#Fidel en tres tiempos

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Por Susana Gómes Bugallo

El cuerpo atlético y el verbo ágil debieron causar más de un desvelo. Porque el joven Fidel no pasaba inadvertido. No podía. Nunca el fuego y la pasión hechos persona saben esconderse ante la humanidad. Y llegado el momento y el lugar, cobran la dimensión de lo inconmensurable y se elevan hasta el sitio desde donde se convoca a la batalla infinita: la de la libertad perfecta y el amor sin límites.

Y ese momento y ese lugar fueron para el líder sin par los aires de la Universidad de La Habana (UH), casi destinados para que despegaran los pulmones de la Revolución. Allí, entre fervores y rebeldías se armó la Patria de hoy. También conquistó corazones y encendió con su alma de luz la llama que yacía en cada joven con ímpetu auténtico.

Y la encestó como canasta imperecedera para ganar sin discusión el partido más decisivo de la serie de la historia. Con su estrategia de jugador de los más hábiles, diseñó el triunfo del equipo más necesario. Trazó una táctica inviolable: ser un verdadero joven o no existir.

Ese legado de luz ha acompañado el enigma que hace inexorable la historia de la Universidad de La Habana con Fidel. Además de todo lo que se recuerda de esos años de despegue del líder de la Revolución, otras sagas acompañan su relación mágica con la Colina.

De entre todos los episodios inolvidables, dos signan el acontecer de los últimos años. La Escalinata ha sido el imán para atraer la buena suerte de tener a Fidel entre las multitudes. Uno de ellos ocurrió en su Aula Magna el 17 de noviembre de 2005, cuando el eterno universitario pronunció uno de sus más significativos discursos, legado para siempre a la juventud de todos los tiempos.

De ese momento, Elier Ramírez Cañedo, hoy destacado historiador y en ese entonces presidente de la FEU del centro, recuerda cómo corrió desde la Escalinata, luego de haber pronunciado sus palabras por el Día Internacional del Estudiante, para tratar de ubicarse bien en el Aula Magna.

Pero no lo logró y tuvo que conformarse con escuchar desde el segundo balcón, aunque por fortuna al menos pudo estar dentro del colmado recinto, pues cientos de estudiantes tuvieron que arreglárselas con las pantallas gigantes colocadas en la Plaza Ignacio Agramonte, rememora Elier.

«Caímos en su magia natural, en esa capacidad especial que tiene de movilizarnos. Fidel nos ofreció un programa, delineó los retos presentes y futuros de la Revolución y de la humanidad. Sus palabras marcaron un antes y un después de la Revolución, una nueva etapa en la que mirarnos hacia adentro se convirtió en tarea principal que tuvo continuidad en los discursos de Raúl», apunta.

Y se centra en una expresión que cree que marcó a toda una generación de jóvenes revolucionarios. «Fidel dejó claro que el imperialismo no podría destruirnos, que solo podríamos destruirnos nosotros mismos si no erradicábamos ciertos vicios», destaca, y piensa que, aunque en aquel momento los jóvenes reunidos allí no supieron responder a su pregunta sobre si la Revolución podía ser reversible, hasta hoy no han dejado de pensar en ello ni un minuto, ni de actuar desde su trinchera para que ello no ocurra.

El discurso fue también combustible extra para lo que hacía la FEU de la UH en ese entonces. Cuenta Elier que comenzaba la Revolución Energética y ellos desempeñaron un papel muy importante en esa misión estratégica. «Lo hicimos con pasión especial, porque era la palabra empeñada con Fidel y porque habíamos tenido el privilegio de haber sido convocados directamente por él», explica.

«Cada vez comprendo más la vigencia de sus palabras el 17 de noviembre de 2005. Mucho más después de los anuncios del 17 de diciembre de 2014. Nuestras capacidades internas están sometidas a su prueba más difícil en 50 años. El imperialismo ha comprendido que desde fuera es imposible destruir la Revolución, que solo es posible desde adentro y pretende “ayudarnos” para que lo hagamos nosotros.

«Es imprescindible barrer aquellos vicios que denunciaba Fidel en su magistral discurso y que constituyen los principales aliados con los que cuentan quienes nos enfrentan. Tenemos innumerables fortalezas, y el Fidel que hace 70 años entró en la Universidad de La Habana se ha vuelto millones. Confío en que por muy difíciles que sean las circunstancias, ese Fidel que llevamos dentro nos hará victoriosos. Los Cinco constituyen el más elocuente ejemplo de ello para las nuevas generaciones», concluye Elier.

Retorno

Ha pasado el tiempo. Cinco años han transcurrido desde que el discurso del Aula Magna se convirtiera en historia. Es 3 de septiembre de 2010 y la Escalinata quiere reventarse de tanto joven que le ha nacido en su vientre. Más de 50 000 esperan el retorno del eterno universitario.

