UN TENEBROSO CÓNCLAVE DE FASCISTAS EN WASHINGTON

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Lic.Miguel Angel García Alzugaray

En su paranoico afán de repetir las atrocidades y crímenes contra la humanidad perpetrados por Adolfo Hitler, su aventajado discípulo Donald Trump, se acaba de reunir en la Casa Blanca con el mandatario brasileño Jair Bolsonaro que, al parecer, desea ser considerado un nuevo Mussolini tropical. Digo nuevo, porque ya los sanguinarios tiranos Fulgencio Batista de Cuba y Leónidas Trujillo de República Dominicana, aspiraron en su época, también con el apoyo directo de Washington a esa oprobiosa condición.

En este sentido, rememorando las precitadas afinidades entre el “Führer” y el “Duce”, se construye un nuevo eje fascista, esta vez entre Donald Trump y el ultraderechista Jair Bolsonaro.

Bolsonaro viajó acompañado de seis ministros, entre ellos el canciller Ernesto Araújo, el titular de Economía Paulo Guedes y el de Justicia y Seguridad, Sergio Moro, bien conocido por su parcialización y ensañamiento personal como juez para lograr el injusto e infundado encarcelamiento de Luis Ignacio Lula.

Durante la jornada, Bolsonaro visitó la sede de la CIA, de seguro para recibir instrucciones de sus jefes. Esta inhabitual visita de un mandatario extranjero al servicio de inteligencia estadounidense fue informada por su hijo Eduardo Bolsonaro, diputado federal que también lo acompaña en el viaje.

Desde que llegó al poder en enero, el mandatario ultraderechista ha dado un giro radical a la diplomacia brasileña, tradicionalmente equidistante de los grandes poderes mundiales, y se ha orientado a estrechar relaciones con gobiernos conservadores y “anti globalistas” como los de Estados Unidos o Israel.

Casi nadie vacila en llamar fascista al ultra reaccionario presidente carioca, tanto por sus inclinaciones ideológicas como por sus declaraciones y actos racistas y xenofóbicos.

Armamentismo, sionismo y un odio visceral al gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela, son puntos de contacto entre estos dos siniestros personajes.

En cuanto al corrupto inquilino de la Casa Blanca, es hora ya de calificarlo de nazi como se merece, y al maléfico imperio que preside como lo que es: el más repudiable régimen que ha conocido la historia. Al final, no es necesario que el oligarca yanqui cuelgue en su despacho oval una “esvástica” para merecer este calificativo, sus actuaciones cotidianas nos revelan con toda claridad su perversa naturaleza.

No se debe olvidar que una buena parte del electorado norteamericano que votó por Donald Trump y lo apoya en la actualidad, proviene precisamente de amplios sectores de la población supremacista blanca, de cuyo seno surgen y se nutren los numerosos grupos neonazis que existen en EE. UU.

Además, sobran las similitudes entre los tenebrosos aparatos, camarillas y métodos del Tercer Reicch y los hoy existentes en la administración estadounidense para que ello sea una pura coincidencia. Así, en eso de perseguir, torturar y asesinar a adversarios indeseables, ya sean nacionales o extranjeros, y urdir arteras agresiones contra los pueblos que como Venezuela, Nicaragua o Cuba no se pliegan a sus injerencistas exigencias, pocas diferencias existen entre la CIA Y el FBI norteamericanos y las SS, la Abwehr y la GESTAPO nazis.

Por su parte, los mafiosos compinches de Trump, o sea Marco Rubio, Mike Pompeo, John Bolton y Mike Pence nada tienen que envidiar a la camarilla hitleriana de Joseph Goebbels, Hermann Göering, Heinrich Himmler y Rudolf Hess, a la hora de difamar, calumniar y mentir sin cesar para impulsar sus macabros planes.

Al igual que preconizaban Hitler y Mussolini, Donald Trump y Bolsonaro participan del uso político del militarismo, el nacionalismo xenofóbico, el anticomunismo, el odio racial a los inmigrantes y personas que no sean “blancas puras”,el machismo y la homofobia visceral, la aprobación de la violencia como método político y el empleo de fuerzas contrarrevolucionarias como apoyo del régimen capitalista que los sostienen, ya que sus respectivas ideologías están destinadas a la creación de una dictadura imperialista mundial.

