Venezuela, la OEA y los bufones de la corte

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Por Rafael Andrés Álvarez Fernández*

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En las últimas semanas, los hombres de buena voluntad del mundo han venido observando con profunda preocupación la arremetida violenta contra la República Bolivariana de Venezuela. En un plan evidentemente concertado y elaborado por los centros de poder de la nación norteña, los Estados Unidos, algunos países gobernados por la derecha y dirigentes opositores venezolanos desarrollan una serie de agresiones desde varios flancos como el mediático, político y el económico.

Para nadie es un secreto que, desde el mismo origen del Movimiento Bolivariano Revolucionario 200, encabezado por el Comandante Hugo Chávez, los norteamericanos brindaron especial atención a su desarrollo. Por todos los medios posibles trataron de impedir su triunfo en las elecciones de 1998, atacando a través de políticos opositores su programa de gobierno y la realización de campañas mediáticas contra su familia y vida personal.

Después de aquel triunfo electoral se agudizaron las agresiones con la organización de guarimbas, golpes económicos e incluso de Estado, continuando de una manera u otra hasta la desaparición física de Chávez, para hoy, “casualmente”, ser dirigidos por los mismos golpistas de aquellos momentos.

Al producirse el fallecimiento del Comandante Chávez, los nuevos neoanexionistas latinoamericanos y sus mercenarios internos en Venezuela, vieron la oportunidad de derrocar al proceso revolucionario, lo que hasta ese momento les había sido esquivo por el carisma, liderazgo, capacidad de comunicación y unidad del líder bolivariano con el pueblo.

En este contexto y previo a la elección del compañero Nicolás Maduro como primer Presidente chavista, la oligarquía apátrida venezolana orquestó, en contubernio con medios privados propios y de otros países aliados, una campaña para dividir y desmovilizar a la militancia chavista.

Bajo el argumento de que Maduro no era Chávez -en algunos casos de manera sutil y en otros pública- y aludiendo a una supuesta incapacidad política e intelectual con respecto al candidato derechista Henrique Capriles, se trató de generar impacto en un sector importante de esta militancia, lo que se tradujo en la disminución de los 10 puntos porcentuales de más votos obtenidos por Chávez, al 1,76 de Maduro, principal propósito de los estrategas políticos proimperialistas para legitimar y repotenciar a la maltrecha derecha suramericana.

Esta situación ha elevado su carácter injerencista, violatorio del Derecho Internacional y las más elementales reglas del comportamiento y la decencia pública, por la actual coyuntura latinoamericana, donde sectores políticos han logrado posicionar gobiernos abyectos a los intereses norteamericanos, algunos mediante acciones fraudulentas como Brasil y en otros países como Argentina y Perú, donde sus patrocinados alcanzaron el poder engañando o mintiendo a sus electores con discursos populistas para después suprimir derechos alcanzados. Vale resaltar que todas estas acciones contaron el apoyo de los medios de comunicación privados que dirigen, y el espaldarazo tácito y público de ese ministerio de colonias llamado OEA y del insulso, pérfido e innombrable bufón que la dirige.

En fecha tan temprana como el 8 de mayo del 2009, el líder histórico de la Revolución cubana, Fidel Castro, alertaba desde su Reflexión: “Otra vez la podrida OEA”, lo siguiente:

……“En este hemisferio los pobres jamás tuvieron libertad de expresión, porque nunca recibieron la educación de calidad y los conocimientos eran reservados únicamente para las élites privilegiadas y burguesas. No culpen ahora a Venezuela, que tanto ha hecho por la educación después de la Revolución Bolivariana, ni a la República de Haití, abatida por la pobreza, las enfermedades y catástrofes naturales, cual si esas fuesen las condiciones ideales para la libertad de expresión que proclama la OEA;……..; exijan que las instituciones financieras del mundo desarrollado y rico envíen recursos para construir escuelas, formar maestros, producir medicamentos, desarrollar su agricultura y su industria, y después hablen de los derechos del hombre”.

Los que alguna vez estudiaron la historia medieval recordarán que en las Cortes reales y los castillos de todo señor feudal existían uno o más bufones, quienes estaban en la obligación de hacerlos reír a ellos y sus invitados, a riesgo de perder sus humildes dignidades.  Estos personajes eran capaces de llegar a hacer lo más ridículo o humillante, algo muy parecido a lo que hace el innombrable Secretario General de la OEA y algunos representantes de las élites burguesas latinoamericanas con Venezuela.

En la Patria Bolivariana, hoy no solo está en juego el futuro de un proyecto revolucionario de nuevo tipo, que visibilizó a millones de pobres, dio luz de saber y dignidad a cientos y cientos de sus conciudadanos, sino que está definiendo el futuro geoestratégico de América Latina, el futuro de los movimiento populares y sindicales, la prevalencia de la Revolución sobre la reacción, de la dignidad sobre la ignominia.

Quienes hoy se han convertido en bufones políticos del imperialismo en detrimento de sus pueblos, deben saber que sus caminos serán muy cortos, tanto como el tiempo en que estos comprendan la magnitud de su traición y decidan ajustarles cuentas. Al bufón mayor de la OEA y sus arlequines, me gustaría recordarles, que “Roma paga a los traidores, pero los desprecia”. De los Estados Unidos…no hay mucho que decir, ya ni siquiera tienen el decoro –si alguna vez lo tuvieron- de dar la cara a sus acciones, ahora se esconden en estas muecas de políticos huecos a quienes manipulan en una suerte de marionetas de ganar-ganar.

A los hermanos venezolanos, que resisten estoicamente el bombardeo mediático, el asedio económico y político de los centros de poder imperiales aliados a la burguesía apátrida, les recuerdo las palabras pronunciadas por el Comandante Hugo Chávez en 2010:

….“¿Cómo es que aquí se sigue permitiendo que nosotros, teniendo esta Constitución —cuánto costó, cuántos años de batalla, cuánto sudor, cuánta sangre, cuántos esfuerzos; aquí está muy claramente establecido, también está allí en la primera Constitución, la primera Acta de Independencia y nuestra primera Constitución, somos un país soberano—, a riesgo de que nos llamen otra vez ‘la Patria boba o la Revolución boba’, o si queremos ser mucho más populares en la palabra ‘la Revolución pendeja’; cómo es que nosotros vamos a permitir que partidos políticos, ONGs, personalidades de la contrarrevolución sigan siendo financiados con millones y millones de dólares del imperio yanki y anden por allí haciendo uso de la plena libertad para abusar y violar nuestra Constitución y tratar de desestabilizar al país?

“No debe haber cabida en nuestras filas civiles, militares, para las medias tintas. ¡No, una sola línea: radicalizar la Revolución!  Y eso debe sentirlo esta grosera burguesía apátrida, debe sentirlo…..La burguesía venezolana debe saber que le va a costar caro la agresión contra el pueblo……”

Sobre lo anterior, el Comandante en Jefe Fidel Castro escribió en su Reflexión del 25 de noviembre del 2010: “No cabe la menor duda de que Chávez, un hombre de profesión militar pero mucho más apegado a la persuasión y al diálogo que a la fuerza, no vacilará en impedir que la derecha proimperialista y antipatriótica lance a venezolanos engañados contra la fuerza pública para ensangrentar las calles de Venezuela.”

Igual conducta sabemos que asumirá su Presidente obrero, el compañero Nicolás Maduro. La nuestra, parafraseando al Libertador Simón Bolívar, será impedir que los Estados Unidos plaguen a Nuestra América de miserias en nombre de la libertad, con el contubernio y la compañía de los bufones de su Corte.

*Maestro Primario

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