Una reflexión necesaria a raíz del Decreto 349

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Por Rafael Andrés Álvarez Fernández

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La reciente puesta en vigor del Decreto 349, el cual establece las contravenciones de las regulaciones en materia de política cultural y sobre la prestación de servicios artísticos y de las diferentes manifestaciones del arte, ha generado preocupación en determinados exponentes del sector cultural cubano –algunos con cierta lógica y otros desde la sinrazón- alegando que dicha norma jurídica presupone una limitación a la libertad de creación, pero muy pocos para no ser absoluto han reflejado de manera objetiva que este responde a una necesidad imperiosa de defender en Cuba, por Cuba y para Cuba, a lo más genuino, autóctono, enriquecedor y motivador del acervo cultural cubano y con ello a sus cultivadores, amén de críticas que pudieran estar implícitas en algunas de sus obras sobre la realidad contemporánea de nuestro país.

Ahora lo que, si no pueden desconocer sus más acérrimos críticos, algunos de los cuales han vendido su alma al diablo por un puñado de monedas y hoy alegan sentirse mambises de la cultura cubana sin que jamás hayan desenvainado el machete para defender la patria de aquellos que solo pagan por desprestigiar la obra de la Revolución que los formó, pues desde hace mucho tiempo tienen el filo de su arma mellado, incluso antes de sacarla de la funda, es que Cuba ha estado y está bajo un asedio permanente por “…el Norte revuelto y brutal que nos desprecia…”, víctima de una guerra asimétrica dirigida desde los centros de poder de los EE.UU. cuyo principal objetivo es la desvalorización de la cultura, la juventud y la sociedad cubana, orientada a la desmovilización y separación de todo aquello que representa la Revolución en sí, elementos que no tienen en cuenta quienes atacan la esencia del citado Decreto, lo cual denota enajenamiento y una fuga de la realidad que daría risa sino fueran tan serias sus repercusiones entre los jóvenes a quienes pretenden confundir con sus aviesas interpretaciones.

Los centros de diseño de estrategias de comunicación ideológica norteamericanos, con todo su poderío mediático, propagandístico y mercantil, han utilizado las tesis de “encumbrados” analistas para estos fines, aludiendo una y otra vez sobre la mal llamada o quizás mejor dicho, politizada libertad de expresión o creación, para lo cual sin escrúpulos, utilizan abultadas chequeras que pagan y promueven todo aquello que descontextualice, banalice y desvirtué lo más genuino del arte y la creación artística de nuestras naciones, una estrategia de la que Cuba no es una excepción.

Considero más allá de posibles revisiones o análisis al Decreto 349, lo cual pudiera realizarse, era necesario ordenar y regular un fenómeno que por su impacto ha trascendido el ámbito artístico, generando por su propia esencia antiartística el fomento de antivalores en nuestros niños y jóvenes, donde se ataca lo más genuino de la cultura, la creación y realidad cubana, elementos que deben ser preservados a toda costa de los enemigos conscientes y los tontos útiles que les sirven a sus propósitos.

El creador necesita la esencia de la libertad para hacer su obra universal, no pretender desde el libertinaje o la mediocridad, ofrecer un producto que solo en su ego fracasado o mercenario considere como lo más sublime de la creación.

Allan Dulles, ex jefe de la CIA en 1961, estableció como estrategia ideológica de enfrentamiento a los países socialistas, lo que desde entonces forma parte de la esencia de la guerra que se nos hace y cito: “…De la literatura y el arte, por ejemplo, haremos desaparecer su carga social. Deshabituaremos a los artistas, les quitaremos las ganas de dedicarse al arte, a la investigación de los procesos que se desarrollan en el interior de la sociedad. La literatura, el cine, y el teatro, deberán reflejar y enaltecer los más bajos sentimientos humanos. Apoyaremos y encumbraremos por todos los medios a los denominados artistas, que comenzarán a sembrar e inculcar en la conciencia humana el culto del sexo, de la violencia, el sadismo, la traición. En una palabra: cualquier tipo de inmoralidad. Nuestra principal apuesta será la juventud. La corromperemos, desmoralizaremos y pervertiremos. Debemos lograr que los agredidos nos reciban con los brazos abiertos, pero estamos hablando de ciencia, de una ciencia para ganar en un nuevo escenario la mente de los hombres. Antes que los portaaviones y los misiles, llegan los símbolos, los que venderemos como universales, glamurosos, modernos, heraldos de la eterna juventud y la felicidad ilimitada”.
“El objetivo final de la estrategia a escala planetaria, es derrotar en el terreno de las ideas las alternativas a nuestro dominio, mediante el deslumbramiento y la persuasión, la manipulación del inconsciente, la usurpación del imaginario colectivo y la recolonización de las utopías redentoras y libertarias, para lograr un producto paradójico e inquietante: que las víctimas lleguen a comprender y compartir la lógica de sus verdugos”, fin de la cita.

