Esperanza humana

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Por Cristóbal León Campos

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d68fc7608e72e228f7da61a3324e3ebeEl rostro de los niños pierde la inocencia de su espíritu cuando se enfrentan a las condiciones del dolor como son la guerra, el desamor y a la indiferencia, entre otras. La ilusión natural de la infancia es uno de los mayores tesoros de la humanidad, que en muchas veces es poco valorado, nos enseñan a ser adultos para acabar añorando la alegría de los años infantiles. ¿Cuántos niños en el mundo están sufriendo por hambre y violencia? ¿Qué grado de conciencia hemos desarrollado sobre las condiciones de vida de la infancia a nivel mundial? ¿Acaso no podemos velar por el cumplimiento de los derechos humanos elementales para cada niño en el planeta? Mientras las políticas se encaminen a la confrontación y la expansión de los intereses comerciales, la humanidad seguirá pendiendo de un hilo, los padecimientos de la niños son los sufrimientos de toda la especie humana, violencia, hambre, explotación, marginación, discriminación, dolor e inseguridad, hoy la infancia necesita de la solidaridad mundial, el futuro es presente y está en cada uno de los infantes del mundo. ¿Cuánta infancia debemos perder para comprender que todos somos seres humanos?

II

“Y, sin embargo, esta matanza es necesaria”, escribió en su diario Agnès Humbert “La Resistencia”, al referirse a la presencia de aviones ingleses o estadounidenses en el espacio aéreo alemán, particularmente sobre la fábrica de algodón y textiles de Krenfeld en 1942, prisionera política durante la Segunda Guerra Mundial, francesa de origen, se lamenta de la proximidad de combates que constaría la vida a innumerables seres humanos y que desde las condiciones infrahumanas que vivía al fin y al cabo “esta matanza es necesaria”. ¿Puede existir contradicción más profunda? La muerte como esperanza de vida, la sobrevivencia de unos por encima de la muerte de otros, y aquí, no hay flagelo moral, es la condición humana contra sí misma. ¿Cuántas más muerte necesitamos para generar conciencia de que la humanidad está en nuestra manos? La guerra sigue lacerando territorios del mundo, culturas y poblaciones exterminadas, la soberbia como política, ¿Quién puede hablar de superioridad si todos somos humanos?

III

El color de la piel continúa siendo una excusa para que el racismo y la discriminación este presente cotidianamente en nuestras vidas, se habla de igualdad y equidad pero se continua negando el derecho a ser y pensar en la diversidad, sexo, genero, etnia y clase social, estructuras mentales y físicas que atentan contra la vida, condicionan y enjaulan lo que por naturaleza es plural, se habla de inclusión mientras se pierda la dignidad, aquel que levanta la voz para decir “aquí estoy y soy como deseo”, es culpado de transgresor, se le juzga y condena, juicios sumarios, condenas preestablecidas, la humanidad se hace y rehace todos los días, por más leyes que se implementen nunca se podrá regular el principio de libertad que cada ser humano tiene en lo profundo de su ser, libres y dignos hacemos humanidad. ¿Cuánto más racismo y discriminación debemos padecer para entender que todos somos humanos?

IV

Un manto de juicios y prejuicios condicionan el acontecer social, a la mujer que ejerce su libertad se le insulta y denigra, particularmente la libertad sexual, es acosada por hombres hambrientos de hacerla su presa debido a que la consideran fácil, sin importar que estos mismos hombres cuando tienen enfrente a una mujer que pide libertad y ejerce su Ser sin pudores se les acaban las erecciones y los pantalones de macho ensucian, les resulta simple juzgar pero son incapaces de afrontar el reto de respetar y valorar, propios del sistema que los instituye como los fuertes, en manada son implacables, patriarcas con corona de doble moral, pero a la hora de amar sin prejuicios, en libertad y sin pudor, corren asustados o utilizan la violencia para ocultar sus incapacidades, bien ha dicho Eduardo Galeano: “la violencia del hombre es el espejo del miedo del hombre a la mujer sin miedo”. Violentos y miedosos se esconden tras la máscara de un sistema hecho para deshumanizarnos, fragmentarnos y controlarnos. ¿Cuántas más mujeres deben sufrir violencia y discriminación para que al fin reconozcamos que todos somos humanos y debemos vivir en igualdad y libertad?

V

La condiciones de vida cada vez son más extremas, la explotación y pobreza se extienden, se disfrazan y se justifican por discursos ajenos a la humanidad, a diario es posible ver ejércitos de niños y ancianos recorrer largas distancias para trabajar, ya sea en los súper mercados o en las calles, los ancianos extienden el cansancio de sus vidas y la fuerza entregan por migajas, los niños pierden su infancia por tener que ganar algo para comer, ajenos a sus derechos sobreviven como pueden, al mismo tiempo, miles de jóvenes desempleados desperdician su fuerza e intelecto refugiados en el ocio, realidades de un país que camina rumbo a la barranca. Descarado cinismo, el monopolio de la violencia pertenece al Estado, porque la violencia no es únicamente el uso de la fuerza, es también la imposición de condiciones de vida a millones de personas, la estructura política y el control sistémico se refugia con total tranquilidad en un claro ambiente de impunidad. ¿Cuánta más explotación para comprender que todos somos seres humanos?

