USA sin medida

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Por Nestor Nuñez

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Hace un buen tiempo que sectores militares estadounidenses y la propia administración de Donald Trump insisten en la pretendida “debilidad” militar de la primera potencia capitalista para enfrentar los “actuales desafíos globales”, léase la creciente influencia de Rusia y China en la arena internacional.

No es un secreto, además, que para los grupos hegemonista gringos ambas naciones representan los dos objetivos más importantes a batir en el cada vez más ajado intento de reconvertir a los Estados Unidos en el gran gendarme mundial.

Y uno de los aspectos de los que más se ha hablado en las últimas semanas es del manifiesto interés de la Casa Blanca de anular el acuerdo suscrito en diciembre de 1987 entre el entonces tristemente célebre dirigente soviético Mijaíl Gorbachov y el presidente Ronald Reagan, que pretendía la no proliferación en tierra de misiles crucero con carga nuclear de entre 500 y 5 mil quinientos kilómetros de alcance.

Los pretextos esgrimidos hoy por Washington siguen asentados en los principios de asimetría que Reagan impuso entonces a un Gorbachov desesperado por un acercamiento inmediato a Occidente, a toda costa y a todo costo, como  una de las pretendidas condiciones para llevar adelante sus ideas revisionistas que propiciaron, junto a otros factores no menos importantes, la disolución de la URSS y el fin del campo socialista europeo.

Entonces, un Reagan centrado en la destrucción del “Imperio del Mal” logró, mediante su titulada política de “Opción Cero”, que Gorbachov retirara irracionalmente los misiles de alcance medio soviéticos emplazados en Europa del Este, mientras en el oeste del viejo Continente se mantenían intocables las baterías coheteriles norteamericanas cuya presencia había motivado precisamente el despliegue defensivo de la URSS. A cuenta de la Oficina Oval solo obró la “promesa” norteamericana de un difuso control sobre los arsenales mutuos.

No obstante, la insistencia desde los tiempos de Reagan de lograr un “escudo protector” norteamericano que le propicie asestar golpes nucleares sin la posibilidad de repuestas del agredido (entonces muchos le llamaron Guerra de las Galaxias por el filme en boga), ha llevado a los Estados Unidos a intentar colocar “misiles defensivos” de mediano alcance en espacios tan cercanos a las fronteras de Rusia como Polonia, Rumanía y la República Checa, trasladándolos a tierra desde submarinos y buques de guerra.

Ante semejante dislate y los serios riesgos que ello conlleva para la seguridad del gigante euroasiático, el presidente ruso, Vladímir Putin, advirtió que el abandono por los Estados Unidos del tratado INF, como se conoce el ya citado suscrito entre Gorbachov y Reagan, supondrá una respuesta simétrica del Kremlin.

Tal contramedida incluye, entre las variantes inmediatas, el traslado y puesta en alerta, en lanzaderas terrestres, de misiles rusos aire-tierra  de alcance intermedio tipo Kalibr y el despliegue de otros dispositivos como el nuevo sistema coheteril 9M729, que Washington califica unilateralmente como “violatorio del INF”, al atribuirle un alcance superior a los 500 kilómetros, lo que se pretende erigir como un pretexto adicional a su empeño por desatar una nueva e incontrolada carrera armamentista que sustente sus nunca ocultas ni negadas aspiraciones de ejercer un absolutista control mundial.

Cubahora

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