Con esa desquiciada ideología guerrerista que le caracteriza, el gobierno norteamericano cree que puede resolver los problemas de este mundo invadiendo y bombardeando, en ves de repartir sin injerencias y condicionamientos alimentos, fomentar la salud pública y educación, así como oportunidades de vivienda y trabajo para los pobres. Todo lo cual es aplaudido e imitado por Jar Bolsonaro.

Normalmente el fascismo utiliza hábilmente los nuevos medios de comunicación y el carisma prefabricado artificialmente por éstos de un supuesto líder que defienda los intereses de la oligarquía dominante y contribuya con su acción a desestabilizar la sociedad en que vive para propiciar una intervención militar, un buen ejemplo del cual es sin duda el títere usurpador venezolano Juan Guaidó.

El fascismo se caracteriza también por su método de análisis o estrategia de difusión de juzgar sistemáticamente a la gente no por su responsabilidad personal sino por la pertenencia a un grupo étnico, político o económico que es estigmatizado. Aprovecha demagógicamente los sentimientos de miedo y frustración colectiva para exacerbarlos mediante la violencia, la represión y la propaganda, y los desplaza contra un enemigo común (real o imaginario, interior o exterior), que actúa de chivo expiatorio frente al que volcar toda su agresividad de manera genocida.

Nada más parecido a ello que la prepotente declaración de Trump de que va a eliminar el socialismo del hemisferio, la aberrada política de “Guerra de cuarta generación” que viene practicando la administración norteamericana contra la Venezuela bolivariana, las arbitrarias sanciones contra nuestro país y las amenazas que lanza constantemente contra Cuba y Nicaragua.

Al respecto, se debe recordar que los nazis hicieron suyo el concepto de Grossdeutschland, o la «Gran Alemania», sin importar que para ello se atacase a otras naciones: ello se justificaba en la doctrina del «espacio vital» ( Lebensraum), donde los nazis afirmaban que Alemania necesitaba más territorio para desarrollarse plenamente y por ello, invocaron el presunto derecho de Alemania de agredir a otras naciones para obtener más territorios.

Emulando con este principio expansionista, la actual administración estadounidense, con el beneplácito del lacayo gorila Bolsonaro, resucita la criminal “Doctrina Monroe” declarando con descarnado cinismo que América es para los americanos, lo que traducido a su neocolonialista lenguaje significa: que todas las riquezas y recursos de Latinoamérica deben ser para el Imperio yanqui.

Detalles relevantes de la visita.

Cuando el presidente estadounidense, Donald Trump, recibió a su par brasileño, Jair Bolsonaro, en la Casa Blanca, fue como verse en el espejo, como le gusta a Trump.

Bolsonaro, al igual que otros líderes de corte autoritario a los que Trump ha acogido desde su llegada al poder, tiene similitudes con el mandatario estadounidense:

un nacionalista sin filtro cuyo atractivo populista surge en parte por su uso de Twitter y su historial de hacer comentarios impulsivos sobre las mujeres, la comunidad LGBT y grupos indígenas.

“Dicen que es el Donald Trump de Sudamérica”, dijo Trump, maravillado, durante un discurso en enero. “¿Lo pueden creer? Y él está contento con eso. De otro modo no me gustaría tanto su país. Pero él me cae bien”.

El martes 19 de marzo, en comentarios breves antes de la reunión bilateral en el Despacho Oval, Trump se dijo honrado de que su campaña y la de Bolsonaro

han sido destacadas como similares por analistas. Comentó que Estados Unidos y Brasil “nunca han sido tan cercanos”.

“El comercio con Brasil va a dispararse”, dijo Trump, “y eso es algo que Brasil quiere que suceda”.

Los funcionarios estadounidenses indicaron antes de la reunión que al presidente estadounidense le agradó que Bolsonaro comentara durante su campaña que quería tener una relación más “carnal” con Washington y que eso atrajo la atención de Trump.

En parte por las semejanzas en estilo de los dos líderes los oficiales de la Casa Blanca se dijeron optimistas de que Brasil y Estados Unidos, dos de las economías más grandes del hemisferio, trabajen en conjunto y refuercen sus vínculos comerciales y regionales.

Desde que llegó al poder, Trump ha retado y se ha confrontado con los aliados democráticos más tradicionalmente cercanos a Washington, como Canadá, Alemania o Francia, y ha hablado con admiración sobre otrora adversarios estadounidenses. Bolsonaro es el más reciente en sumarse a la lista.

