Aliados desconfiados

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Por Francisco Arias Fernández

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Cuando Donald Trump, recién llegado a la Casa Blanca, decidió romper con el Acuerdo de París contra el cambio climático, muchos dijeron que Estados Unidos “ha dejado de ser un aliado del planeta”. Ahora, al retirarse del internacionalmente luchado y defendido arreglo nuclear de Irán, ha desatado las alarmas de si también dejará de ser un aliado de Europa, después de siete décadas de complejo matrimonio.

La retirada estadounidense del citado acuerdo del clima, el traslado de la embajada norteamericana en Israel a Jerusalén, los crímenes sionistas contra manifestantes palestino en la Franja de Gaza, las sanciones contra Rusia y otros países que impactan negativamente en las economías del Viejo Continente, la salida del citado arreglo nuclear de Irán, son los puntos más visibles de la contraposición de políticas e intereses de la Unión Europea respecto a Estados Unidos, que -como aprecian muchos- ahonda la brecha cada vez más profunda entre los importantes actores globales y viejos aliados.

“Tenemos cada vez más asuntos en los que la política exterior estadounidense va contra la política exterior europea o contra los intereses europeos”, declaró recientemente a un importante medio de prensa británico Manuel Lafont Rapnouil, director del centro de París del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores. Sin embargo, las diferencias entre Estados Unidos y la UE en torno a la cuestión iraní son más profundas que en casos anteriores.

Al abandonar el acuerdo nuclear con Irán, Donald Trump no solo rompió puentes con Teherán, también se alejó de Bruselas, desencuentro que no es solo diplomático, sino también político y -potencialmente- económico, y se suma a una serie de desacuerdos que tensaron, desde la llegada del presidente estadounidense, la estrecha relación entre las partes.

“Hay conflictos a las puertas de Europa. Y la época en la que podíamos confiar en EE UU se acabó”. Fue la reacción inmediata de la canciller alemana, Angela Merkel, ante la decisión del presidente estadounidense, Donald Trump, de retirarse del acuerdo nuclear con Irán que convierte Oriente Próximo en un avispero. El francés Emmanuel Macron la secundó: “Algunas potencias han decidido incumplir su palabra: estamos ante grandes amenazas y Europa tiene el deber de mantener la paz y la estabilidad en la región”. “No podemos dejar que otros [en referencia a Washington] decidan por nosotros”, subrayó el presidente francés.

Europa reacciona muy molesta a la retirada de EE.UU. del citado acuerdo, que deja a las empresas del continente expuestas a sanciones, lo que de inmediato ha provocado una escalada de los precios del petróleo y azuza aún más las tensiones en el Medio Oriente.

Importantes medios europeos señalan que “está claro que la luna de miel entre EE UU y Europa, que ha durado 70 años, toca a su fin”, y recuerdan que Trump ya hizo públicas sus intenciones durante su campaña electoral, pero los analistas esperaban que todo quedara en andanadas populistas contra la Unión Europea para ganar los comicios.

Opinan que tal percepción constituye un “craso error”, pues la escalada desde su llegada al Despacho Oval “es espectacular”. Trump dinamitó el acuerdo del clima de París, declaró obsoleta la OTAN, empezó hace unas semanas con las amenazas proteccionistas y da ahora la puntilla con la ruptura del acuerdo con Irán, que supone un bofetón para los intereses europeos y sobre todo un mazazo para la geopolítica y la seguridad global, coincide la prensa europea.

Se lamenta además que a pesar de las sucesivas visitas a Washington de Merkel, Macron, el ministro de Exteriores británico, Boris Johnson y otros líderes, Trump ha acabado cumpliendo sus amenazas en Irán, en una decisión que recuerda a los capítulos previos a la guerra de Irak, hace ya 15 años. La diferencia es que esta vez Washington no busca complicidades en Europa: tanto Merkel como Macron dejaron claro que su sintonía con Trump es nula en este asunto, y que Europa debe apuntalar a toda prisa su política exterior ante la constatación de que su histórico aliado ha dejado de serlo. “Sabemos que es un situación extremadamente complicada”, dijo Merkel; “se trata verdaderamente de decidir entre la guerra y la paz”, añadió.

Macron hizo un llamamiento a fortalecer la política exterior y de defensa comunes, pese a las históricas reticencias de Berlín en esos asuntos. La UE lleva unos días con sus baterías diplomáticas destinadas a minimizar el impacto de esa afrenta.

“La decisión de abandonar el acuerdo nuclear con Irán aísla a EE.UU., incumple un compromiso del país, aumenta el riesgo de una guerra comercial con los aliados de EE.UU. y de una guerra real con Irán”, escribía recientemente en Reuters James Dobbins, exayudante de la Secretaría de Estado de Estados Unidos y actualmente investigador en el centro de estudios Rand Corporation.

“La decisión de mantener el acuerdo con Irán pese a la retirada de EE.UU. en lo fundamental no se trata de intereses económicos, sino de promover una idea determinada de la seguridad internacional y una visión concreta de cómo debería ser el orden mundial desde un punto de vista más multilateral y donde se respeten los compromisos adquiridos”, sostuvo Manuel Lafont Rapnouil, director del centro de París del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores.

Hasta la fecha, la respuesta de la UE fue contundente: el acuerdo continúa en pie, pese a la retirada estadounidense. Sin embargo, la división de la UE a la hora de enfrentarse a anteriores crisis transatlánticas plantea dudas sobre cuánto tiempo será capaz Europa de conservar una postura unida y de resistir las intensas presiones que realizará Washington por todas las vías posibles para fracturarla e imponer su hegemonismo.

Donald Tusk, jefe del Consejo Europeo, ha sido muy preciso al sintetizar en una frase la connotación del momento político de las relaciones trasatlánticas: “Mirando las últimas decisiones del presidente Trump, uno podría pensar que, con amigos así, no hace falta enemigos”.

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