Valeriano Weyler y Trump, dos lobos de una misma camada

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Por Miguel Angel García Alzugaray

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Es curioso como en el devenir de las heroicas luchas de nuestro pueblo por su soberanía e independencia nacional, se repiten siniestros personajes imperialistas que movidos por la codicia, las ansias de poder y la infamia, recurren a métodos de exterminio genocida para tratar de ponernos de rodillas.

A finales del siglo XIX el colonialista Capitán General Valeriano Weyler se hizo notorio por su brutal “reconcentración” que diezmó a la población cubana aunque no impidió el avance exitoso de las armas mambisas, por lo que derrotado, fue destituido de su cargo. Hoy un nuevo engendro de la misma calaña, llamado Donald Trump, trata de obtener similares resultados con la activación del título III de la aberrada Ley Helms-Burton a fin de intensificar la brutal guerra económica y financiera que hace 60 años nos impone el gobierno norteamericano.

Salvando las distancias en tiempo y espacio, no hay diferencias sustanciales, aunque Weiler hablaba en español y Trump lo hace en inglés, como se dice, ¡ambos son lobos de una misma camada!

Para los que no conocen de qué estamos tratando, recordaré que en 1896 era ya evidente la imposibilidad de acudir a otras salidas reformistas y los insurrectos dominaban de un extremo a otro de Cuba. Dos generaciones de cubanos dedicaron casi 30 años a obtener la independencia de su país y una tercera ya se empinaba a seguirla. El Ejército Libertador había llevado la guerra del oriente al occidente y vivaqueaba cerca de la capital.

La reconcentración de la población campesina en las ciudades bajo control de las autoridades españolas la propuso el general Arsenio Martínez Campos, gobernador y capitán general de Cuba, en carta confidencial al presidente del Consejo de Ministros de España, Antonio Cánovas del Castillo, días después de la aplastante derrota que sufrieran las fuerzas peninsulares en la histórica Batalla de Peralejo.

Pensaba que ello podría ser la última táctica para aislar al Ejército Libertador de su base social y logística, obtener su debilitamiento y rendición, pero él no creía tener condiciones personales para llevar a cabo tan sanguinaria política.

Recomendaba que se le encargase esta misión a Valeriano Weyler, a quien consideraba preparado militarmente y con inteligencia suficiente para aplicar la crueldad que se necesitaba.

La Reconcentración de Weyler fue una medida de extrema violencia puesta en vigor a instancias del gabinete conservador de Cánovas del Castillo, dictada a través de varios bandos por Valeriano Weyler. Tenía como objetivo impedir que la población campesina cooperara con el Ejército Libertador, aunque ello implicara su exterminio por el hambre y la peste.

Según las fuentes consultadas, las medidas adoptadas consistieron en un conjunto de exigencias contra las personas que vendieran, proporcionaran o guardaran armas a los insurrectos, o facilitaran caballos o cualquier recurso de guerra, e incluso contra aquellos que difundieran noticias favorables a la insurrección que había comenzado el 24 de febrero de 1895 o condenatorias en alguna forma del colonialismo español. Weyler estableció, además, la permanencia de personas, animales y recursos de todo tipo en los poblados fortificados y custodiados por las fuerzas españolas o en sus alrededores, con vistas a privar de ellos a los patriotas insurrectos.

Para la reconcentración estableció un plazo de 8 días. La bárbara medida causó la muerte a entre 200.000 y 300.000 personas, y provocó el deterioro total de la agricultura cubana, sostén principal de la población de Cuba.

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Testimonios de un genocidio

El historiador Raúl Izquierdo Canosa, autor de valiosas investigaciones sobre esta etapa de lucha del pueblo cubano, relata:

Cuando en los difíciles días de 1897 el alcalde municipal de Güines visitó a Weyler para exponerle las terribles condiciones en que se encontraban los reconcentrados en esa villa y solicitarle algunas raciones para impedir que continuaran muriendo de hambre, éste le respondió: “¿Dice usted que los reconcentrados mueren de hambre?” Pues precisamente para eso hice la reconcentración.

Las enfermedades, entre ellas la malaria, hicieron fuertes estragos en la población campesina, pero también de las ciudades, durante los años 1896-98, pues los alimentos no alcanzaban por el brusco descenso de la producción agraria, principal fuente de alimentación, y las consecuencias que ello trajo en la salud de la población nativa y de los peninsulares y canarios residentes.

Según el coronel médico Horacio Ferrer, del Cuerpo de Sanidad Militar del Ejército Libertador, Cuba perdió en los tres años y medio que duró la lucha medio millón de habitantes, más de la cuarta parte de su población total, ascendente entonces a 1 572 845 habitantes.

