19 vidas de abril (10): Vocación de héroe

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Tomado del libro “66 horas”,
de Rodolfo Romero.

«Las sombras de la noche comenzaban a cernirse sobre la carretera que va de Playa Larga a Playa Girón. Los vehículos que han logrado rebasar el ataque de la aviación norteamericana se detienen al borde del camino. Adalberto desciende de uno de ellos.

«Una figura familiar se recorta contra el fondo gris oscuro de la tarde. Es Tirso Martínez, amigo entrañable y fotógrafo de Avance, que había cumplido varias misiones peligrosas en el Escambray:

« – ¡Flaco! ¡Flaco!. Tírame una foto…

«Una foto; una foto más de las muchas que le hiciera antes. Pero Tirso está preocupado; sabe desde horas antes el infierno que se va a desatar. Su preocupación amistosa se traduce en una palabrota…No lo vuelve a ver más.

«La tropa pasa la noche al borde de la carretera. El ataque ha sido señalado para las cinco de la mañana…

«…A las seis de la mañana un B-26 los acosa implacablemente. Sin dejar de avanzar se repliegan a ambos lados de la carretera. Adalberto va a la cabeza. Ha avanzado tanto que si no fuera por lo grande que es, apenas se le distinguiría. A las nueve de la mañana se encuentran con un fuerte fuego de artillería. A las once y media continúa el barraje de los artilleros mercenarios… la nube de metralla… Adalberto se desploma. Tres balas de calibre 50 se le han clavado en las entrañas…a treinta metros de las defensas enemigas… vuelve a levantarse del campo y avanza unos metros más antes de caer definitivamente».

«Cayó Adalberto, el gigante jovial e imprescindible de la unidad, el niño-Hércules de la familia, el nieto del heroico mambí, que quizás, ¿quién sabe?, regresó del pasado para acompañarlo en la batalla justo como hiciera, en su condición de escolta, en cada una de las legendarias “cargas” del Generalísimo Máximo Gómez Báez.

Nieto de Fernando Núñez Álvarez, hijo de Irma Delia Nuñez y Adalberto Gómez, Adalberto nace el 23 de diciembre de 1934 en la Casa Real Progreso, en Mantilla, La Habana[2]. Su padre fue policía por más de 20 años y su madre fue quien, cuando terminó el matrimonio, asumió la crianza de su hijo y lo llevó a cursar sus primeros estudios en una escuelita de la barriada de Lawton. Sin embargo, concluyó el sexto grado en la “Galván”, escuela ubicada en la calle 8va y San Francisco, dirigida por dos antiguos militantes del Partido Socialista Popular. Luego matriculó estudios superiores en la Escuela Pública No. 2 en Guanabacoa.

Su interés por superarse y el afán de convertirse en contador lo llevaron a realizar varias gestiones para incorporarse a la Escuela Profesional de Comercio de la Habana, donde no es aceptado. Entonces matricula en la Escuela de Comercio de La Víbora, un centro auspiciado por empresas privadas y asociaciones fraternales. Allí logró alcanzar el último año de la carrera y fue elegido presidente de la Asociación de Alumnos en la Víbora.

Su firme carácter y su deseo de superación le permitieron alternar estos estudios con su actividad laboral, que inició como mozo de limpieza en el periódico Información. Después se trasladó para Avance, donde desempeñaría la misma función. Pasado un tiempo en este cargo lo promovieron a Jefe de archivo de dicho periódico.

A finales del ´58, Adalberto pretende contraer matrimonio y, queriendo reunir el dinero que necesita para hacerlo, planifica salir del país para trabajar. Sus planes son interrumpidos por el triunfo revolucionario.

A instancias de los numerosos amigos que tuvo dentro de las filas del Movimiento “26 de julio”, con el que colaboraba, y quizás por el recuerdo de la infancia de un padre que hacía cumplir con el orden, a mediados de 1959 solicita su ingreso en la Tercera Unidad de la Policía Nacional Revolucionaria.

En 1961, Adalberto lleva algún tiempo residiendo en la Ave. 169  no.6214 entre 62 y 70, en el Reparto Fontanar, Boyeros, y se encuentra inmerso en los preparativos de su boda. Cuando se produce la invasión, la Comandancia convoca a los combatientes de las unidades de la capital a integrar el Batallón de la PNR. Adalberto tiene que imponerse a la jefatura, la cual anteriormente le había limitado su participación en la lucha contra bandidos por las labores que desempeñaba.

“Cuando lo llamaron -cuenta la madre- estaba muy optimista. Por fin tendría la oportunidad que tanto había deseado: combatir en defensa de la patria”.

Horas después Delia Núñez recibe la noticia de que su hijo ha caído atravesado por tres proyectiles calibre 50[3].

Félix: La ametralladora calibre 50 no dejaba de disparar. Yo seguí avanzando por el mangle y caí bruscamente encima de los pies de un miliciano. El compañero se asustó, se viró con el fusil apuntándome y me gritó:

-Oye, tampoco así.

-Chico, que tú quieres, que me tire en cámara lenta.

Entonces el tipo comprendió, recogió los pies y continuamos disparando desde la misma posición. Esos tipos, los de la milicia, los de la 116, fueron unos bravos de verdad. Frente a ellos iba Carbó. En el combate tuvieron como doce muertos que cayeron al lado nuestro. Nos hicimos realmente hermanos. Algún día habrá que escribir también su historia.


[2] En la biografía publicada en el libro Héroes eternos de la Patria, de la autora Justina Álvarez, se dice que nació en el Vedado, La Habana.

[3] Adalberto Gómez Núñez fue ascendido póstumamente al grado de Cabo.

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