La versión del bello cántico que entonamos hoy la debemos también al Apóstol José Martí, quien publicó la letra y una variante musicalizada por Emilio Agramonte, en la edición del periódico Patria, el 25 de junio de 1892, con la sentida esperanza de que lo entonaran enardecidos «todos los labios y lo guardaran todos los hogares (…), el himno en cuyos acordes, en la hora más bella y solemne de nuestra patria, se alzó el decoro dormido en el pecho de los hombres».
En la plaza de la Revolución en Bayamo, niños, jóvenes y adultos, se congregaron para ratificar la fidelidad de las nuevas generaciones de cubanos con el legado patriótico de quien predicara que ¡Morir por la Patria, es vivir!