad, trazó una conducta ética ajustada a las condiciones concretas de la situación y sustentada en el criterio de que la consagración a una causa justa es fundamento para concebir una estrategia de guerra, que supone el respeto más absoluto a la dignidad e integridad de los hombres; asimismo, supo distinguir la necesidad de estructurarla subordinada a una estrategia revolucionaria de contenido humanitario. Esa claridad lo condujo por un derrotero más objetivo y viable, opuesto a la tendencia general del resto de las fuerzas insurreccionales propugnadoras de la conspiración y no de la Revolución.

Entonces su ideal humanitario implicó una responsabilidad ejecutable únicamente por una vanguardia, dotada de patriotismo, justicia social, capaz de encauzar los destinos de la nación. Pero este, como noción abstracta, no representaba nada; su comprensión y aplicación por parte de los rebeldes fue lo único que lo convirtió en guía para la acción práctica en el combate contra la tiranía.

En su ideal humanitario se distinguen:

Preceptos generales

• Ajustar a las condiciones concretas de la situación en Cuba, el humanismo contenido en el marxismo leninismo y las experiencias del movimiento revolucionario mundial.
• Continuar el ejemplo humanitario de las fuerzas mambisas y el legado ético de José Martí.
• Orientar y conducir las acciones para evitar excesos y actos violentos innecesarios.
• Elegir los métodos de lucha más adecuados en la dirección y conducción de la guerra.
• Preparar una vanguardia revolucionaria con cuadros y dirigentes dotados de una ética humanitaria.
• Concebir el humanitarismo no como un comportamiento piadoso ni una simple cuestión moral, sino como una conducta útil que ofrece ventajas sobre el enemigo.

Estos preceptos generales tuvieron su repercusión en la práctica combativa y en específico, en el trato dado a los prisioneros de guerra. De ellos, se derivaron preceptos más concretos:

Preceptos específicos:

• Educar a los subordinados en el trato humanitario a los prisioneros de guerra.
• Convertir en orgullo y honor para los combatientes rebeldes, ofrecer un trato con sentido humano a los prisioneros de guerra.
• Enseñar que la ofensa, el maltrato, la vejación o el asesinato de un prisionero de guerra, son actos de cobardía, y en el caso de la guerra en Cuba, una estupidez.
• Exigir que un combatiente revolucionario cumpla su tarea cuando termina el combate y el enemigo se rinde; a partir de ahí, la tarea es de la justicia revolucionaria.
• Aplicar las más severas sanciones a los espías y criminales, incluso el fusilamiento; pero con ese mismo rigor, exigir y ofrecer un trato debido al prisionero de guerra.
• Imprimir serenidad, calma y cordura para actuar humanamente en situaciones difíciles.
• Liberar a los prisioneros de guerra o entregarlos a su mando, cuando las condiciones de la situación lo permitieran.
• Atender las necesidades de los prisioneros de guerra a costa de los abastecimientos propios.
• No detener de manera masiva, innecesaria y prolongada a los prisioneros de guerra.
• Prestar atención médica a los prisioneros de guerra que la necesitaran.
• Usar la fuerza creciente del Ejército Rebelde para combatir al enemigo, no para cometer abusos.
• Informar a los familiares de los soldados detenidos la situación de estos.
• Tratar de forma diferenciada a los oficiales prisioneros de guerra y mantener el mismo grado militar a los que se pasaban voluntariamente al mando rebelde.

La experiencia de un año y cinco meses de guerra en la Sierra Maestra, y los sucesos relacionados con la Ofensiva Final de nuestro Ejército en el verano de 1958,8 le permitieron sintetizar conclusiones teórico prácticas más acabadas acerca del trato a los prisioneros de guerra. En su informe sobre esa ofensiva enemiga, argumentó el porqué las fuerzas revolucionarias no asesinaban y, además, ponían en libertad a los prisioneros de guerra.

Referencias:

1 Heberto Norman Acosta y otros: Diario de la guerra II, Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado de la República de Cuba, La Habana, 2010, p. 275.

2 Tomás Borges Martínez: Fidel Castro, un grano de maíz. Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado de la República de Cuba, La Habana, 1992, p. 17.

3 Entrevista concedida a Regino Díaz, director del periódico mexicano Excelsior, La Habana, 21 y 22 de marzo de 1985.

4 Fidel Castro Ruz: “Mientes Chaviano”, revista Bohemia, 29 de mayo de 1955, No. 22, año 47, p. 57.

5 Frei Betto: Fidel y la Religión, Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado de la República de Cuba, La Habana, 1985, p. 159.

6 Discurso en el acto con motivo del aniversario XX del asalto al cuartel Moncada en Santiago de Cuba, Oriente, 26 de julio de 1973, Ediciones Departamento de Orientación Revolucionaria, 7/1973, p. 9.

7 Ignacio Ramonet: Cien horas con Fidel, Tabloide de Juventud Rebelde, capítulo 9, p.3.

8 La Ofensiva Final, comenzada en mayo de 1958 y culminada el 6 de agosto del propio año con la batalla de Las Mercedes, fue el empeño más serio realizado por el Ejército cubano para derrotar al Ejército Rebelde.

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