Las simplificaciones más comunes acogen extremos falsos: que la verdad está repartida entre todos, que es la suma de todos los ángulos de visión; que sin la verdad de los explotadores es parcial e incompleta la verdad de los explotados. Es curioso, pero los extremismos se ubican, paradójicamente, en la comodidad del centro. Por Enrique Ubieta.
El pasado jueves 22 de junio Razones de Cuba publicó el artículo La tercera opción en Cuba: El drama de los equilibristas, escrito por Raúl Capote. Posteriormente nos acercamos al autor e intercambiamos sobre elementos que algunos usuarios reflejaron en los comentarios del artículo en el sitio. Hoy compartimos los detalles de la conversación. Por Lisbet Penín Matos.
Enrique Ubieta, director de las revistas Cuba Socialista y La Calle del medio, dialogó sobre temas como el centrismo político, el neoanexionismo y el enfrentamiento permanente entre el socialismo y el capitalismo, como sistemas antagónicos.
La tercera opción, que es siempre por su esencia, contrarrevolucionaria, ha sido la herramienta más utilizada históricamente cuando los poderosos del mundo sienten que el “piso se les mueve” bajo los pies, cuando necesitan amansar la marea revolucionaria. Por Raúl Antonio Capote
Más en corredores mediáticos internacionales de cierto grado académico que dentro de Cuba, se ha intentado difundir la idea de que se está desarrollando una corriente centrista democrática en el ámbito político nacional. La pretensión es, en principio, artificial; una construcción desde la teoría que cuenta con el concurso de medios de divulgación que no abundan demasiado en sus bases, sino en el paquete de síntomas que hacen lugar común cuando de Cuba se habla.
Desde ya hace algún tiempo se ha estado moviendo, esencialmente en medios digitales, la idea de un “centrismo político” en la Cuba de hoy, como parte de una de las estrategias de Estados Unidos por subvertir el modelo socialista cubano.
Pretenden mover los patrones de la ideología revolucionaria del pueblo cubano hacia otra tendencia, el “centrismo ideológico”. Académicos también lo llaman contrarrevolución “no confrontacional”.