El Presidente de la Academia de Historiadores de Cuba, Eduardo Torres Cuevas, interpreta el ideario martiano y su vigencia a partir de un análisis en particular de este discurso…
Resulta admirable comprobar la vigencia del ideario humanista del más relevante revolucionario e intelectual del siglo XIX cubano, especialmente, en un momento en el que los más elementales Derechos Humanos son violentados a cada momento en el mundo.
Desde el arribo de José Martí a Nueva York el 3 de enero de 1880, su prolongada estancia en los Estados Unidos, con breves estadías previas en España, México, Guatemala y Venezuela, hasta su regreso a Cuba para iniciar la guerra, transcurrieron casi quince años, durante los cuales, por su profunda vocación política, sus ideales revolucionarios y su responsabilidad como corresponsal de varios diarios latinoamericanos y neoyorquinos, se dedicó al estudio detenido de la historia, la sociedad y en particular del sistema político estadounidense.
La figura más alta de las letras hispanas del siglo XIX, fue también la cabeza política más universal de su tiempo, un brillante periodista, ensayista de primera línea, poeta excelso, diplomático al servicio de varios países, catedrático de lengua inglesa, literatura francesa, italiana y alemana y de Historia de la Filosofía, políglota, crítico de arte y literatura, traductor y renovador de la lengua.
Hay cosas que, aunque sabidas, parece necesario repetir sin cansancio, para restar asideros a quienes prefieren ignorarlas. Los “ciegos y desleales” que José Martí repudió en su tiempo tienen continuadores hoy, y quién sabe hasta cuándo. Las evidencias no sugieren ingenuidad.
Nuestra América fue pensado en el siglo XIX cuyos procesos sociales de la época, culturales, económicos ya asomaban en un complejísimo orden de poder, riquezas, exceso de soberbias y vanidad, mientras un cáncer tan dañino que hoy también cunde y mata a América no ha sido totalmente extirpado: la pobreza.
El secretario general de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), Ernesto Samper Pizarro, destacó el pensamiento integracionista de José Martí y su vigencia para Latinoamérica.
La correspondencia epistolar representa una parte sustancial de la inmensa obra de José Martí, que a menudo privilegió este tipo de comunicación característico de su época. El Apóstol cubano intercambió así, a lo largo de su vida, centenas de cartas y esta abundante correspondencia se explica, entre otros, por el hecho de que pasó una gran parte de su vida en el exilio, lejos de los suyos y de sus seres queridos.
Con la finalidad de fomentar, desde un punto de vista martiano, las capacidades de la educación y la cultura para robustecer un sentimiento de solidaridad entre individuos, y de favorecer la inclusión social frente a las disímiles manifestaciones globales de segregación y discriminación, sesionará la Segunda Conferencia Internacional Con todos y para el bien de todos, entre el 25 y el 28 de enero próximos.
La ceremonia de entrega del Premio Internacional José Martí de la Unesco, otorgado por primera vez hace 21 años, tendrá lugar en la capital cubana a fines de este mes.