Y él llega y habla de todo lo que le regaló la juventud, la etapa en la que descubrió su verdadero destino. Rememora cuánto acontecía en esa época y las batallas de él y los suyos. Mira entonces a las luchas actuales y señala como única alternativa posible la distribución justa de las riquezas materiales y espirituales creadas por el desarrollo de las fuerzas productivas.

En ese momento, Indira Bejerano Cepero es organizadora de la FEU en la UH. Ha pasado la noche en vela preparando condiciones para el momento. Junto con otro grupo de jóvenes custodió la Escalinata durante la madrugada y no estará presente durante el discurso. Dos meses después tendrá una oportunidad única.

Celebrar los cinco años de noviembre del 2005 es el propósito de quienes se han reunido en el Palacio de Convenciones ese 17 de noviembre. Y de entre los cinco jóvenes que propusieron al líder tal conmemoración, le acaban de decir a Indira que ella, junto a Henry Lorenzo, presidente de la FEU en la UH, le entregará a Fidel el cuadro donde se mezcla su imagen con la de la Escalinata y aparecen las palabras «Aquí me hice revolucionario».

«Decirlo ahora parece lo más natural del mundo, pero en ese momento era como un sueño. La entrega del cuadro era un reconocimiento a nombre de la FEU de la UH, muestra del ejemplo que representa para nuestra generación», alude.

«No recuerdo por dónde iba caminando ni con quién más estaba conversando; mi mente se enfocó en determinar cuál sería mi reacción cuando estuviera frente a Fidel, ese hombre al que veía tan inalcanzable», confiesa.

Lo demás es parte de un ensueño que se adueñó de los recuerdos. Al lado de Fidel, las sensaciones se quedaron sin descripción. Los nervios se apoderaron de Indira y el resto fue respeto, mucho respeto de mirarlo. Él preguntó qué estudiaba, y ella respondió que Sociología. Dice que los temblores no la abandonaron hasta horas después.

«A partir de ese momento, no escuché con claridad las demás intervenciones. El único pensamiento que pasaba por mi cabeza era que había compartido al menos dos palabras con Fidel Castro Ruz, uno de los hombres más relevantes del mundo, una de las mentes más brillantes del siglo XX y, para mí, de la historia de la humanidad», describe.

«Resumir el significado de ese encuentro es complejo, casi imposible. El primer sentimiento que aflora es la cubanía. Después vino a mi mente que lo vivido era mejor que plantar un árbol o escribir un libro. Tenía algo relevante que contar a mis hijos, una huella que había dejado. Pensé en mis padres y en lo orgullosos que estarían de mí.

«Sé que para los que estábamos allí el encuentro significó la reafirmación de que ese era el camino», dice, y revela que pretende que ese día se convierta en patrimonio familiar para sus generaciones futuras. «Ojalá cada cubano tuviera la oportunidad de conocerlo personalmente», sella Indira.

De corazón para Fidel

Desde enero en la UH solo se respira Fidel. Desde el 26 de enero de 2015 la Universidad anda aun más de corazón. Ese día extraordinario, ante los Cinco Héroes, se leyó el mensaje de Fidel a sus compañeros universitarios y comenzaron las actividades de la jornada Fidel de Corazón, que llegará hasta el próximo diciembre y ha tenido momentos cumbres, como la creación del Destacamento 70 aniversario. Este grupo marchó a siete provincias e intercambió con las personas de esos lugares. También ascendieron el Pico Turquino. Todo como homenaje a los 70 años del ingreso del líder a la Colina.

Además de las actividades de este 4 de septiembre, en la UH se celebrarán diez años del histórico discurso de noviembre de 2005, y 21 del abrazo entre Chávez y Fidel. El presidente de la Facultad de Derecho, Erick Machado Cerver, comenta a JR que cada facultad ha organizado iniciativas, entre las que se cuenta la peña Aquí me hago revolucionario. También tienen el compromiso de llegar a 70 donaciones de sangre, cuenta.

«Para cualquier estudiante de la Universidad de La Habana, estudiar aquí ya es un orgullo por la historia de este centro. En la Facultad de Derecho nos sentimos doblemente motivados. A los de primer ingreso siempre se les recalca que en nuestras aulas, nuestra biblioteca, nuestra sala de conferencias, en las mismas sillas donde nos sentamos, estudió Fidel Castro. Eso logra un estado de ánimo especial en los estudiantes, al saber que están donde se construyó parte de la historia de Cuba.

«Cuanto homenaje realicemos a Fidel será poco. Esta jornada es el primer momento de una jornada infinita; a la Universidad debemos el compromiso de continuar haciendo la revolución que aquí se fundó», dice Erick.

Y así aún anda Fidel por su Universidad, haciéndola suya y de cada joven, dotándola del espíritu inacabable de la rebeldía.

Tomado de Juventud Rebelde

http://www.juventudrebelde.cu/cuba/2015-09-03/fidel-en-tres-tiempos/

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