Mafia anticubana presiona a Trump para romper relaciones con Cuba

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Por Redacción de Razones de Cuba

Recientemente se denunciaron públicamente las actividades desarrolladas por la abogada estadounidense Kimberley Motley, quien escondía la intención de participar en un show mediático de conjunto con elementos contrarrevolucionarios, pues como se informó, entró a Cuba con una licencia cultural.

Este nuevo plan, gestado por la mafia anticubana, tenía como objetivo presentarle pruebas al próximo inquilino de la Casa Blanca, Donald Trump, para inducirlo a romper las relaciones con Cuba.

Al no ser juzgada por las autoridades cubanas, dada la vasta experiencia que tienen en ese tipo de provocaciones, Kimberley Motley fue devuelta rápidamente a Estados Unidos, y la mafia perdió la oportunidad de presionar a Trump, pues el plan de la “destacada abogada tras las rejas en Cuba”, no dio resultado.

Como parte de sus actividades en La Habana, Motley según refiere la campaña de prensa a partir de su retención temporal y posterior reembarque, debía supuestamente defender al artista Danilo Maldonado (quien está al servicio de la mafia anticubana), un hecho que tal y como conocen los abogados, podría ser risible, pues no puede ejercer su profesión fuera de su país.

Si el hecho hubiese ocurrido en Estados Unidos, Motley sería llevada directamente a la Corte de Justicia para ser juzgada, de lo contrario la conducirían a un centro de detención para inmigrantes.

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Kimberley Motley

La evidencia de que los ultraderechisistas miamenses estaban detrás de tal provocación, fueron las declaraciones en la rueda de prensa del pasado 18 de diciembre.

Abiertamente Ileana Ros-Lehtinen y Mario Díaz-Balart, en compañía del ex congresista Lincoln Díaz-Balart, expresaron: “Esperamos que las concesiones unilaterales de la Casa Blanca al gobierno de Raúl Castro, lleguen a su fin cuando Donald Trump asuma el poder el 20 de enero próximo”.

También hicieron alusión a las trilladas frases del “aumento de la represión y la violación de los derechos humanos en Cuba”.

Para lograr su objetivo, Ileana Ros-Lehtinen y Mario Díaz-Balart, tenían que presentar a Obama como aliado de Cuba. ¿Será realmente? Si estas declaraciones fueran ciertas, Obama habría empleado y agotado sus facultades ejecutivas para desmantelar el bloqueo, hubiese devuelto a Cuba el territorio donde se ubica la Base Naval, podría cortar el financiamiento hacia la contrarrevolución, y evitar las transmisiones de Radio y TV Martí.

A opinión de Ileana Ros Lehtinen, estos dos años de “concesiones” en la política hacia Cuba, “han servido solamente para empeorar la situación en que viven 11 millones de cubanos, pero eso va a cambiar muy pronto, porque el presidente Donald Trump, ha dicho múltiples veces, antes y después de las elecciones, que va a cambiar la política y exigirle concesiones a Castro”.

Finalmente se lamentaron de “la asistencia otorgada por Obama al régimen de Castro, con el propósito de tratar de ayudar a ese régimen”.

Por su parte, Lincoln Díaz-Balart afirmó: “Tenemos que estar felices entre muchas cosas porque Obama fracasó al intentar por todos los medios consolidar a la tiranía de los Castro, porque la ley sigue en pie (Ley Helms-Burton), y exige tres condiciones para que se pueda ayudar económicamente a cualquier gobierno cubano: la liberación de todos los presos políticos sin excepciones, la legalización de todos los partidos políticos, de los sindicatos obreros y de la prensa independiente y la convocatoria de elecciones partidistas”.

Solo que estas personas no tuvieron en cuenta el hecho de que Obama reconoció públicamente que esa política hostil empleada durante 60 años, no ha tenido resultados satisfactorios. Las acciones terroristas, la guerra económica y las agresiones mediáticas, solo provocaron el aislamiento de Estados Unidos.

Esta presión a Donald Trump no fructificó, pero no será la única. Solo le queda valorar cómo asumirá las relaciones con la mayor de las Antillas una vez que llegue a la Casa Blanca.

Cuba, como se ha expresado con anterioridad, mantiene la voluntad de continuar con el proceso hacia la normalización de relaciones bilaterales y la esperanza de que el electo presidente tenga en cuenta los avances luego del 17 de diciembre de 2014.

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