El anexionismo no volverá jamás a Cuba (Audio)

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Por Angélica Paredes López

023Fue José Martí quien alertó acerca de los propósitos anexionistas de la potencia estadounidense. Por ello, ferviente independentista, reiteró en innumerables ocasiones la necesidad de lograr la plena libertad de Cuba antes de que los Estados Unidos continuaran su extensión por América, tal y como ocurrió en 1898.

Y es que Martí no vio nunca como opción emancipadora la propuesta anexionista. La realidad impuesta por la intervención con la que los Estados Unidos frustran la independencia de Cuba y se adueñan de Puerto Rico, confirmará luego las previsiones martianas.

Sin embargo, la agresión anexionista estadounidense contra nuestro país, tiene una larga historia; pues mucho antes de que nacieran los padres fundadores de la nacionalidad cubana, antes de que nacieran los hombres que se alzaron con Carlos Manuel de Céspedes en La Demajagua; ya en el norteño país concebían apropiarse de la Isla vecina.

Durante el siglo XIX, las pretensiones de políticos y gobernantes norteamericanos con respecto a Cuba rondaron en torno a la teoría de la “fruta madura”. Según este postulado, al desgajarse de España, la Isla caería inexorablemente en las manos de Estados Unidos.

Tal como lo vislumbrara José Martí, con la “fruta madura” llegó la intervención norteamericana. Lo que ocurrió después, los cubanos lo conocemos bien: la Enmienda Platt; la corrupción y el entreguismo de los gobiernos de turno; las injerencias externas; la dictadura de Fulgencio Batista.

Enmienda Platt

Fue entonces, con el pensamiento martiano asumido por el joven Fidel Castro, que comenzó a despertar una verdadera conciencia contra las garras anexionistas de Washington.

En la actualidad, el anexionismo es un fenómeno nada nuevo que ha de enfrentarse y vigilarse sigilosamente, porque implica un debate por la defensa de nuestra soberanía y nacionalidad.

Nadie puede ser ingenuo. La realidad demuestra que Estados Unidos le ha hecho la guerra a Cuba durante más de medio siglo. Por ello, la historia y la cultura de la nación son espada y escudo frente a los anhelos anexionistas de la superpotencia.

A Estados Unidos le ha dolido siempre que sus pretensiones anexionistas se han frustrado en esta pequeña Isla, donde se impuso la bandera de la estrella solitaria, símbolo de dignidad y autodeterminación.

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