19 vidas de abril (4): El carpeta de la 16 unidad

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Tomado del libro “66 horas”,
de Rodolfo Romero.

Félix: Al llegar al punto de encuentro se nos acercó Carbó, nos explicó que íbamos a pernoctar allí y que en la mañana saldríamos al encuentro con el enemigo que estaba atrincherado en la entrada de Girón. Esa noche dormimos en la carretera.

A unos metros de Félix se recuesta Quintana. Tal vez recuerda en ese momento la etapa en que se conocieron, cuando el primero estaba en la Motorizada y él era carpeta de la Decimosexta Unidad. Quintana, en menos de un mes, cumplirá 30 años, o 29 legalmente, pues la partida bautismal en el libro Generales 21 Folio 657 con el no. 1314, tiene como fecha el 13 de mayo de 1932, cuando el pequeño Pedro Antonio Quintana López debió cumplir su primer año de vida.

El hijo de Saturnino y Nieves nace en la finca Rincón Hondo, del actual municipio Sandino, entonces Guane, provincia de Pinar del Río. Pedro Antonio comienza la escuela primaria en esa misma localidad, pero solo hasta los nueve años. En esa fecha muere el padre y a él le consiguen una beca en el Instituto Cívico Militar de Ceiba del Agua, donde puede terminar el sexto grado. Después se va a estudiar a Cacocum, en Holguín, en 1946.

Cuando culmina el octavo grado, durante sus vacaciones en La Habana, se suma junto a su hermano a una huelga realizada por la Asociación de Alumnos del Instituto de La Habana en apoyo a los estudiantes universitarios. Después de ser expulsado comienza a trabajar como mensajero en un almacén en la barriada de Marianao.

En 1955, fruto de su relación con Ada María Brito Álvarez, nace su hija Ada María.

En 1957 sufre un accidente de tránsito que lo obliga a mantenerse alejado por un año de toda actividad laboral. Ese mismo año se incorpora al Movimiento “26 de Julio”, en el cual le asignan, entre otras tareas, la de ser enlace del Movimiento, fundamentalmente en Artemisa y Guanajay.

Cuando se produce el triunfo revolucionario, todavía Pedro Antonio vive en Marianao. Ese día participa en la toma de las estaciones de la policía. Después del alboroto de los primeros días, el joven pinareño se reincorpora a sus labores habituales.

El 11 de agosto de ese mismo año, a solicitud propia y avalado por su trayectoria de combatiente clandestino, ingresa en la Policía Nacional Revolucionaria y se desempeñará como Carpeta. A finales de 1960 es seleccionado para integrar el Batallón de la PNR.

A su regreso del Escambray, ya viviendo una nueva relación, hace planes para su segundo hijo. Según su esposa, Iraida López Peña: “Pedro Antonio era muy bueno. Su mayor ilusión era tener un hijo varón. En muchas ocasiones decía que cuando nuestro hijo caminara, le iba a comprar un trajecito verde olivo y una pistola de juguete para que desde temprano fuera un soldado rebelde y siguiera sus pasos. Mi dolor más grande es que no haya podido conocer a nuestra hija”[1].

En el mes de abril, ya con el auto en la puerta, cuenta Iraida que “dos veces viró para despedirse y hacerme una nueva recomendación. Por último quería darme un dinero que tenía, yo le dije: ´Es mejor que lo lleves, puede hacerte falta´.  Me dijo: ´Estás enferma y yo allá me las arreglaré. Además, no sé si saldremos en alguna operación, o si iremos a combatir”.

Durante el traslado del Batallón a Playa Girón los combatientes van cantando, hablando de sus familias y haciendo bromas. Pedro Antonio, a quien siempre le ha escaseado el pelo, hace uno de sus chistes: “en el combate me voy a quitar la gorra para que vean la frente de Martí”.

En las inmediaciones de la curva próxima a Playa Girón estalla un mortero enemigo. Al disiparse la polvareda levantada por el proyectil, sus compañeros lo ven tendido sobre la tierra amada, gravemente herido en la cabeza y en diferentes partes del cuerpo. Al percatarse de que la ambulancia no puede llegar hasta ellos, deciden trasladarlo, aún consciente, en una improvisada hamaca formada por dos fusiles entrelazados, pero es inútil; no han avanzado más de 20 metros cuando muere irremediablemente.

“El día 20 llegó el telegrama que anunciaba su muerte y decía que había sido enterrado en Jagüey Grande. El 16 de mayo lo trajeron para La Habana”, recuerda su esposa Iraida. Meses más tarde, el 30 de septiembre, nace su hija Maricel Caridad Quintana de López. Su otra hija, Ada María solo tiene 6 años[2].

Félix: Como a las cinco de la mañana nos dieron el de pie. En ese momento nos sobrevoló un avión enemigo. Nuestros artilleros de las cuatro bocas le hicieron fuego y me parece que lo alcanzaron. En el incidente, uno de los nuestros fue herido por las vainas de las propias cuatro bocas: el primer herido que tuvo el Batallón.


[1] Quintana Ramos, Carlos. Estudio sobre la vida y obra de Pedro Antonio Quintana López. Trabajo investigativo inédito (s/f).

[2] Pedro Antonio Quintana López fue ascendido póstumamente al grado de Cabo.

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