VII Cumbre #CubaCaribe con medicina integral y solidaria

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13382301_1131293070245741_1236131059_nPor Martha Gómez Ferrals

Ese salto, si se quiere cualitativo, respondió a los imperativos de la necesidad y hermandad. En 1998, el paso de los huracanes Mitch y George por el área de Centroamérica y el Caribe había dejado una enorme secuela de devastación y dolor en varios países.

El llamado a la comunidad internacional realizado en la zona, encontró eco en Cuba, donde rápidamente se comprendió que no solo era necesaria la ayuda por las consecuencias de los desastres, se necesitaba más.

Una estrategia de presente y futuro, de trabajo sistemático y mancomunado, incluso formador, para contribuir a mejorar la vida y la salud de millones de seres humanos, sobre todo los más pobres y vulnerables.

A iniciativa del presidente cubano Fidel Castro se creó en 1998 el Programa Integral de Salud (PIS), con enfoque inaugural hacia la Cuenca del Caribe y Centroamérica, pero que paulatinamente pasó a beneficiar con sus accionar a naciones de África y Asia.

Por entonces Cuba transitaba por lo más álgido del período especial y depresión económica causados por la debacle de la URSS y el campo socialista a principios de los 90. Una etapa que, junto con el agudizado bloqueo estadounidense, impuso sacrificios y penurias a su pueblo.

Sin embargo, la vocación solidaria de los cubanos los estimuló una vez más a compartir lo poco que tenían y sus avances en materia de salud y ciencia, de gran prestigio, con las víctimas de las tragedias.

Sin obviar que la contribución de la Isla fue más amplia e incluyó otros campos y variantes.

El Plan Integral de Salud contemplaba el envío gratuito de personal, sobre todos médicos generales integrales, por espacio de dos años.

Los cubanos trabajarían en áreas rurales donde no interfirieran con la labor de los especialistas autóctonos, y tendrían bien documentados los avales de las autoridades acerca de su competencia y capacitación.

También comenzó la formación en Cuba de profesionales de la medicina de esos países, con el fin de ayudarlos a enfrentar eficazmente sus objetivos de mejoramiento sanitario y enfrentamiento a consecuencias de desastres naturales característicos del área. Toda la experiencia nacional al respecto, reconocida por OMS, OPS y otros, se ha ofrecido con generosidad.

Se crearon 11 escuelas de medicina en distintos países del orbe. En el área caribeña ya existía desde 1984 la de Guyana y en 2001 se abrió una en Haití. Todas con el apoyo de profesores cubanos.

Un acontecimiento trascendente fue la fundación en noviembre de 1999 de la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM), inaugurada por Fidel, como parte del PIS, en cuyas aulas y centros asistenciales cubanos vinculados, de creciente espectro, se han formado gratuitamente miles de estudiantes caribeños, latinoamericanos y del mundo, incluidos estadounidenses.

El único compromiso de las doctoras y doctores egresados es con la salud de sus pueblos de origen o hermanos.

La preparación de personal de enfermería en el Caribe ha recibido el respaldo efectivo de Cuba. Se trata de un sector muy afectado por la migración hacia países desarrollados en el área durante muchos años.

Con el apoyo de Cuba se creó en Dominica la Escuela de Formación de Enfermeras para el Caribe. Cientos de jóvenes de los países integrantes de la Comunidad del Caribe (CARICOM) se han capacitado en esa especialidad allí y en Cuba.

Con el arribo de la brigada médica cubana en febrero de 2016 a Las Bahamas igualmente se cubrió la totalidad de los países de CARICOM con servicios médicos de la mayor de las Antillas insertados en sus programas nacionales. Un aporte que cada vez se respeta y aprecia más.

Haití, la nación más empobrecida de la cuenca, recibió en diciembre de 1998 la llegada de la primera brigada médica cubana, para ayudar a paliar las consecuencias del huracán George, que causó miles de muertos en la nación hermana.

Desde entonces ha sido constante la cooperación desinteresada en el campo médico, tanto de galenos, enfermeros y personal técnico.

En especial esa cooperación creció y se hizo más especializada a raíz del terremoto que asoló esa nación en 2010, con un saldo de más de 300 mil muertes y terribles secuelas de salud, entre otros males agravados por la extrema pobreza.

La brigada médica cubana también fue ejemplar en el combate a la epidemia de cólera que siguió al terremoto y segó cuantiosas vidas.

Un tipo de cooperación que muchos ignoran y los grandes medios silencian. La colaboración con la nación de Toussaint Louverture ha sido especialmente entrañable y consolidada por razones humanitarias, morales y por voluntad política de las autoridades cubanas.

En 2004, en estrecha colaboración con Venezuela y el entonces presidente Hugo Chávez, nació la Operación Milagro, dirigida a devolver la visión y ofrecer tratamiento oftalmólógico a la población más vulnerable.

Hoy, ese sensible programa ha beneficiado a pacientes de los países de CARICOM sin excepción, desde Cuba y en sus propias naciones. También a miles de hermanos de América Latina.

No se puede dejar de citar el invaluable y humano aporte de los integrantes del Contingente de especialistas Henry Reeve, formado el 25 de agosto de 2005, por el que han pasado decenas de miles de especialistas, dedicados a los enfrentamientos de desastres.

Se podrían precisar los millones de consultas, cientos de miles de intervenciones quirúrgicas y de vidas salvadas.

Algo que no tiene precio posible, más allá de su costo material. Pero más importante es hablar del trabajo abnegado, la entrega e incluso sacrificios del día a día de los cubanos participantes en la cooperación, animados por la solidaridad.

También resaltar lo que una obra así representa para la unidad, la integración y la complementación de pueblos hermanos, en contra de la tradicional expoliación de sus riquezas, sufrida históricamente.

De a poco, se construye un mundo nuevo en el Caribe. Con diferentes relaciones entre pueblos y gobiernos. Con la mejoría de la calidad de vida que trae la atención médica a los desfavorecidos y olvidados de siempre. No hay mejor resultado.

Tomado de Voltaire

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