Duerme “como un bebé”

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Tomado del libro “Fabio, el muchacho de Copacabana”

En las Causa 1 y Causa 2 de 1999, juicios celebrados en Cuba contra acciones terroristas, quedó irrefutablemente demostrada la responsabilidad de Luis Posada Carriles en la organización de estos hechos. Pero, ¿quién es este asesino que se jacta, públicamente, de dormir “como un bebé” después de haber sido causante de la muerte de Fabio Di Celmo?

Luis Posada Carriles, de profesión criminal, es un turbio personaje cuya extensa hoja de servicios incluye su participación en planes de atentados a diferentes personalidades, tráfico de armas y de drogas, el sabotaje que derribó en pleno vuelo a una nave civil de Cubana de Aviación en el cual perdieron la vida 73 personas, así como otras acciones similares que se relacionan, directa o indirectamente, con la sucia guerra que desde los Estados Unidos de América se lleva contra Cuba.

La catadura moral de este sórdido personaje y sus vínculos con quienes están detrás de sus criminales actos, es conocida por las autoridades norteamericanas como queda evidenciado en la amplia información biográfica publicada en el periódico estadounidense The New York Times, el 12 de julio de 1998, de la cual fueron extraídos los párrafos siguientes:

Dos años después de que la invasión de Bahía de Cochinos terminó en una derrota ignominiosa en las playas cubanas, dos jóvenes exiliados cubanos, Jorge Mas Canosa y Luis Posada Carriles, de pie uno al lado del otro, bajo del sol primaveral de Fort Benning, Georgia, se entrenaban para su próxima salida hacia La Habana.

Corría el año 1963, momento de febriles complots estadounidenses contra el gobierno de Castro; los dos hombres pertenecían al grupo de exiliados que habían sobrevivido a la burda operación para derrocar al dirigente cubano, y se habían alistado en el Ejército de Estados Unidos, confiados en que el presidente Kennedy pronto organizaría otro ataque que barrería el comunismo del hemisferio.

La CIA nos enseñó de todo, dijo Posada, nos enseñó sobre explosivos, asesinatos, bombas, sabotajes.

Ambos hombres dejaron el ejército cuando se hizo evidente que los Estados Unidos no tenían intención de volver a invadir a Cuba; se asentaron en Miami, epicentro de la actividad contra Castro. Mientras Mas Canosa se abría paso en los negocios, Posada establecía estrechos lazos con la CIA, que utilizaba Miami como base de las operaciones contra Castro.

Documentos recientemente desclasificados, puestos a disposición del The New York Times por el Archivo Nacional de Seguridad, grupo de investigación no lucrativo radicado en Washington, aclaran el porqué durante una buena parte de ese tiempo la CIA dirigía las actividades de Posada y se inmiscuía en cuestiones tan insignificantes como si debía o no comprar una embarcación.
Esos documentos pertenecen a los voluminosos expedientes compilados por el Comité Selecto sobre Asesinatos, establecido por la Cámara en 1968. Como parte de su investigación del asesinato del presidente Kennedy, se permitió que los investigadores que examinaban si los cubanos opuestos a Castro tenían o no vínculos con el asesinato de 1963, leyeran y resumieran un sinnúmero de cables y documentos gubernamentales que siguen siendo secretos.

Según esos resúmenes, Posada proporcionaba ininterrumpidamente a la agencia y al FBI un caudal de información valiosa sobre las actividades de los exiliados cubanos en Miami. Fue la CIA la que dio instrucciones a Posada de que estableciera un centro de entrenamiento para operaciones de guerrilla contra Castro.

A finales de los años 70, cuando fue entrevistado por investigadores del Comité de la Cámara sobre Asesinatos, Posada dijo que lo habían entrenado como operativo de la CIA en los cayos de la Florida y muy pronto se había convertido en agente principal. Afirmó que su grupo antiCastro había trabajado directamente con la compañía y que había tenido armas, embarcaciones y una red de casas de refugio.

