19 vidas de abril (5): El muchacho de Caimanera

Lea más de: , , ,

Tomado del libro “66 horas”,
de Rodolfo Romero.

Félix: Cuando la marcha se organizó, nos pasó por el lado la Ligera de Combate nuestra junto a la Ligera del 116. El capitán Sandino mandó a pedir granaderos para que fueran a la vanguardia. Entre ellos avanzó Wilfredo Gonce Cabrera, que era como hermano mío. Pasó a mi lado y cuando me vio, regresó un momento y me dijo:

– Oye, cuídate Pepín.

– También cuídate tú, mi hermano, que tú vas alante ahora.

– No hay problema- me dijo. Esa fue la última vez que lo vi.

Wilfredo Gonce Cabrera solo tiene 18 años aquel amanecer del mes de abril. Había nacido el 29 de diciembre de 1942 en Guantánamo. Sus padres, Reina y Emiliano, han formado su familia en Caimanera, municipio colindante con la Base Naval de Guantánamo. Precisamente en la Base, el desempleado padre de familia consigue trabajo, y también conoce de primera mano la otra cara -no tan oculta- de los marines norteamericanos.

Amante de la música y el deporte, durante sus estudios primarios en la escuela privada “Enma Guerra”, Wilfredo integra la banda de música y practica natación. Termina el sexto grado y empieza a trabajar en una carpintería para ayudar a la economía familiar.

Desde su adolescencia se vincula a la lucha clandestina con el apoyo de su profesora Yolanda Serrano, activa militante del Movimiento “26 de julio”, quien dirige dos cédulas del Movimiento, cumple importantes misiones y, al mismo tiempo, imparte clases en la escuela primaria de la calle Carril, en Caimanera.

En 1957 Wilfredo ingresa oficialmente en el Movimiento. En abril de 1958, sus jóvenes amigos Yolé Alcántara y Federico Colarte, deciden incorporarse a las fuerzas rebeldes del Segundo Frente Oriental “Frank País”. No le avisan a Gonce por su corta edad. Uno de sus hermanos cuenta que aquella noche de abril, “cuando mi hermano salió, lo detuvieron con el fin de asustarlo para que informara el destino de sus inseparables amigos. De sus labios no salió ni una palabra y los casquitos perdieron los estribos: lo golpearon bárbaramente, fue necesario darle agua para que se recuperara. No obstante no dijo nada en su casa. Días después descubrimos los hematomas de los golpes en su espalda y en otras partes del cuerpo, él le restó importancia y aseguró que eran consecuencia de una riña, pero un soldado le dijo después la verdad a mi padre”[1].

Unos días después se incorpora a las filas del Ejército Rebelde. El día 13 de abril participa en su primera acción combativa: la toma del cuartel de Caimanera. Acerca de aquel combate, narra Efigenio Ameijeiras en su libro Más allá de nosotros:

“El 13 de abril fue el ataque a Caimanera, que se realizó en apoyo a la huelga del 9 de abril. Fue la primera vez que operaron de conjunto fuerzas del Ejército Rebelde y las milicias del Movimiento “26 de julio”. Se atacaron los cuarteles del Ejército y de la Marina que tenía 13 o 14 hombres, cuyo jefe era el padre de uno de los asaltantes, Federico Colarte Grave de Peralta, quien no se rindió hasta que en la última media hora fuera herido levemente en la frente por el propio Gonce, quien se encontraba apostado en los altos del hotel Oasis frente al cuartel”[2].

Como miembro de la Columna No. 6 “Juan M. Ameijeiras”, participa en otras 11 acciones, entre las cuales figuran La Lima, La Victoria, la toma del central Soledad, Matajabo, en la laguna de Montesano y en el cerco a Guantánamo.

Félix recuerda que su amistad con Gonce comienza precisamente a raíz de las acciones de La Victoria. “Cuando yo llegué herido a la Sierra, el tipo enseguida me brindó su hamaca y su frazada. Desde ese día fuimos hermanos inseparables, hasta abril de 1961”.

Como parte de la operación “Flor Crombet”, a finales de diciembre de 1958, Gonce participa en las acciones de La Horqueta.

Después del triunfo es designado en la Radio Motorizada de Marianao. Transcurridos algunos meses pasa a la escolta del Comandante en Jefe. En esta actividad permanece durante un año. Luego cursa la escuela de entrenamiento militar y es ascendido a Sargento. Más tarde es enviado al Esperón, al frente de un grupo de compañeros, como jefe de uno de los pelotones del Batallón de la Policía. También participa en las acciones desarrolladas en el Escambray

Concluida las operaciones, regresa a La Habana y se integra como machetero a la zafra, hasta que se moviliza en el Esperón. A partir de ese momento no ve más a sus familiares, con los cuales solo se comunica por correspondencia. En un telegrama a su madre, fechado el 15 de abril de 1961, a pocas horas de su último combate, escribe: “Estoy bien, cuídate y cuida a mis hermanos”.

Durante el camino hacia Girón toma algunas notas en un diario que prepara para su novia. En el combate va delante, entre los granaderos. Algunos aseguran que cae después que Carbó. No vacila en ningún momento. Sus compañeros lo escuchan decir: “Cojones, creo que voy a perder este brazo”, mientras que la manga izquierda de la camisa se empapa en sangre. Minutos después, un obús mercenario le abre el pecho[3].

Félix: Gonce se alejó con el resto de los granaderos. Enseguida empezó el fuego de los morteros enemigos. Después supimos que encima del tanque del acueducto de Playa Girón, los mercenarios tenían un observador que veía todos nuestros movimientos. En ese momento tuvimos algunos heridos, después estuvimos un rato atrincherados a la espera de los tanques.


[1] Ameijeiras, Efigenio. Más allá de nosotros. Editorial Oriente.

[2] Ídem.

[3] Gonce fue ascendido póstumamente al grado de teniente.

Hacer un comentario

Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos. Todos los campos son obligatorios.