Un Fidel que nadie olvida

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P1030497Por Lisbet Penín Matos   

Ante todo deseo pedir disculpas a todas las personas que leerán este trabajo, y principalmente a ti, pues por motivos de enfermedad permanecí unos días ingresada y alejada de muchos acontecimientos. Pero no por tarde, estas líneas recogerán sentimientos superficiales, sino que traen una historia que no puedo dejar de contar.

Justo ahora recuerdo a muchos de mis profes de la universidad. Muchos decían que dondequiera que uno esté, es periodista. No importa el lugar, las condiciones o las personas, uno debe actuar en consecuencia con su profesión, porque si la elegimos es porque sentimos un profundo amor y compromiso por ella.

Desde el día 26 de noviembre, los medios nacionales han reflejado, desde diferentes espacios, el sentir del pueblo por tu partida física. Tú que vibras en cada niño, en cada anciano, en cada joven, en cada cuban@. Yo diría, como muchos, que no te fuiste. Simplemente, creíste que tus hijos ya eran fuertes para caminar solos, y estás consciente de que serán fieles continuadores de tu obra, de tus principios y enseñanzas.

Imagino que me ocurrió lo que a muchas personas cuando están lejos de su hogar y apartados de su cama, y es que conciliar el sueño se torna un poco difícil. Ya el reloj avisaba que era la una de la madrugada. Entonces él entró. Su atuendo blanco podía distinguirse en medio de aquella oscuridad, y con suaves pasos se dirigió hacia la enfermería.

De pronto se escucha un inquietante: “¿Qué?” Era la voz del enfermero de guardia.

Rápidamente pensé: pasó algo grave, ¿algún paciente habrá tenido problemas?

Al unísono, comenzaron a hablar voces adormecidas de otras mujeres, que al igual que yo, estaban ingresadas en aquella sala del hospital.

Entonces, el visitante caminó hacia el interruptor y se encendió la luz. Después se paró en el centro, y dijo: “Muchachas, disculpen la hora, sé que muchas ya estaban durmiendo, pero tengo que decirles algo urgente”. El suspenso reinó por unos segundos…y sus ojos miraban el suelo.

“Fidel acaba de morir”. Fueron unas sentidas palabras. Parecía que le hubiese costado trabajo decirlo en voz alta. Y sí que debió ser difícil. Las interjecciones de duda, asombro, inconformidad, dolor… no se hicieron esperar; y a dos metros de mí, unas lágrimas corrían por el rostro de Odalys.

Muchas dijeron: “No lo puedo creer”, “Él estaba tan bien en agosto”, “Si es que hace unos días hasta salió en fotos con el presidente de Viet Nam”. Increíble resultaba, y hoy aún lo es.

El portador de la noticia volvió a intervenir: “Sí, es verdad, Raúl salió hace un rato y lo dijo públicamente. Si, acaba de morir Fidel, el Comandante en Jefe”.

Confieso que solo atiné a quedarme en silencio. Solo así podía asimilar aquella información y comprender aquella escena.

Entonces hubo un bajo murmullo, hasta que se apagó por completo, al igual que la luz. Esa noche, a pesar de la incomodidad por el suero, no pude dormir. Había recibido un golpe. En esos instantes mis pensamientos no descansaron, y mis ojos quedaron fijos hacia el techo en innumerables ocasiones. A esa hora solo deseaba que fuera una mentira como muchas otras veces, y verte al día siguiente en la televisión.

El sol ya asomaba sus primeros rayos. Como de costumbre todas nos levantamos. Pero esa mañana fue distinta. Normalmente la algarabía y el ajetreo dominaban la sala. En ese momento, todo era silencio, un silencio de respeto, de sufrimiento, de vacío.

Encendimos el televisor. La noticia fue vista y comprobada; el General de Ejército así la anunciaba.

Miré las caras de todas las mujeres. Entre todas la mayor era Odalys, pero todas somos hijas de esta Revolución y conocedoras de tu historia. Yo, periodista al fin, esperaba entrevistar a algunas, descubrir los sentimientos que habían aflorado en esos momentos en que ya no te veríamos físicamente. Y es que todas estábamos acostumbradas a ti; acostumbradas a tus palabras, tus reflexiones, tu ímpetu, tu sabiduría, tu capacidad para profetizar qué pasaría, tu habilidad para tomar el camino correcto y tus innatas cualidades de líder.

Pero Odalys comenzó a hablar. Miraba aquella pantalla y sus ojos se perdían en tus fotos. Dijo que te había conocido, que te había tenido cerquita. ¡Qué afortunada!

“Yo conocí a Fidel en Moa. Yo soy de allí” dijo y rompió la calma.

“Recuerdo que en el pueblo repartían leche, en los litros, para los niños. Una de esas veces él estaba. Todas las mujeres nos pusimos contentas por verlo, siempre tan imponente y sencillo al mismo tiempo. Entonces, le preguntó a la señora que repartía: ¿y qué hacen ustedes con la leche que sobra?

“La mujer lo miró y le dijo: Comandante, la leche que sobra, se vuelve a repartir entre las personas. Y él dijo: ¡Ah! ¡Sí, sí, porque esa leche es para el pueblo!

“Entonces, él empezó a caminar por todo aquel lugar y nos saludó a todas con un beso. Imagínense, Fidel me dio un beso”.

A nuestros rostros llegaron las sonrisas, entonces comprendí que ese no era un momento para llorar por tu partida, sino para hacerte presente.