Al mismo tiempo, Posada profundizaba sus relaciones con Mas Canosa, a quien se le describe en uno de los documentos de la CIA como uno de sus grandes amigos. Ambos desempeñaban un papel activo en el grupo RECE (Representación Cubana en el Exilio) y, posteriormente, en la gran alianza general, denominada CORU (Coordinadora de Organizaciones Revolucionarias Unidas), las cuales emprendieron acciones violentas dirigidas a derrocar el gobierno de Castro.

En un documento se citó a Posada cuando expresó que Jorge Mas Canosa, del grupo RECE, había pagado a un asesino 5 mil dólares para que cubriera los gastos de una operación de destrucción en México, y que el propio Posada tenía planes de colocar minas magnéticas en un barco cubano-soviético en Veracruz, y que tenía 10 libras de explosivos C-4 y detonadores.

En 1967 la vida de Posada dio un nuevo vuelco cuando abandonó abruptamente Miami y se unió a la inteligencia venezolana. Ello marcó el comienzo de sus años como oficial operativo para una serie de gobiernos latinoamericanos.

Obtuvo su empleo de jefe de operaciones de la inteligencia venezolana con la ayuda de las recomendaciones de la CIA y fue enviado a aniquilar los movimientos de guerrillas izquierdistas que Castro apoyaba en Venezuela. “Los perseguí muy intensamente. Muchas, muchas personas murieron”.

Posada también organizó el viaje de un viejo amigo de sus días de la CIA —Orlando Bosch— a Venezuela para hacer un sabotaje contra el gobierno de Castro. Bosch había sido condenado anteriormente en los Estados Unidos por hacer estallar una bomba en un carguero polaco destinado a Cuba y preconizó el derrocamiento violento de Castro.

Por ese tiempo las relaciones de Posada con las autoridades estadounidenses entraron súbitamente en crisis por un informe de la Inteligencia de que Posada puede estar involucrado en el contrabando de cocaína de Colombia a Miami, a través de Venezuela, así como en la falsificación de dinero estadounidense en Venezuela.

Según el informe —cuya copia resumida se encuentra en los archivos de los investigadores de la Cámara—, la CIA decidió no enfrentar directamente a Posada con las acusaciones para no comprometer las investigaciones en marcha.

“A Posada se interrogó, y solo se halló culpable de tener malas amistades” —según dice la sinopsis de otro de los informes—. “Los interrogadores quedaron convencidos de su negación del tráfico de drogas”, concluía el informe.

Aún así, en febrero de 1976, los oficiales de la Agencia decidieron romper sus vínculos con Posada, por lo que misteriosamente se describió en los documentos como “preocupaciones en torno a asuntos tributarios pendientes”.

En junio de ese año Posada llamaba nuevamente a la CIA en relación con planes del exilio de hacer estallar la aeronave de Cubana que salía de Panamá.

Cuatro meses más tarde, el 6 de octubre de 1976, un avión de Cubana, con 73 pasajeros a bordo, estalló en el aire poco después de despegar de la isla de Barbados. Entre los muertos se encontraban adolescentes integrantes del Equipo Nacional de Esgrima de Cuba.

Al día siguiente, la CIA hizo lo que se denominó como “intentos infructuosos” de contactar a Posada.

La explosión cambió dramáticamente la suerte de Posada. Los investigadores de Venezuela localizaron la bomba en el compartimento del equipaje del avión e identificaron a dos venezolanos que habían despachado el equipaje hasta La Habana, pero se habían quedado en Barbados. Los hombres habían trabajado para Posada, quien fue arrestado y acusado de la explosión.

Asimismo fue arrestado Bosch, quien había colaborado con Posada por largo tiempo.

Posada reconoció que él pudiera estar aún encarcelado en Venezuela si sus amigos, principalmente Mas Canosa, no hubieran venido a su rescate. En una declaración jurada, tomada en proceso civil, Ricardo Mas, hermano de Jorge Mas, enemistado con él, contó cómo había viajado a Panamá para buscar el efectivo que se utilizó para pagar la fuga de Posada.

