Desde los primeros meses del año pasado, esta tribuna realizaba un paneo sobre las graves consecuencias que han traído consigo las intervenciones militares con fines supuestamente humanitarios. Ahora que la oposición venezolana, articulada bajo la tutela absoluta de Washington, dibuja un nuevo “Día D” (el 23 de febrero) para ingresar la “ayuda humanitaria”, conviene refrescar la memoria y buscar en ejemplos históricos recientes las tragedias sociales que ha dejado a su paso este método de cambio de régimen. Pero sobre todo, y de ahí la vigencia e interés de republicar esta investigación, se hace necesario insistir en los personajes y agendas que han promovido, desde hace algún tiempo, que sobre Venezuela se cierne una amenaza creíble de intervención militar.
En estos momentos en Venezuela se prepara el escenario para una agresión similar a la vivida por Siria, que a pesar de puntuales y marcadas diferencias, en esencia se estructuran de forma similar.
Sabido es que, desde la mítica época del homérico Caballo de Troya, los “cantos de sirenas” de las potencias hegemónicas como los Estados Unidos sólo tienen un objetivo: crear una brecha en las defensas de sus oponentes que les permita poder destruirlos o conquistarlos.
En ese marco, el “estatuto” busca revertir decisiones que fueron tomadas de manera soberana durante los últimos años, haciendo particular énfasis en “reinsertar plenamente al Estado venezolano” en el régimen de la OEA y sus organismos de Derechos Humanos.
En un reciente coloquio entre el presidente norteamericano, Donald Trump, y su asesor en asuntos cubanos, Marco Rubio, se subrayaron los pasos a seguir para no permitir “una nueva Cuba” en el continente, refiriéndose a la Revolución Bolivariana que tiene lugar en Venezuela.
El gobierno legítimo de Venezuela y su presidente constitucional Nicolás Maduro buscan nuevas vías diplomáticas quebrar el acoso sin límites que Estados Unidos y sus acólitos mantienen contra esa nación suramericana para derrocar su proyecto socialista y apoderarse de sus recursos petroleros y minerales.
Estados Unidos, desesperado ante el fracaso de sus intentos por destruir la Revolución Bolivariana, ha nombrado a un payaso como presidente de Venezuela. Equivalente a una declaración de guerra, ha puesto nuestra región a las puertas de un conflicto bélico de grandes proporciones.
“Washington está dispuesto a enviar a sus hijos a morir en una guerra absurda”: Maduro escribe una carta abierta a EE.UU.
En definitiva, “la analista de gestión de patrimonio de Goldman Sachs es solo eso, no es ningún oráculo”, asegura el activista, quien llama a “no permitir” que se destruya el “hermoso país” caribeño “por unos cuantos barriles de alquitrán, que es lo único que les importa”.
Como ocurre con la mayoría de las películas de terror hollywoodenses, cuando piensas que un ente maligno ha sido destruido para siempre, reaparece con mayor vitalidad en las ulteriores partes de las sagas, para causar dolor y muertes al por mayor.