La ignominia en las cárceles estadounidenses (Parte II y Final)

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Por Miguel Angel García Alzugaray

Las guerras en el siglo XXI están marcadas por métodos no convencionales para intervenir, invadir y desmantelar los Estados-Naciones bajo una bien definida tipología en la que no faltan el coloniaje y neocoloniaje intelectual, la aculturación y la destrucción de los valores culturales, que atentan contra la etnicidad, principalmente de la sociedad afrodescendiente. La pretensión es perpetuar la cosificación, esclavización, el tratamiento del hombre como mercancía, y como mano de obra casi esclavizada, en los procesos de fabricación de los componentes tecnológicos armamentísticos de las corporaciones.

carceles

El modelo penitenciario de Estados Unidos es patente de la realidad antes denunciada, pues la situación llega al extremo en que las corporaciones multinacionales de la industria militar, se sirve de la población mayoritariamente afrodescendiente e hispana.

El incremento del racismo contra los afrodescendientes e hispanos en la sociedad estadounidense, además de evidenciar violaciones fundamentales de los Derechos Humanos, genera todo un sistema formal del modelo penitenciario, que exterioriza, adicionalmente, una problemática estructural más grave, profunda e irreversible: la crisis del sistema capitalista.

En la estructura del sistema capitalista, todo debe ser manejado para que cualquier actividad empresarial o social, sin ningún límite, genere lucro o ganancia, se convierta en un negocio, proscribiendo al pasado cualquier indicio de humanidad.

De esta manera el sistema penitenciario, llamado a ser un proceso de saneamiento social, donde los ciudadanos obtengan la oportunidad de rehabilitarse, transformarse y retribuir a la sociedad el daño causado, responde a los ánimos de explotación capitalista de los poderes, específicamente la industria militar, la cual también recibe beneficios de la explotación a  los privados de libertad.

Un trabajo de investigación realizado por el periodista norteamericano, Justin Rohrilch, reveló que la mayoría de los prisioneros de las cárceles en los Estados Unidos han sido instrumento productivo de la explotación por el Pentágono y las industrias militares multinacionales para la fabricación de piezas y componentes electrónicos de armamentos de la Fuerza Armada de ese país. Para tales fines, las fuerzas de trabajo que emplea son de prisioneros afrodescendientes e hispanos que representan un 70%, proporcional a una población penitenciaria de 2.319.258 internos. Ellos además de ser explotados, sustituyen el mercado laboral que debía ser contratado con las previsiones sociales de estas empresas multinacionales de la Industria Bélica, controlado por una tristemente célebre contratista llamada UNICOR.

Esos prisioneros que trabajan no reciben ni protección sindical, ni pago de horas extras, no poseen días de vacaciones, pensiones, beneficios de salud o Seguro Social. Por otro lado, la remuneración y su disfrute efectivo carecen de transparencia y de los estándares legales de la Organización Internacional del Trabajo. Más que claras las condiciones de esclavitud.

Las empresas contratistas

El trabajo en las cárceles es contratado por UNICOR, el cual se constituye como el trigésimo noveno mayor contratista del gobierno de EE.UU.  Cuenta con 110 fábricas en 79 centros penitenciarios federales, en donde existen 23.000 prisioneros. En 14 fábricas que se encuentran en las prisiones, más de 3 mil prisioneros elaboran piezas para los equipos electrónicos de la comunicación por tierra, mar y aire, de los misiles y de las bombas para la empresa transnacional BAE Systems.

BAE Systems plc es el segundo mayor contratista militar del mundo, además de ser una constructora aeronáutica comercial. BAE es una compañía británica con base en Farnborough, Hampshire y con intereses por todo el mundo, particularmente en Norteamérica a través de su subsidiaria BAE Systems Inc.

BAE se formó el 30 de noviembre de 1999 con la fusión de British Aerospace (BAE) y Marconi Electronic Systems (MES), la filial de defensa de General Electric (GEC). Como resultado de la fusión, BAE Systems es el sucesor de gran parte de los más famosos aviones y sistemas de defensa británicos.

En el modelo penitenciario de los Estados Unidos se establecen jugosos negocios económicos por el complejo Industrial Militar. Según su propio informe, en 2010, la empresa UNICOR recaudó 772 millones de dólares.  Emiratos Árabes Unidos, en 2011, realizó un acuerdo de adquisición de armas a Estados Unidos por el monto de 7 mil millones de dólares, la mitad del dinero se gastaría en misiles Patriots, que cuestan aproximadamente 5.9 millones de dólares cada uno. Las industrias de las cárceles estadounidenses, producen ganancias hasta de $ 30 mil millones de dólares al año, mientras que los reclusos ganan entre 23 centavos hasta $ 1.00 por hora.

En las fábricas de las cárceles estadounidenses, dirigidas por la empresa UNICOR, se elaboran diferentes piezas de armamentos y componentes electrónicos de alta tecnología para ser vendidas a las Corporaciones Multinacionales de la Industria Militar:

  • Componentes de los misiles Patriot Advanced Capability 3, y sus lanzadores de misiles TOW.
  • Componentes de los Misiles anti-tanques dirigidos por cable y con seguimiento óptico y otros sistemas guiados.
  • Componentes de aviones de combate F-15 de la Mcdonnell Douglas/Boeing.
  • Componentes electrónicos de los aviones F-16 de la General Dymnamics/Lockeheed Martin.
  • Componentes electrónicos de los helicópteros Cobra de la Bell/Textron.
  • Piezas para gafas de visión nocturna, chalecos anti-balas, uniformes de camuflajes, equipos de radios, comunicación y sistemas de iluminación, componentes para cañones anti-aéreos de 300 mm a 30 mm, rastreadores de minas terrestres, equipos electro-ópticos para el telemetro laser del vehículo Bradley de combate, de la BAE Systems.

