En busca de un sueño (II)

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Contra todos los vaticinios de profesores y educadores, Diana se ha convertido en la participante más entusiasta del taller. Tanto, que cuando los oordinadores
propusieron conversar sobre la vida en sus barrios, ella pidió ser escuchada como la primera y fue la más decidida a la hora de contar el porqué de su permanencia en la EFI.

“Lo más duro es que ellos reconocen la gravedad de los delitos cometidos —explica Sixela Ametller, estudiante de Comunicación Social—, pero no saben cómo salirse de ese mundo. Cuando me contaron sus historias me sentí como si hubiese escapado de una burbuja, no tenía idea de que pudieran pasar tales cosas a mi alrededor. Escuchar a esos muchachos ratificó mis ganas de servir como puente para que recuperaran la confianza en sí mismos y se sintieran tan útiles como cualquier otro joven cubano”.

Y es que saberse protagonista de una historia la motivó a redescubrir las múltiples caras del amor. Compartir con aquellos soñadores que más que saberes habían dejado un pedacito de sus vidas en cada dibujo, en cada poema, en cada flor; hizo de Diana una mejor persona y la enseñó a luchar por construirse su propio futuro.

Tesoros inolvidables

Cuatro papelógrafos garabateados con figuritas rojas, verdes y azules adornan el piso del aula. Sobre ellos, 16 adolescentes intentan condensar en palabras los sentimientos compartidos en dos semanas de taller.

De acuerdo con la diversidad de ideas, hay variedad de diseños. Karen pinta de un lado caritas sonrientes, y del otro, tristes. Estos dibujos anuncian aspectos positivos y negativos a evaluar en una suerte de propuesta colectiva.

La muñequita alegre recuerda los mejores momentos: “Durante el taller no discutimos, nos respetamos, nos conocimos mejor, aprendimos a convivir en un grupo, nos quisimos como verdaderos amigos, construimos una gran familia, bailamos, nos reímos y nos emocionamos con cosas que antes creíamos ‘cheas’ o poco importantes”.

Por su parte, el niño bravo muestra los obstáculos a superar: “En ocasiones no podíamos escucharnos bien porque hablábamos todos a la vez, no pedíamos la palabra, nos distraíamos fácilmente y al principio tuvimos algunas discrepancias”.

Pero el papelógrafo que más le gusta a Karen es el que recoge el tesoro que cada cual guarda dentro de sí, ese que ayudará a la memoria a no olvidar nunca las sensaciones experimentadas en el taller: “Las tres veces que cantamos abrazados en círculo la canción de Mucho Ruido, la realización de un noticiero de nuestra escuela, los cariñitos, besos colectivos y el regalo espiritual acompañado de las mejores cualidades que nos identifican”.

Se ha acabado el espacio para escribir, alguien sugiere mostrarles a los trabajadores de la escuela una vez más lo mucho que han aprendido con las herramientas de la Educación Popular. Karen propone devolver la iniciativa de forma creativa: una dramatización de los instantes más felices en el taller sobre Periodismo.

Esa es la oportunidad perfecta que encuentran los “profes” para expresar lo orgullosos que se sienten del alumnado y así reconocerles sus potencialidades, las cuales pueden ser explotadas al máximo con un trabajo sistemático promovido por la propia escuela.

“Este taller los ha ayudado tanto a ellos como a nosotros —expresa el teniente coronel Mario García Martínez, director general de la EFI Ernesto Guevara, de Villa Clara—. Las técnicas utilizadas han sido muy novedosas y útiles para un mejor desarrollo del proceso docente-educativo. Debo destacar los logros en el taller y el impacto que tuvo en todo el colectivo (desde los docentes hasta el personal de servicio). Es por ello que pedimos vuelva a repetirse en nuestra escuela y en otros centros que no han vivido esta experiencia”.

Luego de la evaluación y elaboración de los resultados de la etapa Continuidades, los coordinadores y miembros de Escaramujo coincidieron en que era imprescindible concebir e implementar otra área de trabajo que respondiera a las necesidades formativas en la concepción y metodología de la Educación Popular de esos educadores y profesores, continuadores de la labor desarrollada en las escuelas una vez finalizados los talleres.

Dasniel Olivera Pérez, vicedecano de la Facultad de Comunicación, pone énfasis en la importancia de desarrollar plenamente esta segunda área, así como una tercera línea que propicie el acercamiento de otras entidades o personas a las EFI con proyectos y acciones encaminadas a contribuir con los procesos de formación integral de los menores:

“Esta última línea metodológica no solo suma a otros a un empeño similar al nuestro, sino que potencia relaciones de interdependencia en las que ambas partes se nutren recíprocamente”.

Abonando utopías
El último día del taller, cuando vio alejarse a aquella estudiante de Periodismo, Raúl comprendió que se había enamorado, disfrutaba de las fantasías vividas junto a ella, y aún podía acariciar la sensación de considerarse a sí mismo como un muchacho romántico e interesante.

Sin embargo, la partida de su amante ideal no lo hizo sentir mal, sino que le dio espacio y motivos para luchar por la conquista de un empeño. Él era uno más de los muchachos que comenzaban a tejer sueños locos olvidados durante bastante tiempo. Saberse útiles y capaces de lograr cualquier meta propuesta era el sabor dulcísimo que les quedaba de aquella experiencia.

En nombre de esa satisfacción colectiva que disfrutaron los alumnos participantes en los talleres de educación-comunicación, la jefa de la Dirección de Menores, coronel Idais Borges, agradeció en la reunión de socialización de los resultados de esta segunda etapa del proyecto, la insistencia y constancia de los estudiantes y profesores universitarios en la difícil tarea asumida en las EFI: “Siempre las puertas de estas escuelas estarán abiertas a la juventud que quiera participar de este afán educativo indispensable para nuestra sociedad”.

Precisamente, sobre la vocación de la Universidad como ente transformador de su entorno más inmediato, Olivera Pérez señala: “Es muy significativo que los universitarios estemos prestos a servir a los cubanos en áreas tan sensibles y estratégicas. Escaramujo ha demostrado que debemos y podemos ser memoria, vida, utilidad y virtud”.

Alejandro, Diana, Karen y Raúl hoy quieren ser periodistas. Ellos han aprendido a valorar otros rumbos cuando la vida los pone a prueba. Ahora la esperanza teje sus senderos. Escaramujo los ayudó a reencontrar esa capacidad de sentir, vivir, reír, amar; solo resta permitirles volar.

Por Yohana Lezcano

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