Bolsonaro se retracta de anteriores declaraciones.

En una entrevista el 18 de enero con el canal Fox News, Bolsonaro espetó contra los medios —como lo ha hecho Trump frecuentemente— por lo que dijo eran representaciones equivocadas de sus declaraciones pasadas sobre mujeres, afrobrasileños y dichos que fueron tildados de homófobos.

“Si fuera todo eso, no me hubieran elegido presidente”, dijo Bolsonaro a Shannon Bream, de Fox News. “Entonces claro que hay muchas noticias falsas por doquier; la población brasileña ya aprendió a usar redes sociales y no confía o cree en los medios masivos de Brasil, que son dominados por la izquierda”.

Coordinando la agresión contra Venezuela.

Uno de los temas a discusión en la reunión de Trump y Bolsonaro fue el futuro de Venezuela. “Discutimos muchas de las prioridades mutuas, incluyendo Venezuela.

Brasil ha sido un líder extraordinario al apoyar los esfuerzos del pueblo venezolano de reclamar su democracia”, dijo Trump. El presidente estadounidense agradeció al gobierno brasileño por proveer ayuda humanitaria a la oposición de Venezuela y por dar su respaldo, al igual que Estados Unidos, a Juan Guaidó, quien se juramentó presidente encargado en enero.

El Gobierno de Venezuela expresó este martes “su contundente rechazo a las peligrosas declaraciones de los presidentes de Estados Unidos, Donald Trump, y del Brasil, Jair Bolsonaro”, en referencia a la amenaza, ya reiterada, de una agresión militar contra la nación suramericana.

Trump dio las declaraciones junto a Bolsonaro este martes en la Casa Blanca, durante la visita del mandatario brasileño, quien ha asegurado ser un admirador de su par estadounidense.

En un comunicado emitido por el canciller Jorge Arreaza, el Gobierno Bolivariano señaló como grotesco “ver a dos jefes de Estado con cardinales responsabilidades internacionales hacer apología de la guerra sin destemplanza alguna, en flagrante violación de la Carta de las Naciones Unidas”.

El Gobierno de la República Bolivariana de Venezuela expresa su contundente rechazo a las peligrosas declaraciones de los presidentes de Estados Unidos, Donald Trump, y del Brasil, Jair Bolsonaro, el día de hoy martes19 de marzo de 2019.

Asimismo, el Gobierno venezolano expresó su preocupación por la “influencia guerrerista estadounidense sobre Brasil y las tesis supremacistas de Donald

Trump sobre Jair Bolsonaro. Sin duda, ambos presidentes reflejan las ideas más retrógradas para los pueblos de la región, así como para la paz y seguridad

mundial”.

El texto enfatiza que nuevamente Venezuela denuncia las amenazas de intervención militar ante la comunidad internacional. “Ninguna alianza neofascista logrará doblegar la voluntad independiente y soberana del pueblo venezolano”, resalta el Gobierno.

En este sentido, es sintomático que durante la comentada visita de Bolsonaro a Washington los gobiernos de Brasil y Estados Unidos firmaron un acuerdo que le permite a la nación norteamericana el uso de la estratégica base aeroespacial de Alcántara para el lanzamiento de cohetes y misiles estadounidenses, lo que supone un grave peligro para todos los países de la región.

Tampoco es casual que a continuación Bolsonaro se disponga a visitar Chile e Israel.

Es evidente que la visita de Jair Bolsonaro a Washington tiene como objetivo primordial para el gobierno estadounidense reforzar el eje fascista que vienen creando en la región, a fin de cercar y tratar de derrotar en primer lugar a los gobiernos revolucionarios de Venezuela, Nicaragua y Cuba, y luego apoderarse del resto de América Latina, convirtiendo sus naciones en verdaderos protectorados neocoloniales.

No obstante, Donald Trump y Bolsonaro deberían recordar una lección de la historia: el fin de los fascistas casi siempre es muy trágico. Benito Mussolini fue ajusticiado ejemplarmente por el pueblo italiano, y al igual que hoy ocurre con los mafiosos seguidores del presidente yanqui, la criminal camarilla hitleriana de la Alemania nazi se creía también invencible e impune, hasta que los pueblos del mundo les ajustaron definitivamente las cuentas en el Tribunal de Núremberg, llevándolos al cadalso.

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