19 vidas de abril (12): Otro que se sumó

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Tomado del libro “66 horas”,
de Rodolfo Romero.

Félix: Recuerdo que en medio del combate se acercó una ambulancia nuestra por toda la carretera. Seguramente venía a recoger a algún herido. En ese momento, recibió el impacto de un proyectil y dio como dos vueltas en el aire. Había mucha gente sacando heridos.

Wilfredo[1]: Da la casualidad que cuando lo matan (habla de Wilfredo Betancourt)  -que lo partieron por la cintura con una ráfaga- estaba al lado mío. Me dice: “¡Ay tocayo!, yo ya no regreso”.

En medio de aquel infierno cae Wilfredo Betancourt Arias. Apenas dos meses antes, había cumplido 22 años.

Wilfredo nace el 23 de febrero de 1939 en el central Santa Lucía, en Cayo Jagua, antigua provincia de Oriente. Sus padres Juan y Eleonida tienen 14 hijos en el seno de un hogar campesino en el que la situación económica empeora con el paso del tiempo.

En algún momento de su infancia le empiezan a decir “Uva”. Al igual que otros vecinos de la zona, Wilfredo no puede estudiar porque no hay ninguna escuela cerca y ya desde los siete años se dedica a labores agrícolas.

Cuenta su padre que pocos días después del desembarco del Granma, Uva le dice: “Si Fidel es el hombre que viene a dar la verdadera libertad al pueblo de Cuba, junto a sus compañeros y al Ejército Rebelde, me iré a luchar por esa libertad”.

Abandona su casa unos meses después y se dirige a la Sierra Maestra. Luego de varios días rompiendo arbustos en las lomas, se alza en la zona del Segundo Frente. Se incorpora a la Columna 16, dirigida por Carlos Iglesias, más conocido como el Comandante “Nicaragua”.

Tiene un papel muy activo durante las acciones de la toma de Cueto. Por los méritos que alcanza en este y otros combates, lo designan jefe del campamento rebelde ubicado en la localidad de Los Berros, en el municipio Banes.

Al triunfar la Revolución, Uva participa en el traslado de las riquezas acumuladas por los esbirros batistianos en Cayo Saetía, en Holguín. En aquel momento figura como Jefe de la Policía Militar de Antilla, donde permanece hasta que es trasladado para el regimiento de la provincia.

Meses más tarde lo envían a La Habana para integrar la Infantería de la Marina. Esta nueva misión no dura mucho tiempo, pues rápidamente, junto a otros compañeros de la Infantería, ingresa a la Policía Nacional Revolucionaria; donde lo designan vigilante No. 2286 en la guardia del Palacio Presidencial.

En enero de 1961 es enviado a la Academia de la Policía para un curso especial de superación. Por los resultados alcanzados recibe su certificado de manos del Comandante Ramiro Valdés Menéndez e integra la tropa de choque de la Comandancia General.

Cuando le otorgan pase el 14 de abril, intenta conseguir un pasaje para visitar a su familia. Inmerso en esas gestiones lo sorprende el bombardeo del día 15 e inmediatamente tiene que reincorporarse a su unidad.

Al amanecer del 18, cuando se entera que de la actual Unidad Provincial de Patrulla saldría el Batallón hacia Playa Girón, llega a todo correr y sube a uno de los camiones. Cae en combate unas horas después[2].

Continuará…


[1] Wilfredo Moreira Goyanes. Fragmento del testimonio en el documental “De los humildes”, 2011.

[2] Wilfredo Betancourt Arias fue ascendido póstumamente al grado de Cabo.

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