Fracaso evidente de las medidas de Weyler y Trump  

A pesar de la crueldad y los estragos causados por estas medidas, Weyler no pudo frenar el desarrollo impetuoso de la guerra. Las filas del Ejército Libertador continuaron nutriéndose y sus jefes, oficiales y tropas adoptaron nuevos métodos de subsistencia que les permitieron continuar la lucha victoriosa por la independencia de la patria. La brutal política de exterminio aplicada por Weyler no hizo retroceder la marcha arrolladora del Ejército Libertador ni el apoyo del pueblo, en especial de los campesinos, a la causa independentista.

España se vio obligada a sustituirlo en noviembre del año siguiente por el general Ramón Blanco Erenas y a dejar sin efecto la reconcentración, tratando de restaurar el daño ocasionado mediante el establecimiento de un gobierno autónomo, maniobra que ya los independentistas no creyeron y tenían prácticamente derrotada.

El general Máximo Gómez lo dejó claramente definido en carta a Tomás Estrada Palma:

“….bien constituida la guerra en toda la isla, a España le es prácticamente imposible pacificar esto, aunque pudiera echarnos encima doscientos mil hombres. Mucho menos es, locura o necedad pretenderlo, contando con los restos enfermos y cansados que el ejército de Weyler ha dejado junto con las deudas por herencia a Blanco”.

No hay diferencias entre las políticas de Weyler y Trump

El pueblo cubano es hoy víctima de un crimen similar al cometido contra él a finales del siglo XIX por Valeriano Weyler, si no ¿cómo calificar el brutal bloqueo económico, comercial y financiero impuesto durante 6 décadas por los Estados Unidos contra Cuba,? que es el más prolongado y cruel que haya conocido la historia

Al respecto , se debe subrayar que el bloqueo a Cuba entraña una conducta criminal por parte del Gobierno de los Estados Unidos, que por su alcance y contenido puede ser calificada de genocidio, ya que es ejercida con total violación del Derecho Internacional, para someter intencionalmente a nuestro pueblo a condiciones de existencia que le han acarreado enormes daños humanos, materiales, económicos y financieros totales o parciales, para debilitar su decisión de luchar y vencer y llevarlo a claudicar de su decisión de ser soberano e independiente.

La resuelta voluntad del gobierno revolucionario cubano de actuar con plena independencia y de producir decisivos cambios económicos y sociales a favor de las grandes mayorías, constituyó el detonante que reactivó el histórico diferendo entre los dos países. La respuesta de los Estados Unidos fue rápida y brutal desde el primer momento. Las sanciones encaminadas a doblegar a la Revolución se sucedieron vertiginosamente convirtiéndose en un bloqueo total y una guerra económica:

Desde 1909, en la Conferencia Naval de Londres, quedó definido como principio del derecho internacional que el “bloqueo es un acto de guerra”, y siendo así, sólo es posible su empleo entre los beligerantes. No existe, por otra parte, norma del derecho internacional que justifique el llamado “bloqueo pacífico”, el cual fue práctica de las potencias coloniales del Siglo XIX y del principio del pasado.

Tan controvertido concepto tampoco tiene tradición en el derecho internacional aceptado por los Estados Unidos de América. En 1916 el propio gobierno de Estados Unidos, advirtió a Francia: “Los Estados Unidos no reconocen a ninguna potencia extranjera el derecho de poner obstáculos al ejercicio de los derechos comerciales de los países no interesados, recurriendo al bloqueo cuando no exista estado de guerra.”

En lo que a ello respecta, nadie duda que el bloqueo norteamericano contra Cuba es la expresión más elevada de una política cruel e inhumana, carente de legalidad y legitimidad y deliberadamente diseñada para provocar hambre, enfermedades y desesperación en la población cubana.

Como se observa, no hay muchas diferencias entre las consecuencias de la macabra reconcentración de Weyler y los nefastos resultados que Donald Trump espera lograr recrudeciendo el bloqueo contra nuestro país.

De Valeriano Weyler el corresponsal norteamericano de guerra, Appelyee, escribió sobre él: Era, además, “hombre mezquino, diminuto en todo concepto, acorchado y fruncido, ganoso de fama inmortal sin darle importancia a que su prestigio huela a rosa o a estiércol”.

En cuanto a Donald Trump, además de los calificativos precitados podemos añadir el de ser un chantajista y mentiroso patológico.

Valeriano Weyler quedó inscrito en la historia de la humanidad como un monstruo asesino que no pudo derrotar con la reconcentración a nuestro pueblo. Donald Trump, que mal aconsejado por sus compinches de la mafia cubano –norteamericana de Miami, sigue hoy los pasos del sanguinario colonialista español al arreciar el criminal bloqueo contra Cuba, ¡correrá la misma suerte!

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