Como si despertar…

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Fidel en encuentro con algunos médicos, entre ellos Eneida Pérez Candelaria (a la izquierda) y el director Marcelino Ríos Torres (a la mesa), previo al inicio de la Operación Milagro. Foto: Cortesía de la doctora Lizet Sánchez

Cuando suena el teléfono, es el 9 de julio del 2004 y la doctora Belkys está hace meses en Saint Kitts and Nevis, el país más pequeño del continente americano.

El teléfono suena insistentemente hasta que ella responde. Alguien, al otro lado, le dice que debe volver a Cuba, que recoja las cosas con urgencia, que

debe volar esa mis­ma no­che o, a más tardar, la mañana siguiente. Y ese alguien no le explica por qué.
Cuando sonó el teléfono, pasaban ya las ocho de la noche.

A eso de las nueve Belkys recoge todo con angustia. Piensa que ha sucedido algo en su casa, que alguien está mal. Luego descarta esa idea. Se le ocurre que ha cometido alguna falta médica; que ha hecho algo mal durante una de tantas cirugías oculares que practica a diario; que van a suspenderla de la misión…

***
Es el 9 de julio del 2004, es viernes, y Fidel se reúne con unos pocos médicos en el hospital oftalmológico Ramón Pando Ferrer (llamado La Ceguera, popularmente), en Maria­nao, La Ha­bana.

Ha llegado de imprevisto pasadas ya las siete de la noche y el doctor Marcelino Ríos Torres, director general del Pando Ferrer, ha reunido a todos los doctores que, en ese horario, en­cuentra a su disposición.

En un local pequeño, Fidel les pide, casi a manera de favor, que operen a 50 venezolanos de cataratas. Dice que llegarán a la mañana si­guiente. Que confía en la excelencia de sus mé­dicos. Que sabe que ellos van a hacerlo bien.

—¡Imagínate tú que él nos pidiera eso!

—exclama Marcelino Ríos Torres, 12 años después—. Para nosotros era un orgullo que Fidel se dirigiera a esta institución, desde lue­go… Y bueno, pues yo busco a dos colegas: el subdirector Reinaldo Ríos, y la actual jefa de Mi­cro­ci­rugía, la doctora Eneida, que estaba de guardia. Y nos sentamos en una oficinita…

En su mano derecha, Fidel sostiene un vaso con agua. Está sentado. Bebe y apoya el vaso sobre una mesa. Mira a Marcelino. Apoya la ca­beza en la mano izquierda.

A poco más de un metro de distancia, Eneida Pérez Can­delaria detalla, nerviosa, el uniforme ver­­de olivo, las botas altas, cabello y barba canos.
Eneida tiene las piernas cruzadas debajo de una silla forrada en suiza azul.

—Ninguno de nosotros sabía concretamente a qué había venido el Comandante. Recuerdo que empezó a hablar de cifras y de cosas. Cin­cuenta, 700 cirugías. Yo dije: 700 cirugías las ha­cemos nosotros en una semana.

Eneida, en el 2004, figura entre los siete oftalmólogos cubanos que dominan la blumenthal: una novedosa técnica quirúrgica para el tratamiento de cataratas.

Belkys Rodríguez Suárez también lo hace. Por eso, cuando Fidel pregunta por los siete, la manda a traer de Saint Kitts and Nevis. Urgente.
***
El 10 de julio, a las 7:00 a.m., llegan a La Ce­guera los primeros 50 venezolanos.
Una hora después se lleva a cabo la primera operación.
***
El 10 de julio, sábado, Belkys Rodríguez Suá­rez llegó a La Habana. El lunes, se incorporó a su equipo quirúrgico, junto a los otros seis especialistas.

El lunes, a la una de la tarde, entre los siete, habían practicado 90 cirugías.

—Fidel nos preguntó que si podíamos operar más. Le dije: ¿cómo que más? Y bueno, no sabíamos… La cosa es que aquello empezó a crecer. Venían y venían y venían y yo decía: esto no se acaba.

—De más está decir que la solicitud de Fidel era de 50 pacientes diarios. Y nosotros llegamos a atender, en un día, hasta 500

—apunta Ríos Torres—. Cuando empezó el aumento de pa­cientes, tuvimos que hacer dos grupos quirúrgicos. Buscamos a los siete me­jores oftalmólogos del país, porque los siete que teníamos no daban abasto…

El proceso de blumenthal consta de varios pasos: desinfectar la zona operatoria; anestesiar; realizar, en la esclera (parte blanca superior del ojo), una incisión cuyo tamaño oscila entre cuatro y seis milímetros; luxar la catarata hacia la cámara anterior del ojo y extraerla a través de ese túnel escleral; limpiar la cápsula cristaliniana de los posibles restos que puedan quedar adheridos a esta…

—El primer grupo —dice Ríos Torres— en­traba a las siete de la mañana, y podía salir del salón de operaciones a cualquier hora de la madrugada. Un solo cirujano operaba, diariamente, entre 60 y 70 pacientes.

