Internet: escenario en disputa

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¿Qué es Internet sino la realidad? Quizás no es tan real como quisiesen algunos o como pueden hoy las nuevas tecnologías, pero es una extensión simbólica de nuestras vidas. Allí, en el ciberespacio, nos representamos tal cual somos, decimos lo que pensamos, sentimos o hacemos. Los que podemos conectarnos con frecuencia –por privilegios laborales o estudiantiles– nos mostramos en la web mediante blogs, cuentas en Facebook, Twitter, Badoo o cualquier otra red social presente en la web.

Como todo espacio de la vida cotidiana, Internet no está exento de conflictos. Relaciones de poder, supremacía de ideologías, movimientos de emancipación, plusvalía… Por eso, por ser un nuevo escenario donde los círculos de poder económicos, políticos, culturales y hasta militares quieren ejercer su dominio –y de hecho lo ejercen–, los revolucionarios, activistas y agitadores de izquierda han, o mejor dicho, hemos decidido llevar las huelgas, las barricadas, las guerrillas, las marchas, las protestas y los boletines a la web. De ahí que algunos hayamos devenido en ciberrevolucionarios, ciberactivistas o ciberagitadores como dice el español Paco Arnau, de Izquierda Unida.

Un grupo de estos revolucionarios y militantes que han decidido manifestarse también en la web se dieron cita en La Habana para participar en el II Taller Internacional “Las redes sociales y los medios alternativos, nuevos escenarios de la comunicación política en el ámbito digital”.

Los dos días de sesiones se caracterizaron por el intercambio ameno y fluido de ponentes y participantes de diversas latitudes. Por ejemplo, Pascual Serrano, periodista español fundador de Rebelión, alertó que algunos fenómenos, como la formación política, no se resuelven en las redes sociales. Convidó a los presentes a no quedarse en “la utopía de los manifiestos digitales y las recogidas de firmas en la red” y utilizó una frase que, en mi modesta opinión, es muy oportuna: “Estos no son tiempos de hastags, sino de barricadas”. Y es que si bien es necesario estar en Internet para no dejar ese espacio en manos de los otros, tampoco podemos renunciar a la lucha en las calles, esa que tanta sangre ha costado y esa a la que tanto le temen los capitalistas.

Para sugerir que la lucha no debe ser solamente virtual, Serrano bromeó diciendo que “Fidel Castro no desembarcó desde un ciberGranma”. En contraposición a esta idea, hace pocas semanas en La Habana, Ignacio Ramonet afirmó que si José Martí hubiese nacido en estos tiempos hubiese sido bloguero. Al final, ambos intelectuales lo que defienden es que la lucha tiene que ser tanto en las redes como en las calles.

Por su parte, el periodista cubano y profesor universitario Raúl Garcés insistió en que no hacen falta fortunas para hacer comunicación, que es imprescindible aprovechar “la oportunidad” y que tomarnos el trabajo de “planificar las acciones de comunicación” no es para nada un criterio desacertado. También insistió en la capacidad de Cuba, pese a sus condiciones tecnológicas, para articular política, cultura e ideología. Invitó, para el próximo Taller, a trabajar por comisiones y avanzar con un sentido más propositivo. En el segundo día de sesiones, llamó a “una ofensiva comunicacional” desde la izquierda.

Rosa Miriam Elizalde, editora de Cubadebate, en su posición de panelista dijo que en el ciberespacio el único país soberano es Estados Unidos. Ellos tienen 10 de los 13 servidores centrales, el resto de los países somos dependientes. También mencionó algunos puntos en los que habría que insistir para revertir esta situación. Entre ellos la regionalización, el pensamiento crítico, las alternativas que representan el software y el hardware libre, la necesidad de crear y repatriar contenidos, insistir en un sistema de energía renovable, crear redes de observatorios, entre otros. Culminó su ponencia estableciendo una comparación entre Internet y un árbol, donde somos las ramas y las hojas atados a un tronco común que parte de unas fuertes raíces, que son la base de Internet, y que están en los Estados Unidos. En relación con la juventud, afirmó: “No convirtamos a los jóvenes en enemigos. Es la primera vez en la historia que ellos saben más que los maestros que enseñan”.

Javier Couso –hermano  de José Couso, quien fue asesinado el 8 de abril de 2003 en Bagdad, por un carro de combate estadounidense que arremetió contra el hotel “Palestine” donde se alojaban los periodistas– se refirió a los videojuegos como una de las armas más poderosas para la transmisión de la ideología dominante; Javier insistió en asumirlos ideológicamente como una estrategia de contraataque cultural. Además contó que defender a Cuba en la red es “un lío que suele traer beneficios. He perdido 200 seguidores en un día por twittear algo relacionado con Cuba, y horas después he ganado nuevos 400 seguidores”.

Sobre las facilidades de las redes sociales, el bloguero brasileño Sergio Bertoni –coordinador de la red Blogoosfero, una plataforma para blogueros en código abierto  que busca dotar a sus usuarios de seguridad e independencia tecnológica, y convertirse en un paso hacia las llamadas redes federadas que caracterizarán la web 3.0– explicó que para él Facebook es para la publicidad y Twitter para las noticias. Extrapoló el lema del MST (Movimiento de los Sin Tierras en Brasil) hacia la web: “Necesitamos ocupar la web, resistir en ella y producir nuestros propios espacios, tecnologías y contenidos”.

En un momento del plenario, para satisfacción de los asistentes, el anterior Ministro de Cultura Abel Prieto, se dirigió hacia los activistas, blogueros, revolucionarios de izquierda que teníamos “la responsabilidad de producir el pensamiento alternativo”. Refiriéndose a la obligada síntesis que nos exigen los mensajes en Twitter o Facebook, nos invitó a aceptar el reto. Dijo en un tono humorístico que si lo comparamos con “El Capital”, el Manifiesto Comunista había sido en su época como un Twitter que había logrado tremendo impacto.

El intercambio, en mi opinión, dejó saldos positivos para los participantes cubanos, sobre todo para los más jóvenes, algunos estudiantes y profesores de diversas universidades.

Lo primero es que Twitter, caracterizada por la inmediatez, es una red social donde la repetición de ideas no funciona. Te seguirán por tu originalidad y no por tus “retwitts”. Las consignas no aportan nada, te hacen perder seguidores. Tampoco funcionan los perfiles anónimos. Las redes funcionan con personas de carne y hueso, con caras, nombres e historias reales que contar. Las cuentas fantasmas son un recurso numérico inventado por “los malos” para disponer y manipular sus estadísticas de posicionamiento. Nosotros pudiésemos no seguirles el juego y articular redes fuertes basadas en la transparencia y la honestidad.

Las ciberguerrillas son iniciativas necesarias para enfrentar políticas informativas hegemónicas y de dominación, pero al ser iniciativas no se pueden dirigir como un ejército guerrillero ni tampoco cuantificar para medir su efectividad. Hay que aprovechar aquellas que surgen de forma espontánea y articularlas con las que desarrollamos de manera intencional. Lo ideal sería, desde la izquierda, ir facilitando la articulación de movimientos integracionistas, de ciberactivistas, para ir construyendo entre todas y todos una agenda común, pensada con “los más” y para el bien de “los más”. Internet es un espacio en disputa que debemos arrebatar a “los menos” para socializarlo, como dice Tony Ávila, en el mundo de los más.

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