Si todavía alguno de los críticos del Decreto 349 no entiende de su necesidad, pues entonces debería cuando menos revisar sus aprestos ideológicos o sus prioridades patrias.

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6 Comentarios

kmelot dijo:

Con la implementación de este decreto…¿quien define que es de buen gusto y que no? ¿de mal gusto para quien? Con relación al regueetón que coincido que hay muchas letras que dejan mucho que desear pero que son del gusto cada vez mayor de los jóvenes ¿como censurar a parte de la población a escuchar lo que les gusta, sea del gusto o no de otras personas? A mi por ejemplo no me gusta el rock, pero no por eso levanto la mano para que se prohíba esa música, al que le guste que lo escuche, ¿porque cerrarle las puertas a la radio, la televisión, los espacios públicos a los exponentes de ese genero musical? Habría que hacer varios decretos censurando cosas de mal gusto no solo en materia cultural. ¿Quién censura los programas de la TVC que dejan mucho que desear y que tienen poca audiencia? Creo que eso es un trabajo de conciencia, no solo del artista, sino también del que consume ese arte. José Martí decía “Ser Cultos para ser Libres”con este decreto ni somos mas cultos ni somos mas libres

7 diciembre 2018 | 02:46 pm
Bruno dijo:

Considero que el artículo está muy bien escrito y fundamentado. Destaco sobre todo la relación que establece el autor entre los “detractores” del Decreto 349 y esos “supuestos artistas” que Allan Dulles planeaba utilizar como punta de lanza para la “derrota” del socialismo en el campo ideológico.

7 diciembre 2018 | 02:47 pm
Marco Velazquez Cristo dijo:

El principal beneficiario del alboroto de algunos “creadores” por las regulaciones que establece el mencionado decreto, es el gobierno de EE.UU. y sus aliados internos, pues sirve a sus intereses de crear situaciones que complejicen la situación interna y le sirvan de argumento para justificar su política de hostilidad hacia Cuba. Para sus “admiradores” es beneficioso porque hacen méritos ante quien piensan será en unos años el dueño de Cuba, amén de las dádivas monetarias que esperan, los aplausos y el dinero indigno que recibirán en sus giras por Miami y no pocos porque saben que carecen de talento para lograr crear un verdadero arte. lo demás responde a egos exaltados, afanes de protagonismos, búsqueda de notoriedad, etc. Pero cualquiera de estas conductas es reprobable: “El vanidoso mira a su nombre; y el hombre honrado a la patria”. José Martí

7 diciembre 2018 | 03:23 pm
InDesigner dijo:

Perdon…???? Pero esos artistas han sido promovido por ustedes mismos. Yomil y el Dany pertenecen a la Ignacio Piñeiro.

7 diciembre 2018 | 05:34 pm
Lucky dijo:

Yo todavia no entiendo el objetivo final de este decreto, desde que cada persona escucha lo que desee debido a la digitalizacion y que con una computadora y el programa adecuado, puedo crear la musica que yo quiera y difundirla “underground”.??????? y lo mismo para el resto de las artes.

7 diciembre 2018 | 08:45 pm
carlosvaradero dijo:

kmelot, el buen gusto y el mal gusto no lo define nadie, ni la institución ni el estado, el mal gusto está porque lo sentimos, lo palpamos, lo percibimos nadie lo puede imponer, sin embargo existe lamentablemente.
Si coincido con lo que decía Martí:
“Ser cultos para ser libres”, no hay verdad mayor que esa, lo que pasa es que muchos ni siquiera saben lo que significa ser culto.
En cuanto al reguetòn, ese demonio al que le llaman “genero musical” y que ha proliferado en lo más marginal de nuestra sociedad, no hay razón para imponérselo a nadie, el que quiera escuchar vulgaridad, groserías, banalidad y todo lo malo que se pueda decir de “eso”, pues que lo escuche en su casa, nadie puede obligar a los demás a oír lo que no desean y mucho menos al volumen que lo ponen, como si estuviéramos escuchando una obra de arte.

10 diciembre 2018 | 04:04 pm