Pregunta cubana en la Casa Blanca que le dio la vuelta al mundo

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Autor: Sergio Alejandro Gómez, enviado especial | internacionales@granma.cu

22 de mayo de 2015

WASHINGTON.—Una placa de metal grabada con letras negras indica el medio al que pertenecen los 49 asientos del salón de prensa de la Casa Blanca. En las primeras filas están AP, CBS, Washington Post y The New York Times; en el fondo hay un puesto a nombre de Talk Radio, una pequeña compañía enfocada en las redes sociales.

Los periodistas del frente no levantan la mano, los del fondo sí. En Washington hay muchas leyes que no están escritas pero todo el mundo las tiene que cumplir, incluso una decena de periodistas cubanos con 11 millones de preguntas.

Ninguno de nosotros había entrado antes; de hecho, resulta difícil recordar algún periodista de los medios cubanos que haya traspasado las rejas de la Casa Blanca en las últimas décadas. Sin embargo, todos reconocimos el tono azul, la bandera y el logo de White House que ha servido de fondo a mentiras colosales como la presencia de armas de destrucción masiva en Iraq o la declaración de los últimos conflictos estadounidenses.

Richard Nixon decidió construir este salón en el lugar donde estaba la piscina ante la avalancha de reporteros que cubrían la Casa Blanca a finales de la década del 60, en plena guerra de Vietnam. El principal periódico de la capital le pagó con una cobertura del escándalo Wa­tergate que ayudó a sacarlo de la Oficina Oval. Era el comienzo del fin de una etapa del mejor periodismo norteamericano.

Entrar no fue tan difícil como uno podría suponer para la delegación de un país que aún aparece formalmente en la categoría de “enemigo” de Estados Unidos. La lluvia y el frío re­pentino fueron más severos que las medidas de seguridad, similares a la de cualquier aeropuerto.

Ahora, no caben dudas de que la escena se­ría impensable un día antes del 17 de di­ciem­bre del año pasado.

Igual cualquiera puede llegar hasta las rejas de la Casa Blanca caminando por la Avenida Pennsylvania sin notar la presencia del Ser­vicio Secreto. Para los más de 300 millones de habitantes de este imperio parece ser un consuelo poder casi tocar la puerta de su presidente, aunque este nunca responda.

La ilusión es un arte en este país y eso ya lo había comprobado antes. Por un “error de procedimiento” nos quedamos sin preguntar en la rueda de prensa de la segunda ronda de conversaciones de febrero en el De­parta­men­to de Estado. No habíamos solicitado la palabra en la mañana y sencillamente fuimos ignorados.

En La Habana, un mes antes, dos centenares de periodistas norteamericanos recibieron su acreditación y más de una docena pudieron hacerle preguntas directas a Josefina Vi­dal, la jefa de la delegación cubana.

Ayer estuvimos a punto de repetir la historia de febrero. Durante una hora escuchamos al vocero de la Casa Blanca, Josh Earnest, hablar del Estado Islámico y confesar su desconocimiento sobre Túnez, cuyo presidente estaba ese día de visita en Washington.

Tras varias decenas de intervenciones, Oliver Knox, corresponsal político de Yahoo News, recibió la palabra y le recordó a Earnest nuestra presencia en el lugar. “Cuándo fue la última vez que un vocero estadounidense respondió una pregunta de un periodista cubano”, le dijo.

Cristina Escobar, periodista de la Televisión Cubana, en conferen-cia de prensa en la Casa Blanca.

El vocero, que seguramente estaba listo para dejar pasar el tema, nos saludó con un “Bienvenidos a los Estados Unidos y la Casa Blanca” y nos abrió una puerta.

“Soy de la televisión cubana”, inició Cristina Escobar, la joven periodista y presentadora del Sistema Informativo que ocupaba el asiento en la sexta fila de Salem Radio, cuyo corresponsal no asistió ese día.
¿Está la administración de Barack Obama comprometida con un cambio en el comportamiento de los funcionarios de la futura Embajada en La Habana; se mantendrán los programas de cambio de régimen que se promueven en la actual Sección de Intereses o se respetarán las leyes de Cuba?, dijo Cristina, quien añadió otra pregunta sobre si el presidente estaba comprometido a usar sus prerrogativas ejecutivas para continuar expandiendo los vínculos con nuestro país.

Las respuestas de Earnes fueron la típica cortina de humo. Repetir la posición oficial y dejar colar la frase que ha marcado esta etapa del proceso: “EE.UU. cambia sus métodos pero no sus objetivos”. Incluso se permitió algunas licencias y habló del “tipo de cambio que nos gustaría ver en Cuba”.

Cristina replicó cuestionando si al menos la actual administración se planteaba declarar de forma más abierta las intenciones de esos planes y lanzó luego la pregunta que más repercusión mediática ha tenido: ¿Piensa Obama visitar Cuba antes de terminar su mandato?

Earnest no dijo mucho más en el primer asunto, pero aseguró respecto al segundo que estaba seguro de que al presidente “le daría mucho placer la oportunidad de visitar la isla de Cuba”, pero se cuidó de hablar de fechas.

“Soy un hombre bastante joven, así que imagino que en algún momento de mi vida tendré la oportunidad de visitar Cuba”, dijo el propio Obama meses atrás ante una pregunta similar.

“El acto no tenía nada de extraordinario, pero quien hacia la pregunta y quien daba la respuesta sí”, escribió uno de los cientos de medios estadounidenses que publicó la historia de periodistas cubanos en la Casa Blanca.

Es cierto que la escena era impensable un día antes del 17 de diciembre pasado, pero la relación entre La Habana y Wa­shington es aún tan complicada, que una pregunta cubana en la Casa Blanca es capaz de darle la vuelta al mundo.

(Tomado de Granma)

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