19 vidas de abril (17): El mártir diecinueve

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Tomado del libro “66 horas”,
de Rodolfo Romero.

Juan Carlos Rodríguez[1]: Entre enero y abril de 1961, la contrarrevolución interna que existía en Cuba intentó desestabilizar el país. Fueron asesinados el maestro voluntario Conrado Benítez García y el campesino Eliodoro Rodríguez Linares. Explotó un auto en la Plaza Cadenas de la Universidad de La Habana. Fueron asesinados los milicianos Pedro Morejón y Lázaro García Granados. Un avión lanzó proclamas sobre Matanzas y también fósforo vivo sobre los campos de caña de esa región. Estallaron en la capital cuatro bombas; una de ellas en el parqueo del hotel “Habana Libre”. Un comando de la CIA, en una embarcación armada con alto calibre, atacó la refinería “Hermanos Díaz” en Santiago de Cuba y asesinó al marinero René Rodríguez Hernández, de 27 años. Quemaron la tienda “El Encanto”…

La ola de atentados exigió el actuar inmediato de los Órganos de la Seguridad del Estado (OSE). Todos los movimientos de la CIA y de las organizaciones contrarrevolucionarias que operaban en Cuba se pusieron en función de apoyar la invasión, pero sus planes fueron desarticulados.

Unas semanas antes de la invasión, el 18 de marzo, la seguridad cubana propició uno de los golpes más duros, al detener a importantes agentes de la CIA. “En la calle 11 del reparto Miramar cayeron prisioneros 11 contrarrevolucionarios. También fue apresado el coordinador nacional del Frente Unido Revolucionario. Esa noche otros dos contrarrevolucionarios fueron detenidos cuando tocaron a la casa marcada con el número 108 y abrió la puerta un agente de la seguridad”[2].

Si bien en los días previos tuvo lugar un fuerte trabajo de los OSE, la labor desempeñada no tenía precedentes.

Los primeros detenidos llegaron a la sede de Operaciones del G-2 en 5ta y 14. En poco tiempo los colaboradores y conspiradores capturados arribaron a unos mil. El 15 de abril, después de los bombardeos, las fichas fueron entregadas a los agentes encargados de su apresamiento. Primero en el teatro Blanquita y luego en la Ciudad Deportiva, la cantidad aproximada de detenidos en la capital llegó a unas 20 mil personas. Por parte de los detenidos no hubo muertos o heridos. De esta forma la seguridad cubana neutralizó la conocida “quinta columna” que pretendía apoyar el desembarco.

Dieciocho son los mártires de la Policía que caen en Girón. Dieciocho los nombres que aparecen en el monumento de la Unidad Provincial de Patrulla. Pero muy lejos de las arenas de Bahía de Cochinos, en una de las casas de la barriada de Miramar, otro joven entrega su vida, cumpliendo una de las más importantes misiones que desarrolla el Minint por esa fecha.

La neutralización de la llamada “quinta columna” le cuesta la vida a Ernesto Flores Ríos, quien pasa a engrosar la lista de los 104 mártires de los Órganos de la Seguridad del Estado: el mártir 19 del Minint cae en acciones de enfrentamiento a la invasión mercenaria.

Ernesto nace en un hogar humilde y es hijo de Eugenio, de Carmen y de la Cuba de los años ´30. Cuando la familia se muda al capitalino reparto Poey, el pequeño logra continuar los estudios que había empezado en su Cerro natal. Como consecuencia de una fuerte afección pulmonar tiene que interrumpirlos y ,un tiempo después, ingresa en la Escuela de Artes y Oficios.

Rápidamente se vincula al movimiento estudiantil cubano. Integra el Partido Socialista Popular y el Movimiento “26 de julio”. Además de hacer algunos trabajos como albañil y carpintero, en 1956 comienza a trabajar como dependiente en el establecimiento “Modas Geles”.

Después del triunfo revolucionario ingresa en las Milicias Nacionales Revolucionarias. Comienza a trabajar como chofer en el Ministerio de Obras Públicas y luego en el Departamento de Áreas Verdes del propio organismo. Por su probada miIitancia, firmeza de principios y el trabajo que desempeña como agente del DIER, es uno de los fundadores del Departamento de Seguridad del Estado.

El 21 de abril de 1961, Ernesto tiene 25 años. Se presenta junto a otros dos miembros del Departamento de Seguridad del Estado, en el apartamento 5 del edificio No.1305, ubicado en Miramar, con la misión de detener al contrarrevolucionario Bernardo Corrales.

Al llegar a la casa los jóvenes registran cada rincón. Ernesto es el primero en entrar a una de las habitaciones. Abre las puertas de un closet y se escucha un disparo. La bala se le incrusta en la región toráxica izquierda. Se forma un pequeño tiroteo en el que también es herido uno de los que acompañan a Ernesto. Finalmente el bandido es atrapado; pero Ernesto yace tendido en el suelo.


[1] El texto fue elaborado con información del libro Girón, la batalla inevitable.

[2] Rodríguez, Juan Carlos. Girón, La batalla inevitable, Editora Capitán San Luis, La Habana, 2005: 204.

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