La mayoría de las producciones generadas por UNICOR, sus productos y servicios son contratados por el Departamento de Defensa del Gobierno de los Estados Unidos. Las Corporaciones Multinacionales compran partes de las ensambladoras Raytheron y Lockheed Martin, ambas norteamericanas.

Estas no son las únicas contratistas de defensa que dependen de la mano de obra de las cárceles. En su estructura financiera internacional, UNICOR enlaza con otras empresas suministradoras de armamento europeo, como por ejemplo, la BAE Systems de Reino Unido y Finmeccanica de Italia, que son países que integran la OTAN, generando así un oligopolio de las industrias bélicas a nivel Mundial.

No solo las antes denunciadas tienen beneficios directos e indirectos sobre las poblaciones carcelarias en EE.UU. Las Corporaciones Transnacionales de Seguridad como la Whackenhut, y Group Security G4S, también tienen beneficios económicos por las cárceles privadas en los Estados Unidos, principalmente en la construcción, reconstrucción y/o remodelación.

También la Whackenhunt ha fabricado cárceles en Israel. Al respecto, las cárceles estadounidenses, las grandes corporaciones multinacionales de seguridad y de las industrias militares, son quienes ganan riquezas por el producto de la mano de obra de los prisioneros afrodescendientes e hispanos en los Estados Unidos.

El uso de presos como fuerza laboral en EE.UU. sigue preocupando a varias organizaciones sociales y de derechos humanos. Mientras, no solo las compañías privadas de las prisiones gozan de ese tipo de empleados, sino también las grandes empresas de alimentos y de telecomunicaciones, que lo hacen a fin de reducir sus costes de fabricación.

Las cárceles privadas son ya la tercera “empresa empleadora” de los EE.UU. (solo General Motors y Wal-Mart emplean más gente). Según ha dicho Gary Ross, guionista y director de Los Juegos del Hambre, “En Estados Unidos el sistema penal se usa para conseguir esclavos gratis”.

Los presos se rebelan

Los presos de 40 cárceles estadounidenses iniciaron el 9 de septiembre de 2016 una huelga masiva en protesta por la esclavitud a la que están sometidos.

El Comité Organizador de Trabajadores Encarcelados (IWOC) comunicó que esta iniciativa, la más amplia en la historia del país, se realizaba en centros de detención ubicados en 24 estados norteamericanos. Phillip Ruiz, un miembro de dicho comité, señaló que los reclusos participaban en una sentada, conjuntamente, realizaban una huelga laboral y de hambre.

Esta organización, que vela por los derechos de los presos, explicó que duras condiciones de vida, largas temporadas, incluso años, en celdas de aislamiento, precarias condiciones médica, cárceles sobrepobladas, ataques violentos y trabajos forzosos como esclavos, han motivado a los presos a iniciar esta huelga masiva.

La esclavitud en la actualidad aún está viva en el sistema penitenciario (de Estados Unidos)… pero a finales de este año ya no existirá”, indicó el Comité Organizador de Trabajadores Encarcelados (IWOC) en un comunicado emitido.

Los defensores de los derechos de los prisioneros también consideraron esta medida como un llamamiento para poner fin a la esclavitud en el país norteamericano.

La huelga masiva coincidió con el 45º aniversario de la rebelión de 1971 de los prisioneros del Centro Correccional de Attica, en Nueva York, donde los prisioneros asumieron la dirección del centro penitenciario, tomando como rehenes a los guardianes.

Los activistas lamentaron que las demandas de los presos en aquel año, aún se encuentren entre las reivindicaciones de las personas encarceladas en la actualidad.

Por desgracia, al final las expectativas de los huelguistas se vieron frustradas como tantas otras veces ha ocurrido en el pasado. En la actualidad el trabajo esclavo carcelario no solo continúa, sino que se ha incrementado significativamente.

Por ello, para el movimiento abolicionista contemporáneo acabar con las prisiones implica, necesariamente, la transformación de la sociedad en su conjunto. Las crisis de la encarcelación masiva de personas en Estados Unidos es al mismo tiempo una del orden racial. Los abolicionistas contemporáneos de Estados Unidos defienden esa transformación para que se genere un mundo, no solamente sin explotación de clases y dominación racial, sino también uno en el cual se modifiquen los regímenes de disciplinamiento y castigo.

En un país que alardea de ser el mayor defensor de los derechos humanos, el trabajo esclavo en sus prisiones no solo es una brutal violación de los más elementales derechos de los reclusos y sus familiares, así como una flagrante transgresión de los Tratados y Acuerdos internacionales vigentes sobre la materia, sino además, una oprobiosa afrenta a la dignidad del pueblo norteamericano, que muestra descarnadamente la naturaleza explotadora del imperialismo yanqui.

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