Crónica para Lissandra y Cecilia

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Por Alba Márquez Rodríguez

Foto-Ladyrene-PérezCrearles un medio natural en que crezcan física y mentalmente sanos es deber ineludible de los padres, desarrollando su personalidad y adquiriendo hábitos de convivencia en el hogar; donde reciban seguridad y protección, así como  la formación que tanto influye en su vida futura.

Yo atesoro dos pequeñas promesas de futuro, y lo digo con seguridad: Cecilia y Lissandra.

Hace unos años la pequeña Lisy, como le decimos en familia, estaba de visita en mi casa, y tomando un libro que ella conoce muy bien,  me pregunto: ¿Abuela ésta es La Edad de Oro, tú lo compraste?, y al responderle que había sido un regalo,  me preguntó con toda la ingenuidad de sus cinco años: ¿Entonces, Martí te lo regaló?

Lissandra logró emocionarme con su pregunta,  porque la inocencia emociona siempre, también hizo volar la imaginación,  pensando cómo podría haberme sentido yo si el Hombre de la Edad de Oro me hubiese regalado un libro.

Recordé, entonces,  que Cecilia cuando era pequeña  me preguntó cuáles eran las palabras mágicas y yo le respondí: “muchas gracias”, “buenos días”, “con permiso”, “le ofrezco disculpas”... Esas palabras abren las puertas de la gruta, le dije, porque son el Abracadabra de cada día, ese conjuro mágico que utilizábamos mucho antes de las novelas de Harry Potter, y de la cual existen varias versiones de su origen. Ella nunca lo ha olvidado y las utiliza en el momento preciso, sin dudar, sabiendo que encierran magia.

La primera declaración de derechos del niño, de carácter sistemática, fue la Declaración de Ginebra de 1924, que fue aprobada por la Sociedad de Naciones,  el 26 de diciembre de 1924. La Asamblea General de la ONU en 1954, acordó la celebración anual de un Día Internacional de la Infancia, del entendimiento y hermandad entre todos los niños del mundo, en la fecha que cada país decidiera, y Cuba, con la Revolución ya en el poder, escogió el primero de junio como Día Internacional de la Infancia.

Desde el triunfo mismo,  no sólo proclamó el derecho de los niños a una vida sana y plena, sino que garantizó esos derechos, bajo la premisa martiana de que «Los niños nacen para ser felices».

En nuestro país todos los niños tienen asistencia médica de calidad, y ni uno solo queda fuera del sistema de vacunación que lo protege contra muchas enfermedades, al tiempo que existen centenares de instituciones de la salud y personal especializado, que los atiende desde antes de nacer, mientras en gran parte del planeta, enfermedades curables dejan huellas para toda la vida y en innumerables casos terminan, tempranamente, con ella.

Algo realmente aterrador es que los niños trabajen para ganarse el sustento, sean prostituidos y discriminados racialmente, en una época de sus vidas en que deben asistir a las escuelas, donde se fragua el intelecto y tienen garantizada la educación desde preescolar hasta la enseñanza superior.

Por eso estoy segura que Lisandra y Cecilia son  promesas del futuro, porque tienen una familia que les ama  y guía, viven en un país  donde los niños son protegidos por nuestras instituciones y amparados por el Estado. No tengo dudas que ellas son mi mejor regalo.

Radio Cadena Habana

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