El triunfo de la Revolución cubana en 1959 fue un duro revés para el imperialismo yanqui, el cual no pensó y no concebía que frente a sus propias narices se erigiera un gobierno que no siguiera las pautas que hasta el momento dictaba para el resto del continente.
Aunque se ha hablado en momentos anteriores sobre los cursos que ofrece la SINA a sus cibersoldados en Cuba, resulta sano recordar cuáles son las verdaderas intensiones de esos “cursos a distancia”. Mienten al presentarse como promotores del acceso a la información de los cubanos los que obligan a Google y otros a bloquearnos herramientas informáticas, niegan a las empresas de telecomunicaciones la autorización para hacer contratos con Cuba, multan a quienes venden tecnología a la Isla, se roban las marcas cubanas sin respeto a la propiedad intelectual, y disfrazan el dinero que usan para pagar a sus mercenarios de “ayuda humanitaria”. De lo que sí no caben dudas es que perseveran en despilfarrar el dinero de los contribuyentes norteamericanos entre lo peor de la sociedad cubana.
Llamó mucho la atención, que el pasado 8 de noviembre el presidente Barack Obama declarara en Miami que era necesario “actualizar” la política de Estados Unidos hacia Cuba. Desde mi punto de vista, el objetivo fue exactamente lo que se dijo: recaudar fondos e impulsar la campaña demócrata para las elecciones parciales del próximo año. Lo relevante es que el lugar escogido fuese la casa del presidente de la Fundación Nacional Cubano Americana y que el tema para atraer al electorado cubanoamericano consistiera en la necesidad de transformar la política norteamericana hacia la Isla. ¡Cómo cambian los tiempos!, podría afirmar más de uno.
La Sección de Intereses de los Estados Unidos (SINA) en La Habana sigue fungiendo como cuartel general de la política de subversión del gobierno norteamericano contra Cuba.
Una vieja anexionista y un pichón de mercenario asistieron obedientes a la convocatoria de John Patrick Caufield y cinco días después llega la noticia de la supuesta huelga de hambre de Martha Beatriz, en boca de El Nuevo Herald, en Miami.
Bajo el patrocinio de la Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana, contrarrevolucionarios cubanos vuelven reunirse en la sede teatral del llamado Estado de SATS, en el barrio de Miramar, ahora en un Festival Clic supuestamente “dedicado a promover el uso de Internet en la sociedad cubana”, pero cuyo verdadero propósito es: “avanzar en la estrategia de construir redes previas a una agresión, como hicieron en Libia, Siria y antes en Yugoslavia.
Son fabricados a bajo costo, pagados con “jabitas en fin de año” y los dólares que desde el autollamado exilio reúnen los mismos cuatro gatos de siempre, apoyados además por el presupuesto que anualmente destina el gobierno norteamericano para promover la subversión interna en la Isla. ¿Adivinan quiénes son?
La formidable maquinaria de propaganda de la CIA, el dominio del ciber espacio controlado por las compañías a su servicio y la acción de cientos de mercenarios de la información, son proyectados contra Cuba, en especial, contra la juventud.
No fueron molestados y posiblemente para evitar el aburrimiento y ocupar su tiempo libre debieron elaborar largos informes explicativos de los fracasos que compartieron con el centro principal de la Agencia en EE.UU, hasta que poco a poco fueron retirados de La Habana, acompañados de una aureola negra de derrota que hacia lo interno prevaleció entre los encargados de trabajar contra la Isla en los servicios especiales norteamericanos.
De igual forma, también a finales del pasado año, las redes sociales cubanas dejaron al descubierto de forma gráfica, los efusivos abrazos que la actual líder de las Damas de Blanco, Berta Soler, se daba con los funcionarios de la SINA, asi como la furtiva entrada de la multipremiada Yoani Sánchez en casa del actual jefe de esa oficina, John Caulfield, con motivo de otro “acto”, casualmente, en honor de Pollán.