VI

Hablar que la humanidad enfrenta momentos cruciales no es algo nuevo, sin embrago, pareciera que fuera un tema que poca consciencia ha generado, sigue siendo necesario decirlo y en voz muy alta, los tiempos son como los anteriores pero mucho más agudos, la humanidad se extermina a sí misma, no hay bondad o maldad natural, hay una enorme falta de conciencia de hecho simple y fundamental de que todos y cada uno de nosotros es un ser humano con derecho a la dignidad.

VII

El dar y recibir es un hecho humano, ofrendar desinteresadamente a quien se aprecia es un reflejo del corazón, pero el dar y recibir es también un slogan del consumo y la deshumanización, reducir el afecto a lo material convierte a la bondad en una simple compra-venta, en estas fechas las vitrinas de los comercios ofrecen regalos de todo tipo, se presumen los mejores precios y los más bellos momentos garantizados al poseer alguno de esos objetos que se anuncia, es verdad que a todos nos gusta un gesto, hacerlo como recibirlo, pero ¿quién piensa en los trabajadores que producen las mercancías que consumimos?, ¿en qué condiciones viven y trabajan?, ¿acaso sabemos algo de aquellos que con su esfuerzo generan sonrisas a quien damos una u otra mercancía? Se reparten bonos impunes y además se presumen, pero si un trabajador pide el pago justo de su sueldo y sus prestaciones sociales como el aguinaldo es señalado, es juzgado, lo peor de todo, es que el primer juicio sobre él viene de sus propios compañeros que sí reciben esas prestaciones, ¿por qué unos si y otros no?, dejemos de mirarnos como competencia y miremos como humanos, el dar y recibir es un ejercicio diario, en estas fechas y en todo el año debemos practicar la conciencia para sembrar la esperanza del renacimiento humano.

VIII

El hambre deambula por el mundo, tiene rostro de niño como de adulto, vive entre quiénes muestran mayor dignidad en su existencia, mientras que en los centros de poder regalan bonos envueltos con cinismo. En México hay más de cincuenta millones en pobreza extrema que pasarán estas fechas en la calle con el frío y el hambre como vestimenta, pero arriba, donde habitan los llamados servidores públicos, se estrenan ropajes finos que no cubren su avaricia y deshumanidad, al tiempo en que se regalan canastas llenas de comida, bebida e impunidad.

En navidad se cuentan muchos cuentos, algunos hablan de fantasmas que visitan para despertar el remordimiento y un cambio de actitud en quien actual mal sobre otros, ¿cuántos fantasmas necesitaríamos en México para cambiar a los políticos?, nadie sabe nadie supo, el hecho es muy simple, mientras sigamos esperando lo que jamás llegará por parte de aquellos que en nombre del pueblo se enriquecen, seguiremos padeciendo la impunidad y la injusticia, quizás quien necesite la visita de los fantasmas de la navidad es el mismo pueblo, para desarrollar conciencia de que es él, el mismo pueblo, quien se castiga a sí mismo eligiendo gobernantes corruptos y por demás desvergonzados, mientras no se desarrolle la conciencia de que somos nosotros los encargados de nuestro destino, seguiremos rabiando por los bonos a la impunidad y comiendo en el pesebre de la falsa democracia.

IX

El invierno trae frío y recuerdos, encuentros y reencuentros, brindis y reuniones, entre abrazos se refuerzan los afectos, su signo es para una importante parte del mundo, el signo del amor y la esperanza, reflexión con perspectiva de futuro, pero ahora, ahora mismo en que esto escribo y usted lee, las bombas caen sobre los niños en gran parte del mundo, las banderas de la “democracia” le dicen a países y culturas como ser y actuar, ¿acaso la democracia dejó de ser la voluntad de los pueblos para convertirse en los mandatos de los tiranos y sus imperios?, tristemente la respuesta conocemos, hablan en nombre de la democracia pero destruyen formas diversas del ser humano, culturas perdidas en nombre de la religión, aquel nacimiento que en símbolo ejemplifica la esperanza, es usado para sembrar el dolor y la muerte, y perdonen los puros que lo diga así, pero basta asomarse a la ventana de la realidad y constatar el triste hecho de falta mucho para hablar del renacimiento. Ahora mismo en este inverno que vivimos ¿quién se acuerda de aquellos despojados de sus tierras y exiliados al país de la desgracia?

La esperanza surge por adentro de los seres humanos, es un sentimiento que calcina los deseos, la conciencia se desarrolla del análisis de las circunstancias que los rodea, la unión de la esperanza y la conciencia se manifiesta en los actos diarios, el bien común no es eslogan de campaña, es reflejo de la conciencia esperanzada por el quehacer de los humanos, transformar la realidad amerita el conjunto de las voluntades puestas en acción, si hablamos de esperanza tenemos que hablar de amor, amar a la humanidad es la prueba mayor de nuestra conciencia.

Rebelión

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