Y vienen a convidarme a que me olvide

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Por Osmel Suárez García*

La historia de nuestro país está cargada de sucesos de extraordinaria relevancia política y valores humanos, esos que el presidente estadounidense Barack Obama durante su visita nos convidó a olvidar.

MR35A lo largo de nuestras luchas independentistas, muchos fueron los sacrificios de los cubanos dignos y de aquellos que identificados con la causa de la libertad nos brindaron su incondicional apoyo, hijos legítimos de la patria. Entrar en contacto con los testimonios de los protagonistas, permite sin dudas lograr un conocimiento más amplio y rico del bregar histórico de nuestros héroes, hombres de carne y hueso que marcaron con sangre el camino de la libertad y la formación de nuestra nacionalidad.

A los jóvenes, principalmente, convido a que lean libros como “Memorias de la Guerra” de Enrique Loynaz del Castillo, General de la contienda de 1895; “Crónicas de la Guerra” de José Miró Argenter, Jefe del Estado Mayor del Lugarteniente General Antonio Maceo;  “Diario de soldado”, escrito por Fermín Valdés Domínguez, entrañable amigo del Apóstol, entre otros textos convertidos hoy en verdaderos clásicos de la literatura cubana y fuentes inagotables de conocimientos, que nos muestran a los hombres desde su perspectiva humana, con todas las vicisitudes, aciertos y desaciertos, pero con el fiel propósito de conquistar la libertad de la patria al precio de cualquier sacrifico. Llenos de humildad y con recia disciplina eran esos hombres, llevando en sus entrañas la ideología de la libertad.

Precisamente el General Loynaz del Castillo, en uno de sus primeros testimonios, relata cómo el 10 de abril de 1869 el pueblo de Guáimaro, en la demarcación de Camagüey, vio entrar por su calle principal “al frente de sus bravos, el más bizarro caballero de la República: a su paso los bronces de la Iglesia dilataron su resonancia. ¡Que se callen, que se callen las campanas: qué sólo a la Nación se rindan homenajes!” “¡El jinete que así ordenaba era Ignacio Agramonte!”[1], quien junto a Carlos Manuel de Céspedes, Padre de la Patria y un grupo de patriotas revolucionarios, proclamaron la primera Constitución de la República.

Gente modesta, trabajadora, campesinos, tabaqueros y otros muchos que desde el anonimato comprendieron la necesidad de una ¡Cuba Libre! y que llevaban en el alma su arraigo a la nación cubana.

¿Cómo pretenden  que olvidemos las tremendas cargas al machete de nuestros mambises contra el ejército colonialista español?, cuyos soldados temblaban al escuchar el grito redentor ¡corneta toque usted a degüello! ¿Cómo echar a un lado el heroico incendio de Bayamo en enero de 1869?, cuyos pobladores prefirieron verla arder en llamas antes que entregada al coloniaje y la subyugación española.

No en vano fueron las más de 20 heridas sufridas en su cuerpo por el Titán de Bronce, quien además, fue objeto de un terrible atentado mientras se encontraba en Costa Rica. El 10 de noviembre de 1894, al término de una función ofrecida por una compañía cubana en el Teatro “Variedades”, tienen los españoles planeado asesinar a Maceo  y al joven Enrique Loynaz, este último enterado de tal plan informó a Maceo, quien insistió en asistir al teatro.

Al término de la función, junto a un grupo de patriotas cubanos y extranjeros como el caso del colombiano Adolfo Peña, fueron seguidos por un grupo de españoles, quienes cerrándoles el paso en la Avenida Central iniciaron los disparos: “¡A Maceo!” “¡Tiradle a Maceo!”[2] En el intercambio, y a traición es herido gravemente por un disparo, cuyo proyectil se internó aparentemente en el pulmón. Grave  de salud estuvo, pero resistió para la Patria.

De igual importancia para nuestra sociedad, principalmente para nuestros retoños más preciados, lo constituye la presencia de niños en las luchas independistas, que no por ser los más frágiles dejaron de aportar con valeroso heroísmo a la causa emancipadora.

Octavio Pérez González fue uno de estos niños que en agosto de 1895, con apenas catorce años, se incorporó al Ejército Libertador, convidado por la actitud de su valerosa madre María Luisa González, quien le expresó a sus hijos “prefería verlos muertos antes que vestidos con el odioso uniforme de guerrillero (español)”. Octavio alcanzó el grado de Alférez durante la contienda y llegó a integrar  la escolta personal del General Máximo Gómez. El 24 de mayo de 1897 caía en combate frente a una partida enemiga que lo atacó por sorpresa encontrándose desarmado. Al conocer la noticia el doctor Fermín Valdés Domínguez escribió en su diario el 30 de mayo de 1897: “…aún tenía todas las energías y las virtudes patrióticas de un hombre; un héroe humilde más para la ya larga y hermosa lista, escrita más que en papeles, en el corazón de todos los que sabemos amar esta tierra y por su honra y su gloria vivimos”.[3]

Entonces, ¿cómo olvidar los cientos de momentos trascendentales de nuestra historia?, eso es imposible. Esta es nuestra historia, la que forjó el destino de la nación.

