Vivo en un país necio

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Por Manuel Alejandro Reyes

El mundo está cambiando, como lo ha hecho siempre en todas las épocas. Pero como este es mi tiempo y espacio, debo declararme responsable ante mis actos y mi juicio; que aclaro, puede o no coincidir con otros.

Vivo en un país increíble, con gente verdaderamente humilde que se levantan todos los días y trabajan por el bienestar propio, de su familia, y por la sociedad a la que pertenecen. Un país que ha aprendido de su historia y ha hecho historia con sus hombres y mujeres en cualquier parte del planeta.

Las 24 horas del día se puede disfrutar de su folklor cotidiano. Un niño iza la bandera en una escuela. El maestro introduce el tema de la asignatura y el alumno toma notas. Hay quien se levantó temprano para entregar el pan de la jornada. Un obrero se esfuerza por cumplir la meta. Allá en el campo, los guajiros se saludan y aferran a la tierra bajo un sol que raja las piedras. Un intelectual repiensa su creación. El deportista se prepara y el músico reinventa el son y la timba. El ingeniero busca soluciones para aumentar la productividad de la empresa. Un trabajador por cuentapropia encuentra la fórmula para hacer más rentable su negocio. Alguien se divierte en una fiesta. Un santero pide salud y dinero “pa´ su ahija´o”, mientras en otro sitio el médico le salva la vida. Todo ocurre en el mismo instante en que muchos otros, además, se empeñan en que esta nación se mantenga tranquila y disfrute de sus más justos logros en beneficio del pueblo.

Por supuesto, están aquellos que sólo pretenden aprovecharse de la situación y vivir de la nada, o mejor dicho, del esfuerzo del resto. Son los mismos, que no piensan en la consecuencia de sus actos porque son producto de un ambiente desfavorable que los hizo permanecer en el mismo lugar. Aunque siempre hay quien salte hacia el otro extremo por la “santa” y mal interpretada gracia de “estar en la lucha”.

Y claro, como parte indisoluble de este ajiaco, están los enemigos de la Revolución, que bajo la bandera del terrorismo y la teoría de la fruta madura, han hecho posible que tengamos que ingeniar nuestras causas y azares. Por supuesto, que en cada época hemos tenido errores y aciertos, reveses y victorias, hijos y apóstatas; y en todo ello, los más genuinos deseos de triunfar.

Por otra parte, sucede que vivimos en un archipiélago rodeado de mares y compuesto por una naturaleza exuberante. También están las mulatas, el tabaco, el ron y todo lo que sea un atractivo para el visitante extranjero. La cortesía de decir “bienvenido a Cuba” forma parte de la moda que declara a nuestro país en el “boom”. Ahora los intercambios y la apertura. Ahora, quién no conoce a Cuba “no sabe lo que es la vida”.

La introducción paulatina de medidas más justas e inclusivas ha señalado un nuevo camino, en el que tenemos nuestra cuota de responsabilidad ciudadana. Si tan bueno es generar ingresos familiares, entrelazarnos en la cultura del TENER, lo es también, SER en valores y educarnos como parte de una Revolución dentro de otra Revolución, donde nos han enseñado que con los símbolos patrios y los héroes, no se juega, porque constituyen la esencia de nuestras raíces más vitales. Según pude leer alguna vez, la Revolución no es un lugar de llegada sino un punto de partida.

No es posible quedarse de brazos cruzados en tiempos tan difíciles como transcurren en el presente.  La realidad que nos circunda impone el reto de prepararse y definirse hacia nobles causas. Puede ser un tránsito individual o colectivo, pero lo lógico es que debe suceder desde la participación política, social y cultural. Se trata de ver nuestros proyectos personales unido al proyecto social.

Una globalización cada vez más tajante en todos los ámbitos sucede como la debacle en pleno siglo XXI. Junto a la influencia de los mecanismos de dominación son el terreno perfecto para generar la crisis. La interpretación de los fenómenos y los hechos son una catapulta para enriquecer nuestras conclusiones. De la crisis se desprende el progreso, pero habría que analizar de qué bando estamos.

¿Qué hubiera sido de este país si Carlos Manuel de Céspedes, no le hubiera dado la libertad a los esclavos? ¿Qué hubiera sido de este país si Martí no se hubiese atrevido a fundar un Partido Revolucionario Cubano? ¿Qué hubiese sido de este país sin Fidel y sin Raúl en la vanguardia? ¿Qué hubiese sido de América Latina sin el ejemplo de Cuba?

Cada uno de nosotros somos parte de la respuesta y tenemos el grato compromiso de asumir con sentido crítico y desde la voluntad ciudadana, lo que será en el futuro, el país de nuestros hijos. Y aunque en el presente la subsistencia tiene un toque más individualista y material, y hasta pudiera decir, un tanto pesimista en ocasiones, siempre habrá personas que crean, tengan fe y luchen por lo que trasciende en el alma y la virtud de lo humano, desde la utilidad.

Disculpen si los estoy aburriendo, es que hoy un hombre pasó por la calle cantando “El necio” de Silvio Rodríguez, y me recordó viejos tiempos de sueños e ilusiones, como los que transcurren en este país que me trasciende en la sangre.

Letra de la canción “El Necio” de Silvio Rodríguez

Para no hacer de mi ícono pedazos,
para salvarme entre únicos e impares,
para cederme un lugar en su Parnaso,
para darme un rinconcito en sus altares.

Me vienen a convidar a arrepentirme,
me vienen a convidar a que no pierda,
mi vienen a convidar a indefinirme,
me vienen a convidar a tanta mierda.

Yo no sé lo que es el destino,
caminando fui lo que fui.
Allá Dios, que será divino.
Yo me muero como viví.

Yo quiero seguir jugando a lo perdido,
yo quiero ser a la zurda más que diestro,
yo quiero hacer un congreso del unido,
yo quiero rezar a fondo un hijo nuestro.

Dirán que pasó de moda la locura,
dirán que la gente es mala y no merece,
más yo seguiré soñando travesuras
acaso multiplicar panes y peces.

Yo no sé lo que es el destino,
caminando fui lo que fui.
Allá Dios, que será divino.
Yo me muero como viví.

Dicen que me arrastrarán por sobre rocas
cuando la Revolución se venga abajo,
que machacarán mis manos y mi boca,
que me arrancarán los ojos y el badajo.

Será que la necedad parió conmigo,
la necedad de lo que hoy resulta necio:
la necedad de asumir al enemigo,
la necedad de vivir sin tener precio.

Yo no sé lo que es el destino,
caminando fui lo que fui.
Allá Dios, que será divino.
Yo me muero como viví.

 

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2 Comentarios

Reinier dijo:

Buen trabajo “Vivo en un país necio”. De los mejores que he leído en mucho tiempo. Es un llamado a defender lo que somos, en nuestra época y espacio. Es cierto, somos responsables del futuro de nuestra nación. Debemos mantenernos al lado de los que perseveran y desean un mejor país. Felicidades.

9 junio 2016 | 12:00 pm
Rosa dijo:

Agradecidos por su comentario, siga siempre nuestro Sitio que lo actualizará sobre las verdaderas razones de nuestro país. Saludos

9 junio 2016 | 12:47 pm