Un pueblo, una nación, un líder y la propaganda

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Por Laura Barrera Jerez

Un pueblo, una nación, un líder y la propaganda

La Alemania fascista tuvo un Hitler dispuesto a todo, un partido criminal, un despertar violento del militarismo, del racismo… En este contexto afianzó sus garras la propaganda: poderoso método que dominaba la psicología de las masas y enrumbaba la fuerza de los medios de comunicación en función de las necesidades del modelo nazi.

Después del entramado de mentiras que proliferaron durante la I Guerra Mundial, Hitler se encarga de transmitir un concepto positivo de propaganda. Entonces, como diría Dirk Haubrich, la actividad de divulgación, más que “un simple instrumento de poder”, formaba parte de la “esencia” del nacionalsocialismo.

Un pueblo, una nación, un líder y la propaganda
Joseph Goebbels, Presidente de la Reichskulturkammer

En 1933 se crea el Reichsministerium für Volksaufklärung und Propaganda (Ministerio del Reich para la Ilustración Popular y la Propaganda), dirigido por Joseph Goebbels, Presidente de la Reichskulturkammer (Cámara del Reich para la Cultura, encargada de organizar la vida cultural de Alemania) y responsable de la “dirección espiritual” de la nación.

De esta manera, trabajaban en función de la individualización y la simplificación del enemigo, así como de la promoción de sus errores y defectos. Exageraban y desfiguraban acontecimientos, historias; renovaban constantemente sus afirmaciones; no trataban las cuestiones sobre las que no tenían suficientes argumentos y disimulaban las noticias que favorecían al adversario.

Con la vulgarización de los elementos propagandísticos, aseguraban que la capacidad receptiva de las masas fuera adecuada para captar los mensajes transmitidos (concebidos como parte de esquemas de estímulo-respuesta). Los fascistas utilizaban la reiteración incansable de ideas convergentes sobre el mismo concepto, sin fisuras ni dudas. Además, utilizaban los mitos y prejuicios tradicionales para establecer sus preceptos. Hacían todo lo posible por convencer al pueblo alemán y tal persuasión simulaba unanimidad.

Lo divulgado en la prensa, la radio, el cine, la literatura, el teatro, la música, las artes plásticas y la cultura popular era responsabilidad del Reichsministerium y de la Reichskultur-kammer. Goebbels, quien también era Director del Departamento Central para la Propaganda del partido nazi, jugó un papel fundamental en la difusión de esta ideología.

Un pueblo, una nación, un líder y la propaganda

Aunque muchos consideraban a Hitler como el núcleo de la teoría nazi de la propaganda, Goebbels era un maestro en ponerla en práctica. Su función consistía en controlar todos los medios de comunicación y era también el encargado de promocionar los avisos del gobierno, haciendo que solo saliera a la luz pública la información estrictamente necesaria.

Se auxilió mucho de lo que actualmente se conoce como marketing social, al enlazar sentimientos de orgullo, promover odios y convencer al pueblo, aún a costa de transgredir la verdad. Joseph sabía “cómo sucumbían las masas sin poder escapar de su trampa”.

Además, desató una persecución incesante contra los artículos difamatorios y consolidó los despliegues públicos de propaganda, con ayuda de Speer (Ministro de Armamentos y Guerra durante la Segunda Guerra Mundial). Abogó por la destrucción de los libros que no concordaban con el ideal nazi y organizaba actos públicos para quemarlos. Mientras, la producción cinematográfica se hacía eco del modelo nazi y Goebbels se aseguraba de que fueran asequibles los precios de los radios, para que todos pudieran escuchar los discursos de Hitler.

Radio Rebelde

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