Ética y política en José Martí (Parte I)

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jose-marti-luchasPor Armando Hart Dávalos

Me propongo abordar un tema que es cardinal en la cultura cubana y también, desde luego, está relacionado con las apremiantes exigencias del mundo actual. Me refiero a la ética y su relación con la política.

El tema de la ética ha sido durante milenios el tema central de las religiones. Por ello he afirmado que la importancia de la ética para los seres humanos, la necesidad de ella, se confirma por la propia existencia de las religiones.

Su valor y significación son válidos tanto para los creyentes como para los no creyentes. Los creyentes derivan sus principios del dictado divino. Los no creyentes podemos y debemos atribuírselos, en definitiva, a las necesidades de la vida material, de la convivencia entre los seres humanos. La clave se halla en que en nuestro país desde la forja de la cultura nacional no se situó la creencia en Dios en antagonismo con la ciencia, se dejó la cuestión de Dios para una decisión de conciencia individual. Se asumió el movimiento científico moderno sin ponerlo en antagonismo con la creencia en Dios. Ello permitió que la fundamentación ética de raíz cristina se asumiera y se articulara con las ideas científicas lo cual abrió extraordinarias posibilidades en la historia de las ideas cubanas.

Para aquellos que formamos parte de una generación que ya contamos, como nos dicen para halagarnos, con juventud acumulada, y que hemos asumido responsabilidades y hemos tenido una activa participación en la política de la segunda mitad del pasado siglo tenemos la obligación moral de dialogar con los jóvenes. En Caracas, en ocasión del Festival de la Juventud, afirmé que era necesario encontrar un camino para ese diálogo, y que los jóvenes representaban la esperanza del siglo XXI y que, los de nuestra generación, representamos las experiencias del siglo XX. Creo que es imprescindible para Cuba, para América y para el mundo, un diálogo de dos siglos, lo que nosotros traemos de esa etapa vivida y lo que va surgiendo como esperanza hacia el siglo XXI.

Me propongo abordar el tema clave de la ética en tres momentos de nuestro devenir como nación:

— Cómo surgió ese tema en la historia de Cuba, desde los tiempos de Varela, de Luz, de Martí.

— La cuestión ética o moral en la Generación del Centenario desde su surgimiento al enfrentar el golpe de Estado del 10 de marzo de 1952, hasta el año 1961 con la declaración del carácter socialista de la Revolución.

  • Su evolución con posterioridad a la declaración del carácter socialista de la Revolución, es decir, desde 1961 hasta las necesidades y aspiraciones de hoy.

Comencemos por el análisis del primer aspecto, el referido a cómo nació, y sobre qué bases, el tema de la ética en la tradición cubana. Comencemos por los finales del siglo XVIII e inicios del XIX. Es la época del obispo Espada, de José Agustín Caballero, del presbítero Félix Varela y de José de la Luz y Caballero. En ellos está presente el pensamiento de la modernidad europea, y como rasgo singular de nuestra tradición intelectual, no se consideró contradictorio con la creencia en Dios. La modernidad científica cubana nunca se puso en contradicción con la creencia en la existencia de Dios.

De este modo, la ética cristiana, que es una de las bases esenciales de la cultura occidental, se asumió también sin ponerla en antagonismo con la ciencia, marcando una tradición desde fray Bartolomé de Las Casas, el obispo Espada, el presbítero Félix Varela y los que la continuaron. Esto es un milagro. Por eso cuando se habló de canonizar a Varela, yo dije que aquellos que buscaban el milagro de Varela podían considerarnos a nosotros como parte de ese milagro. Esto nos diferencia de lo que ocurrió en Europa. Constituye un rasgo original de la tradición cultural cubana sobre el que debían meditar los cristianos, los católicos.

Además del pensamiento más elaborado de la cultura occidental que llegaba a Cuba, que podemos llamarle de la modernidad europea, existe otra gran corriente del pensamiento ético cubano. Me refiero a lo que he nombrado la cultura Maceo-Grajales. Es una cultura familiar, que tiene a figuras como Antonio Maceo y Mariana Grajales, una cultura de cohesión, que también tiene un pensamiento ético. Y creo que resulta muy útil para facilitar la comprensión de lo que planteamos presentar juntas estas dos definiciones: Una es la que Antonio Maceo recoge en la carta que le dirige al capitán general español Polavieja, precisando su concepto de la ética y que dice: “[…] jamás vacilaré porque mis actos son el resultado, el hecho vivo de mi pensamiento, y yo tengo el valor de lo que pienso, si lo que pienso forma parte de la doctrina moral de mi vida”.

Y en otra parte de la misma carta agrega:

La conformidad de la obra con el pensamiento: he ahí la base de mi conducta, la norma de mi pensamiento, el cumplimiento de mi deber. De este modo cabe que yo sea el primer juez de mis acciones, sirviéndome de criterio racional histórico para apreciarlas, la conciencia de que nada puede disculpar el sacrificio de lo general humano a lo particular”.

Más adelante señala que vislumbraba la realización de ese ideal, casi parecido al ideal de la humanidad, humanizado con los grandes bienes que tiene que realizar en el porvenir. Afirmaba que él no odiaba a nadie ni a nada, pero amaba sobre todo la rectitud de los principios racionales de la vida.

Y la otra definición de ética aparece en el siguiente texto de José de la Luz y Caballero: “Antes quisiera yo ver desplomadas, no digo las instituciones de los hombres, sino las estrellas todas del firmamento, que ver caer del pecho humano el sentimiento de la justicia, ese sol del mundo moral”.

Ambas deben ser estudiadas, y valoradas como corresponde porque provienen de corrientes distintas, de fundamentaciones diferentes. La de Maceo viene de lo que yo llamo cultura inmediatamente popular. Toda la cultura es popular: una más elaborada y otra menos elaborada, o más directa. Y la cultura inmediatamente popular que hay en el Caribe, expresa la forma en que la población explotada y esclava de esta región reelaboró la cultura que le llegó de Europa. La otra definición, la de José de la Luz y Caballero, proviene de la cultura más elaborada, de las capas con mayores recursos económicos, que tuvieron la posibilidad de estudiar. Esa cultura es más conocida y respetada, pero la otra también es importantísima. Esas dos corrientes se unieron y dieron lugar a un nuevo pensamiento. En José Martí, cristalizaron y alcanzaron una plenitud superior como síntesis de una cultura de raíz inmediatamente popular y que, al mismo tiempo, es herencia de la mejor cultura occidental de aquellos tiempos.

Bohemia

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