Víctimas de agresiones imperialistas

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Por Pedro Etcheverry Vázquez

El viernes 16 de noviembre del 2012, durante intensos bombardeos de la aviación de Israel contra la franja de Gaza y Cisjordania, resultaron muertos 28 palestinos y más de 250 heridos, incluidas 70 mujeres, tres ancianos y siete niños. La escalada no ha cesado.

Julio del 2014, en la misma región, nuevos bombardeos israelíes cobran más de mil víctimas; las imágenes son estremecedoras. Hoy es contra Palestina, mañana puede ser contra cualquier otra nación, con el pretexto del llamado “combate contra el terrorismo”.

En el 2012 la imagen inocente de Omar Misharawi, niño palestino de once meses y residente en la franja de Gaza, está grabada en la memoria de muchas personas. Aun está presente la estremecedora expresión de dolor del joven padre con su cuerpecito inerte en brazos, envuelto en una sábana. Era Jihad Misharawi, periodista árabe de la cadena británica BBC, quien nunca imaginó que él y su pequeño serían víctimas de una de esas salvajes agresiones.

Dos años después se repiten las imágenes, mostrándonos un fábrica de luto y dolor causados por Israel, en total complicidad con su patrocinador el Gobierno norteamericano y el apoyo logístico del Complejo Militar Industrial de Estados Unidos.

Los pueblos no pueden olvidar que en distintas etapas, las fuerzas armadas de Estados Unidos y sus aliados, han ejecutado miles de operaciones militares contra regiones pobladas de civiles. Japón, Corea, Guatemala, Cuba y la península de Indochina, principalmente Vietnam, han sufrido sus agresiones.

Japón es un vivo ejemplo de esas políticas criminales, cuando las poblaciones de Hiroshima y Nagasaki, fueron víctimas del impacto de dos bombas atómicas. La información oficial recoge que solo en Hiroshima, ocasionaron 129 mil 558 muertos, heridos o desaparecidos, donde más de 176 mil 987 quedaron sin hogares. La explosión arrasó más de diez kilómetros cuadrados de territorio.

Durante la invasión yanqui a Corea en junio de 1950, se reportaron más de cuatro millones entre muertos y heridos.

En 1954 la CIA preparó el golpe de estado que derrocó al presidente constitucional de Guatemala, Jacobo Árbenz Guzmán. La invasión ejecutada por el Gobierno de Estados Unidos, provocó una alta cifra de muertos y heridos.

El 21 de octubre de 1959 dos aviones piratas ametrallaron la capital de Cuba, dejando un saldo de dos muertos y 45 heridos. Entre ellos, los niños Miguel Payret Gutiérrez, Reemberto Cordero Hernández, Guadalupe Isidrón Proenza, y Herminia Fernández Drake. Las aeronaves habían despegado de un aeropuerto en Pompano Beach, Florida. Uno de los pilotos era el cubano refugiado en Miami, Pedro Luis Díaz Lanz. Nunca fue detenido ni juzgado por esos crímenes.

El 4 de marzo de 1960 el buque francés La Coubre, con un cargamento de municiones y granadas adquiridas por Cuba para su defensa, estalló producto de un acto terrorista en el puerto de La Habana, donde murieron 101 personas y 400 resultaron heridas, incluidos 12 niños residentes en zonas aledañas.

Pasado más de medio siglo, el Gobierno de Estados Unidos no ha desclasificado documento alguno sobre ese abominable hecho terrorista. Los archivos franceses que guardan información sobre el tema, deberán permanecer cerrados durante 150 años. ¿Cuáles serán las razones para tanto secretismo?

El primer Programa de Acción Encubierta contra Cuba diseñado por la CIA, con la autorización del presidente de Estados Unidos Dwight D. Eisenhower, incluyó entre sus direcciones principales, el sabotaje y la creación de la contrarrevolución armada.