A propósito de las coincidencias históricas, señor Obama, el 7 de diciembre de 1896  caía en combate el General Antonio Maceo, grave y sufrida pérdida para la gesta libertadora. Ese mismo día ante el Congreso de los Estados Unidos el Presidente Cleveland en su “Mensaje Anual” expresaba notables afirmaciones respecto a Cuba, entre ellas: “El espectáculo de la entera destrucción y ruina de un país vecino que por la naturaleza es uno de los más fértiles y encantadores del mundo llamaría en cualquier circunstancia la más seria atención de Gobierno y el pueblo de los Estados Unidos…La Isla está tan cerca de nosotros que apenas puede considerarse separada de nuestro territorio….Fundamentalmente se estima que no menos de treinta a cincuenta millones de pesos en capital americano están invertidos en la Isla…”[4]

Este documento también contenía valoraciones realizadas por el gobierno norteamericano respecto a la situación beligerante en Cuba y el no reconocimiento de las fuerzas libertadoras, a lo cual el General Máximo Gómez respondió con elegante elocuencia y preciso verbo: “Sépanlo los que nos muestran sus simpatías, y los que ofrezcan su apoyo, desde cualquier región del mundo; sépanlo los americanos que nos brindan sus buenos oficios; sépanlo los cubanos todos; y no olviden nunca, ni uno ni otros, que nuestro lema único es la Independencia absoluta de la Isla de Cuba, y  nuestro solo fin la Constitución de una República  democrática , libre y soberana.[5]

Evoco estos relatos tan necesarios en tiempos como los que corren, donde un entramado de proyectos subversivos dirigidos esencialmente a los jóvenes, pretende socavar las bases de nuestro proceso revolucionario apostando al relevo generacional.

En el contexto del restablecimiento de las relaciones bilaterales con Estados Unidos, debemos potenciar y enseñar la historia de Cuba desde otra mirada, es necesario que nuestros niños, adolescentes y jóvenes sean capaces de enfrentar con argumentos, la tormentosa oleada subversiva impregnada de patrones consumistas, alejada de los más preciados valores éticos y morales y, sobre todo, para no olvidar jamás que por la Patria, como nuestros antecesores, daremos hasta la vida si fuese necesario.

[1] Loynaz del Castillo, Enrique. Memorias de la Guerra. 1981, P. 12

[2] Ídem., P. 96

[3] Téllez Castillo, Calixto. Epopeyas de niños patriotas.2013, P.37.

[4]  Loynaz del Castillo, Enrique. Memorias de la Guerra. 1981, P. 452

[5] Ídem, P.460

* Licenciado en Derecho. Maestrante en Relaciones Políticas Internacionales.

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4 Comentarios

Tatuchi. dijo:

No podemos olvidar, ni debemos permitir que se olvide, la historia de nuestra nación, la historia de nuestro patriotismo, nuestro coraje y valentía que tras 148 años, nos han traído hasta aquí, hasta el hoy.
Excelente reportaje.

11 octubre 2016 | 11:32 am
ivan dijo:

Lo que necesitamos son los maestros que enseñen esa historia. Lo s maestros en Cuba no estan olvidados, pero si estan mal atendidos y me refiero a eso en el tema salarial, los que emigran del sector lo hacen por ese motivo.

11 octubre 2016 | 12:12 pm
Aracelys dijo:

Muy elocuente su artículo, coincido plenamente con usted cuando incita al aprendizaje de nuestra historia a niños y jóvenes pero reformando los métodos, la historia es pasión, hay que saber contarla, para eso se necesita, además del conocimiento, sensibilidad y fibra patriótica, no es posible hablar de un hecho histórico con frialdad, esquematismo, quien la imparta debe vibrar al narrar el acontecimiento..
Confío en que rescatemos los métodos que nos dieron resultados y sepamos atinadamente crear otros atendiendo a las nuevas circunstancias.Gracias.

11 octubre 2016 | 12:39 pm
ulises dijo:

Realmente olvidar nuestra historia seria una herejia, como señalan los seguidores de cristo, tener presente cada dia la entrega,valentia y coraje que a lo largo de 148 años transcurridos han mostrado nuestros martires y heroes que de una forma u otra han luchado por nuestra soberania ,hoy mas que nunca nuestra historia debe estar presente en nuestra vida y quehacer diario.

11 octubre 2016 | 12:45 pm