En la madrugada del 18 de agosto de 1985, durante un cambio de guardia, Posada, vestido con una chaqueta negra y con la capucha sobre la cabeza como un sacerdote, cruzó el patio de la prisión. Llevaba una Biblia para dar más la imagen de sacerdote y un bolso con algunos alimentos y una linterna. Después de 15 días en Caracas,
Venezuela —dijo Posada— lo llevaron a Aruba, en un barco camaronero.

De allí voló en un avión privado a Costa Rica y posteriormente a El Salvador.

Posada estaba nuevamente trabajando para el gobierno estadounidense, esta vez en una operación encubierta que tenía vínculos con la CIA y con el agregado militar local, pero que era dirigida por la Casa Blanca.
Esta es solo una pequeña síntesis de lo que cuenta ese periódico neoyorquino, nada sospechoso de servir a la Revolución cubana, sobre el asesino que se jacta dormir “como un bebé”.

Faltan argumentos que permitan entender cómo este señor, con el cual rompió la CIA por dudas sobre su participación en tráfico de drogas y que estuvo encarcelado nueve años por el horrendo crimen de Barbados, salió tranquilamente de una cárcel de máxima seguridad y comenzó a trabajar en una de las acciones más secretas, delicadas y comprometedoras realizadas por el gobierno de los Estados Unidos: el llamado caso Irán-Contras.

A pesar de sus confesiones públicas, Luis Posada Carriles no fue detenido por los hechos relacionados con la muerte del muchacho del Copacabana. El imperio, capaz de fotografiar desde satélites la chapa de un auto, interceptar comunicaciones en todo el mundo o bombardear a lejanos países bajo el pretexto de que lucha contra el terrorismo, se limitó a circular “serias advertencias contra Posada Carriles” a través de sus embajadas en varios países centroamericanos.

La carta oficial, entregada por el abogado de Giustino Di Celmo al Ministerio de Justicia de su país, en la que el padre de Fabio demandaba los oficios de esta institución y pedía que Italia reclamase a Interpol la búsqueda y captura del asesino de su hijo, solo obtuvo la respuesta evasiva de un funcionario italiano que expresó: “Esto no procede. Resulta imposible localizar a un hombre que se encubre bajo falsas identidades”.

Pocos días después, las televisoras Canal 23 de Miami y Univisión transmitían nuevas entrevistas grabadas en vídeo en la que Posada Carriles, con voz gangosa, se retractaba de sus declaraciones al The New York Times que involucraban a Mas Canosa. Pero, sin el menor atisbo de arrepentimiento, nuevamente reconocía su autoría en los atentados contra instalaciones turísticas en Cuba y anunciaba otros planes criminales que, posteriormente, se confirmarían con sus intentos de asesinar a Fidel Castro en Venezuela, República Dominicana y Panamá.

¿Cómo entender que los órganos de inteligencia norteamericanos y la Interpol fuesen incapaces de localizar a un terrorista confeso que los periodistas entrevistan con tanta facilidad en su muy conocida residencia de El Salvador?

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1 Comentario

Yandy Ernesto dijo:

El famoso ya, para decirlo de alguna forma, Posada Carriles, famoso no por sus buenas acciones, sino por un sinfín de acciones terroristas contra Cuba apoyado por la mayor organización de inteligencia:CIA de los Estados Unidos. Uno de los atentados de este criminal fue este de Copacabana donde una de las victimas fue Fabio Di Celmo, mientras este cadaver descansa y sus familiares sufren cada vez que llega este dia tan desastroso para ellos, el primer criminal de todo el mundo esta suelto por las calles de EE.UU.,sin tener miedo ni preocupaciones. Me pregunto como puede descansar tan tranquilo sin pensar en esas familias que ha dejado incompletas, con un vacio tremendo en sus corazones.pienso que a este criminal se le debe juzgar en un tribunal donde los norteamericanos no puedan llegar con sus tentaculos, un jurado justo que lo juzgue por cada uno de sus crimenes cometidos en toda America Latina y en culquier parte del mundo.

18 septiembre 2012 | 02:44 am