Durante 1961 y 1962 fueron asesinados por acciones terroristas dirigidas y financias por la CIA, 34 niños entre 2 y 15 años de edad,  2 maestros, 4 brigadistas alfabetizadores y 7 de sus colaboradores.

Fueron objeto de sabotajes 152 escuelas, 17 centros comerciales y recreativos y alrededor de 21 salas cinematográficas, muchas de ellas destruidas con petacas incendiarias de fabricación norteamericana introducidas por la CIA en el país, con un saldo de 66 personas heridas.

Como resultado de la invasión por Bahía de Cochinos, de la Brigada mercenaria 2506, entrenada y financiada por la CIA, murieron 176 personas y 300 resultaron heridos, de ellos 50 incapacitados de por vida.

De acuerdo con documentos desclasificados por el Gobierno de Estados Unidos, entre el 28 de septiembre de 1960 y abril de 1961, la CIA introdujo clandestinamente en Cuba 75 toneladas de explosivos y armamentos mediante operaciones aéreas y 46,5 toneladas a través de infiltraciones por vía marítima.

El Coronel Jack Hawkins, jefe de la sección de personal paramilitar en el centro de operaciones de la Fuerza de Tarea de la CIA, aseguró que en este período, en Cuba se perpetraron 110 atentados dinamiteros, se colocaron 200 bombas, se descarrilaron 6 trenes, se provocaron más de 150 incendios en grandes objetivos estatales y privados, incluyendo 21 viviendas y unos 800 en plantaciones de caña. Estos documentos dados a conocer por las autoridades norteamericanas, no mencionan a las víctimas.

El pueblo de Vietnam sufrió una de las más crueles masacres recordadas en la historia moderna. Más de dos millones de vietnamitas murieron, tres millones resultaron heridos y cientos de miles de niños quedaron huérfanos.

En 1981 la introducción clandestina en Cuba del virus del dengue hemorrágico, inexistente en la isla hasta ese entonces, afectó a más de 350 mil ciudadanos, cobró la vida de 158 personas, de ellas 101 niños. Ese mismo año, en la provincia de Guantánamo, donde se encuentra enclavada en contra de la voluntad de nuestro pueblo la Base Naval norteamericana, se declaró un brote de disentería que ocasionó la muerte de 18 niños; epidemia producida por la bacteria Shiguella, no reportada anteriormente en el país.

En 1984 Eduardo Arocena Pérez, cubano residente en Estados Unidos y jefe de la agrupación terrorista Omega-7, declaró ante el tribunal federal de Nueva York, cuando lo juzgaban por hechos terroristas cometidos en territorio norteamericano, que “la misión de su grupo era obtener ciertos gérmenes para introducirlos en Cuba.”  Esa confesión fue desestimada por las autoridades judiciales.

Al conocer el caso del niño palestino Omar, también vienen a la mente los niños afganos, iraquíes, libios y sirios, que junto a japoneses, coreanos, guatemaltecos, nicaragüenses, vietnamitas y cubanos, han sido víctimas de la política imperialista.

Ante tantos aborrecibles crímenes cabe la pregunta: ¿Hasta cuándo la comunidad internacional y el propio pueblo norteamericano, permitirán situaciones similares?  ¿Quién será el próximo niño muerto a causa de esas agresiones imperialistas?

Es hora de cerrar filas y detener tanta maldad.

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1 Comentario

Zuleika González Palmero dijo:

Yo me visto de niña a mis 41 años para disfrutar en la pantalla grande del éxito y logro que es Meñique, nuestra primera película en 3D y pienso que es como si estuviéramos en un mundo paralelo, porque tengo la posibilidad de vivir en tierra de David, y veo con horror y angustia como Goliat sigue arremetiendo contra todo lo que se interponga en su camino. Pienso en los miles de niños que ya no podrán disfrutar de Meñique, ni ver el sol porque les han cortado sus alas. POR QUÉ ES SOLO DESTRUCCIÓN Y MUERTE LO QUE IMPULSA AL GIGANTE?

5 agosto 2014 | 07:19 pm