…colocar, luego, ácido hialurónico, con el fin de evitar lesiones graves; introducir un lente intraocular mediante la incisión (este lente permite el paso de la luz a través de la retina, y que esta se enfoque apropiadamente); limpiar de nuevo los posibles restos; y suturar la herida…

En el 2004, mediante esta técnica, una operación de cataratas tarda entre diez y 15 minutos.

En el 2004, el precio de una operación de cataratas, en Nueva York, rebasa los 5 000 dólares.

La Operación Milagro hizo posible que, al acabar septiembre del 2004, más de 14 000 personas necesitadas (de manera gratuita) recuperaran la visión.

***
—Para nosotros era como un juego, como un entrenamiento… Era principios de julio, y estábamos agotados desde el punto de vista físico, porque en agosto uno normalmente sale de vacaciones, después de un año entero de trabajo. Pero lo cogimos con carácter deportivo. Con entusiasmo.

A principios de julio del 2016, la doctora Eneida cuenta esto desde el saloncito donde ocurrió el encuentro con Fidel. Y lo cuenta con las piernas cruzadas, debajo de una silla forrada en suiza azul.

—Hay miles de anécdotas. Padres que nun­ca habían visto a sus hijos. Hijos que nun­ca habían visto a sus padres, porque tenían cataratas de nacimiento, que es poco frecuente, pero sucede. Viejitos sin recursos. Porque no era el pa­ciente que tiene el dinero para pagarlo en cualquier institución privada; era el paciente que no tenía acceso a los servicios de salud.

Mientras Eneida habla, Belkys camina por la habitación. Se recuesta a la mesa donde, en la foto, Fidel apoya el vaso.

Le suena el móvil. Mucho. Lo contesta. Dice que ahora mismo no puede hablar.

—Para nosotros —dice— fue algo diferente. Nos enriquecimos como grupo. Y hasta disfrutamos el vivir juntos, porque nos hospedaron en casas muy cercanas y se nos dieron todas las condiciones para facilitarnos nada más que  operar… Tú no sabías quién era el paciente, y tampoco importaba. Era hermoso saber que alguien recuperaba la visión con algo que a ti te había costado diez o 15 minutos.

—También estábamos mucho más jóvenes —bromea Eneida—. ¿Te imaginas que eso (Milagro) sucediera ahora mismo?

—Nos desactiva.
Ríen.

Llega el doctor Juan Raúl Hernández Silva, uno de aquellos siete. Fue el primer oftalmólogo cubano que operó en Venezuela, en el 2005, cuando se abrieron los primeros centros de la Misión Milagro fuera de Cuba.

Fue bonito —dice—. Nos ayudó a madurar como médicos. Porque, independientemente de que en aquel momento ya teníamos alguna experiencia, la intensidad del programa fue un reto profesional. Nos ayudó a crecer. Cada muestra de afecto de un pa­ciente llenaba a uno de ánimo para seguir…

—¡Pero éramos tan jóvenes! —Eneida no ha dejado de reírse.

Parece que no estuvieran conscientes de haber formado parte de la Historia.

O lo están, y la Historia también les parece un entrenamiento.

Algo que a alguien le cuesta diez o 15 minutos y otro alguien no va a olvidar.

Operación Milagro: ejemplo de humanismo y voluntad

El 9 de julio del 2004, por iniciativa del Comandante en Jefe Fidel Castro, en coordinación con Hugo Chávez, presidente de Venezuela, comenzó la denominada Mi­sión Milagro (u Operación Milagro), un programa de atención integral a pacientes con disímiles afecciones oculares.

Según datos ofrecidos por el Instituto Cubano de Oftalmología, durante ese año solo se atendieron pacientes venezolanos, principalmente en el hospital Ramón Pando Ferrer, en La Habana. También se realizaron intervenciones quirúrgicas en Santiago de Cuba y Holguín.

En el 2005, la Operación se extiende a los países del Caribe y a varios de centro y sur América. Inicialmente todos los pacientes acudían a Cuba para operarse, pero en el 2006 se habilitan centros oftalmológicos en varias naciones, lo cual acercó la asistencia a los más necesitados.

Para enfrentar esta tarea, se adquirieron equipos de alta tecnología y se rehabilita-
ron los servicios oftalmológicos en la Isla. Además, se adiestró a un elevado número de especialistas, enfermeras, técnicos e in­genieros de la nación antillana, y se creó la Facultad Cubana de Oftalmología, la cual ha graduado, hasta el momento, alrededor de 600 especialistas.

La Misión Milagro, por tanto, a quien primero ha favorecido ha sido a la oftalmología y los pacientes cubanos, perfeccionándose los niveles de atención en todas las provincias.

Según el informe, hoy se cuenta con 65 centros oftalmológicos, equipados con 93 posiciones quirúrgicas, en 18 países de América Latina, el Caribe y África, a través de los cuales se brinda atención a 34 na­ciones.

Próximamente, Milagro arribará a los dos millones de cirugías realizadas desde sus inicios, “lo cual no tiene precedente en la historia de la colaboración oftalmológica en el mundo, y hace de dicha Operación una expresión más del carácter internacionalista de nuestra medicina”.

Granma

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