Una tumba digna

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Lilieth Dominguez Quevedo

El 27 de febrero de 1874 la ranchería de San Lorenzo, en la Sierra Maestra, vio caer en desigual combate contra los españoles a Carlos Manuel de Céspedes, ilustre cubano iniciador de la gesta independentista en la Isla, el 10 de octubre de 1868.

Unos días más tarde el cadáver es trasladado en una goleta que desembarca por la bahía de Santiago de Cuba, y depositado a la sombra de un árbol frente a la antigua Comandancia de Marina y Capitanía de la ciudad.

Cuentan las crónicas de Emilio Bacardí que, transcurridas las primeras horas de la mañana, el cuerpo de quien fuera llamado por José Martí “El hombre de mármol”, fue conducido y expuesto en el antiguo Hospital Civil, con apenas algunas ropas.

En horas de la tarde lo transportaron en “La Lola”, carretón en el que trasladaban a los difuntos pobres de la zona, hasta el Cementerio Santa Ifigenia, hoy Monumento Nacional, donde reposan sus restos y se conservan con recelo los tres sitios que acogieron su cadáver en camposanto.

Es así que ocurre el primer enterramiento del Padre de la Patria cubana, en una fosa común, actualmente señalizada con una roca, significando la solidez y perdurabilidad de los ideales defendidos por el patriota.

Cinco años después de su muerte, son exhumados los restos y sepultados de forma secreta en el patio central de la necrópolis, hasta que el 16 de octubre de 1898 se hace público y se coloca una tarja donada por la inmigración jamaicana, como iniciativa de Bacardí.

Ante el estado deplorable en que se encontraba la tumba del prócer, en 1907 el Consejo Provincial de Oriente adoptó el acuerdo de mejorarla, a lo cual prosiguió la ejecución del proyecto presentado por el italiano Carlo Nicoli y encargado a una firma de esa nación europea representada en el territorio santiaguero.

En acto público presidido por el gobernador provincial, Coronel Rafael Manduley, el siete de diciembre de 1910 quedó inaugurado el monumento, resultado de una colecta popular y la donación monetaria del Estado.

El mausoleo en honor a Carlos Manuel de Céspedes, fue esculpido en mármol de Carrara y ubicado en el pasillo central del cementerio, con desbordada alegoría a elementos de la naturaleza que representan a la Patria agradecida.

La expresión del conjunto relata la lucha independentista de la nación a través de atributos como las banderas cubana y la del 10 de Octubre, el escudo atado por cadenas, la campana que replicó en Demajagua, y la mariana francesa, en sincero homenaje de los cubanos al insigne patriota.

Tomado del Blog Santiago Express

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