Voces infantiles cantan en una fábrica con #DDHHCuba

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Dazra Novak

Claudia es habanera, tiene 21 años y, ya en su tercer año del Instituto Superior de Arte (ISA), estudia Dirección Coral. Con su voz muy dulce y la sonrisa que siempre la acompaña en su trato con los demás, va saludando a los padres mientras me guía hasta el salón de la FAC donde dará las clases. Los niños la reciben saltando sobre ella, abrazándola porque la han extrañado mucho después de esa semana que pasó lejos, en Bayamo, participando en la Fiesta de la Cubanía.

Asisto a la primera parte de la clase y me asombra la atención que prestan todos, formando un semicírculo junto al piano, para escuchar a la profe decir cosas como, “imaginen que de la boca, en lugar de salir sonidos, salen colores, salen dibujos. Yo no estoy cantando, estoy dibujando”. Ele Valdés también los acompaña, canta, ensaya, repiten todos juntos hasta que salga bien ese pedacito de canción. Aprovecho la hora de la merienda, que es también la hora de la limonada que nos brinda Ele, para preguntarle a Claudia cómo empezó todo para ella:

“Empecé cantando en un coro, a los seis años. Ese fue el primer choque con la música y fue cantando a voces, en un proyecto del Coro Nacional Infantil. Luego entré en la escuela de música, en quinto grado. Esta es la carrera con la que mejor me siento.” ¿Y qué tiempo llevas haciendo este tipo de trabajo? “Con el grupo de niños de estos barrios vengo trabajando desde julio y es la primera vez, pero mi experiencia suma ya cinco años de trabajo con coros infantiles, estos últimos sí pertenecen a escuelas de música.”

“La mayoría de los niños de este coro son de aquí del Fanguito y no habían tenido antes encuentro alguno con la música o el arte en general. La selección se hizo a partir de un proyecto que presentó Ele, aquí en la comunidad, para trabajar primeramente artes visuales, mayormente pintura, música, danza y teatro. Empezaron siendo como talleres de verano que funcionarían en el período vacacional. De ellos quedó funcionando de manera permanente este, llamado Coro Infantil de la Fábrica de Arte.”

“Entre Ele y yo hicimos una serie de pruebas donde medíamos la musicalidad, el ritmo y sobre todo la afinación. El único requisito era que supieran leer, puesto que es más fácil, ya que no podemos darles partituras para que lean, por lo menos que sí puedan leer el texto de las canciones. Quiero hacer nuevas convocatorias, porque tengo muy pocos varones.”

¿Tienen pensado involucrarlos en un proyecto más adelante, digamos, presentarlos en algún lugar? “Sí, ya nos hemos presentado dos veces aquí, en el espacio de la FAC. El proyecto nació en julio de este año y en agosto tuvimos la primera presentación, como un miniconcierto, que hicimos para los niños de la localidad y de otras zonas cercanas. Fue un domingo a las once de la manaña, donde también compartimos el espacio con payasos. Fue la primera experiencia sobre un escenario.”

“Estaban muy nerviosos, por eso primero tuvimos una charla y dijimos, cero miedo, cero pena, vamos a quitarnos el personaje que tenemos a diario en la casa y ahora vamos a ser los verdaderos músicos que somos. Lo disfrutaron, con mucho nervio, pero fue bonito. El trabajo con estos niños que viven en zonas socialmente complejas es algo que me interesa mucho, parte de mi tesis de graduación quiero enfocarla en ese sentido.”

“Es increíble la química, la magia que se crea aquí con ellos, que son niños de muy diferentes estratos sociales y jamás pensaron en coincidir, tanto por las edades como por los lugares donde viven, por la manera de relacionarse los padres de ellos. En las vacaciones tratamos de no solo quedarnos aquí, sino que asistimos a museos, fuimos a presentaciones de La Colmenita, compartimos con esos niños también.”

¿Y has notado alguna diferencia en ellos, desde que empezaron hasta la fecha? “Sí, ha habido diferencias. La sensibilidad, por ejemplo, son niños que creo que han cambiado la forma de proyectarse ante un maestro, ante sus mismos compañeros, estoy tratando de que sea, no un taller puramente musical, sino un espacio donde podamos compartir imágenes, experiencias, de manera que ellos puedan sentirse lo más en casa posible.”

¿Crees que esto les cambiará su manera de mirar hacia el destino personal? “Espero que sí. Tengo una niña que, hace como dos semanas, me dijo, profe, cuando sea grande quiero ser como usted, quiero ser una maestra de música. Y eso a mí me ha dejado muy emocionada, porque es como si fueran mis hijos. Recién estuve una semana fuera de la provincia sin poder darles clases y los extrañé mucho. Los padres reaccionan muy bien, tienen plena confianza en mí y, la verdad, me han apoyado al ciento por ciento.”

La música es mucho más que un entretenimiento o que un alimento espiritual, más para ti, que por la calle te encuentras a niños a los que diste clases o todavía les estás enseñando. Si yo te pidiera una palabra para eso que te hacen sentir cuando los encuentras, ¿cuál sería? “Alegría, porque hasta sintiéndome mal, con problemas, hasta con alguien fallecido en mi familia, llegar aquí es como estar fuera de la realidad, totalmente fuera de lo cotidiano. Es algo maravilloso.”

Tomado del Sitio Cuba Ahora

http://www.cubahora.cu/blogs/una-palabra/voces-infantiles-cantan-en-una-fabrica

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1 Comentario

RafaelDaemon dijo:

Basta ya del injusto acedio del imperio a nuestra economia segun encuestas realizadas en un chat cubano indica que la corrupcion en cuba es debido a la economia. Yo soy RafaelDaemon y este es mi correo rafaelperez@nauta.cu

22 noviembre 2014 | 07:20 pm