Odalys continuó: “La cosa cómica fue cuando llegué a mi casa, porque llegué con tremenda contentura. Le dije a mi familia: ¿a qué no saben qué hombre me besó? Me hicieron gesto de que no sabían. Entonces les dije: Me besó Fidel, y no me voy a lavar la cara”.

Ya se escuchaban las carcajadas. Y sí, eso es común en l@s cuban@s. Cuando les dabas la mano, les tocabas la cabeza, les dabas un beso, decían que los habías bendecido. Fuiste una bendición para este pueblo. Agradecemos que nacieras cubano, que entregaras tu vida por construir un futuro diferente, que sembraras la semilla de la dignidad, que dieras tanto valor a los niños, a las mujeres, a los negros, a los ancianos.

Yo hubiese querido tener el privilegio de Odalys. Pero te voy a confesar una cosa, creo que el simple hecho de saber que existes es suficiente, porque me permitiste ser profesional, me diste salud y educación, me transmitiste valores y convicciones que no son negociables, me enseñaste a amar a Cuba y a sentirme orgullosa ante el mundo entero de ser cubana.

¡Gracias Fidel! Hoy, en medio de canciones y consignas te aclama tu pueblo, ese pueblo, que agradecido, siempre te acompañará y te sabrá eterno. Por eso, aunque tarde, no podía dejar de escribirte y de contarte el recuerdo que Odalys tiene sobre ti, pues sería inconsecuente con mi profundo compromiso y con mis sentimientos.

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5 Comentarios

Niurka Soto Naval dijo:

A mi querido Fidel,nunca ,nunca olvidare todo lo que nos enseñaste con unas pocas palabras diré ,sagrado es para mi el Concepto Revolución y la permanente enseñanza que si se puede,soy lo que soy gracias a ti mi comandante,46 años una carrera universitaria y 55 actual una especialidad en que país del mundo sin costarme un centavo………….ay dios lo que hemos perdido físicamente………………jamás habrá otro igual en el planeta…………….!!!!!!!!!!!!!!HASTA SIEMPRE COMANDANTE!!!!!!!!!!!!!!

5 diciembre 2016 | 11:47 am
Ander dijo:

Fidel eres esa persona que nos hiciste creer que nada era imposible en esta vida, sembraste en nuestros corazones la fé, la valentía, el amor eterno a la patria que tu creaste. Hoy los cubanos te damos las gracias por todo lo que hiciste y seguirás haciendo. Te convertiste en ese Dios, que verás cada dia desde ese cielo tan azul q millones de personas de este mundo seguirán tu ejemplo, y principalmente los cubanos no dejaremos caer esta revolución por la que tu luchaste con tanto sacrificio, y por eso hoy te damos muchísimas gracias por todo Comandante……

5 diciembre 2016 | 02:28 pm
Alina Almeida Rivera dijo:

No puedo describir con palabras lo que sentí, pero fue algo parecido, realmente amamamos y amaremos a Fidel por entregarse incondicionalemnte a un pueblo entero y brindarnos tantas cosas bellas, dignidad, valor a los niños, a las mujeres, a los negros, a los ancianos, al ser humano, no enseñó tantas cosas. gracias por existir, tu pueblo no te desfraudará nunca, lo demostró con disciplina y respeto en su homenaje …#Hastasiemprecomandante. #fidelsiempre.

5 diciembre 2016 | 03:35 pm
Yuriannis Valdés Pérez dijo:

Soy Bayamesa, y no puedo describir con mis palabras las emociones tan profundas que sentí, fue como si fuera mi padre, exactamente lo mismo que sentí cuando murió mi abuelo, que en momento no lo podía creer, pero, qué triste cuando pasaron los días y vi que no lo podía volver a ver ni a escuchar, el dolor fue intenso y hasta miedo sentí.
Salí voluntariamente como lo hizo todo el pueblo de cuba, con respeto a despedirlo y se me hizo un nudo en la garganta tan grande que mi niño de 9 años solo podía mirarme y llorar conmigo, emocionado gritaba también, yo soy Fidel. Yo no pude gritar.
Fuerte, firme y sincero.
Ejemplo de valentía y fiel.
Solo puedes ser tú, mi Fidel,
De todos mis héroes el primero.

No bastan nueve días para llorarte.
No existió jamás un hombre tan valioso,
No basta una vida para amarte,
Como tú, solo tú, para ser grandioso.

Tú perdida solo no se compara,
Y duele en lo más profundo
Te aseguro, te extraña el mundo.

5 diciembre 2016 | 04:38 pm
gina cabrera riveron dijo:

Hace exactamente 11 dias que no logro conciliar el sueño,por mas que me concentre a pensar no puedo materializar que ya no esté fisicamente, cada vez que sentia que no lo veiamos en sus acostumbradas reflexiones, o en el recibimiento de un amigo en la tv, a pocas horas el aperecia, y esto nos confortaba sabiamos que estaba ahi, La noticia como ha todo el pueblo cubano y ha todos los revolucionarios del mundo fue conmovedora a tal punto que dije noooooooooo no puede ser el estaba ahi hace tres dias con el presidente de Vitnan, a gritos, dije que hago , para donde tengo que ir, a quien voy a llamar, en fin no cordinaba mis gritos los escuchaba mi papa con 87 años y nervioso me decia calmate , calmate , desde entonces todo ha cambiado,como Santiaguera hija de esta tierra naci con esta Revolucion, a ella me devo, CUMPLIRE ESTRICTAMENTE SU LEGADO, y no le falleré ni idespues de muerta. Hasta simpre comandante.

7 diciembre 2016 | 10:58 am