Nadie graba en la pechera de un delantal de cocina (y todos sabemos para qué se utiliza ese artículo), el rostro de la hija, del padre o de la novia. No es lugar digno para venerar lo que se ama.
Y vuelve uno a preguntarse cómo está llegando la historia, qué influencia tiene hoy la familia en la formación de valores y en el aprendizaje de sus hijas e hijos. Porque a nadie le quepa dudas: por ahí le entra, en un principio, el agua al coco.
“Algunas personas alegan que a los jóvenes no les interesa la historia. Al contrario, sí lo hacen, porque les preocupa mucho el futuro. El problema se halla en el mensaje: ¿la transmitimos de modo que atraiga y motive a las nuevas generaciones en su vida cotidiana?
Cuba a lo largo de su historia posee muchos símbolos genuinos que la hacen distinguirse entre el resto de las naciones. La Bandera de la Estrella Solitaria, el Himno de Bayamo y el Escudo de la Palma Real, son símbolos que nos recuerdan cuánto sacrificio humano vivió la Patria para que en la actualidad estemos orgullosos de tenerlos.
El uso y abuso de estos atributos ha sido un tema recurrente en los últimos tiempos
¿Se imaginan a Cuba despojada de su cultura? ¿Se han preguntado qué importancia tiene la cultura en cada una de nuestras acciones diarias? Estas interrogantes no tienen la intención de provocar reflexiones internas e individuales, sino intentan establecer consensos colectivos y útiles para construir nuestro futuro.
Hace 145 años, el cinco de febrero de 1871, en proclama a sus conciudadanos, el presidente de la República de Cuba en Armas, Carlos Manuel de Céspedes y del Castillo, afirmaba que “el patriotismo y la unión son nuestros baluartes y bajo su amparo seremos invencibles”.
La bandera de la Estrella Solitaria. Es uno de los tres símbolos patrios principales de Cuba