Un Elegido que vivirá siempre

Lea más de: , , ,

 

images1Por Lisbet Penín Matos

Abría los ojos al mundo el 21 de octubre de 1927. Nació de una tormenta en el sol de una noche1. Encrucijada de convirtió en su cuna, mas pareciese que él llegara predestinado para no solo deberse a esta ciudad, sino a todo un país.

Sobre él, muchos saben que militó las filas de la ortodoxia y organizó junto a Fidel el movimiento que dio paso al ataque del Moncada. También, se conoce que amó a su familia, especialmente a su hermana Yeyé, y que entregó en cada acción lo mejor de sí mismo.

Pero tal y como escribió Silvio Rodríguez, no estoy hablando de Abel Santamaría, sino del elegido, por lo que no voy a hablarles de un hombre común, sino de un hombre que decidió cuál sería su futuro a la hora precisa, de un hombre modesto, sencillo, trabajador, inspirador de generaciones y continuador de ideales martianos.

Contaban familiares cercanos que Abel era alegre y a veces estudioso, sin embargo, en ocasiones era necesario obligarlo a repasar las lecciones impartidas por el maestro. Pero todo parece indicar que fue beneficioso, pues al hacerse mayor sintió interés por superarse.

Haydée relató que desde pequeño aparecieron en él inquietudes patrióticas y hablaba con mucho entusiasmo sobre José Martí y Antonio Maceo. Tanto fue así, que en cuarto o quinto grados a finales del curso decía: “¡Yo soy Maceo, yo soy Maceo, yo quiero interpretar a Maceo”!

Se sentía orgulloso de ser cubano, y más de una ocasión no dudó en expresarlo, pues en su pueblo natal por su piel blanca y cabello rubio le decían el Polaco. Abel solo se limitaba a contestar que era cubano, sin importarle lo que la gente pudiera decirle.

Como parte de sus remembranzas Yeyé expresó: “creo que la cualidad más sobresaliente de Abel era su espíritu de justicia y de comprensión muy grande. Era severo y lo respetaban mucho, y lo querían mucho”.

Sus 19 años implicaron su llegada a La Habana junto a su inseparable hermana. Pero nadie imaginaría que las paredes, muebles y demás objetos del apartamento, alquilado en O y 25, se convertirían en cómplices y testigos de la conformación de planes y acciones revolucionarias.

Pero independientemente de su nivel de responsabilidad para asumir las tareas, el joven Abel se divertía bailando y cantando. Narraba Haydée que cantaba como un loco mientras se bañaba, lo mandaban a callar y él se reía y decía: “Es que lo que estoy cantando no me sale, tú verás esto otro”.

Una de las acciones desarrolladas por el partido ortodoxo significarían la unión posterior de dos grandes: Abel y Fidel. Este encuentro en el cementerio de Colón sellaría una amistad duradera y rebasaría todas las fronteras.

Para Abel, lo hermoso era la libertad de su país, la separación de la dictadura, el nacimiento de una nación justa y equitativa; pero Silvio en su canción entona que lo más terrible se aprende enseguida, y lo hermoso nos cuesta la vida.

Y fue una acción hermosa, la que pondría fin a su inagotable esfuerzo por construir un futuro diferente. La acción en el Saturnino Lora fracasó.

Ramón Pez ferro, uno de los que participó en la toma del Hospital Civil, afirmó años más tarde: “Abel, una vez capturado, soportó que le sacaran los ojos y lo torturaran y no consiguieron doblegarlo, ni al él ni al resto de los hermanos. Todos prefirieron morir antes que dejarse arrancar una palabra”.

Con solo 26 años, la tiranía apagó la vida de Abel.

Una frase dicha a su hermana antes de ser asesinado encerraría su verdadera pasión por la vida: “es mejor saber morir, para vivir siempre”.

Y Fidel lo calificaría como “el más generoso, querido e intrépido de nuestros jóvenes, cuya gloriosa resistencia lo inmortaliza ante la historia de Cuba”.

La última vez lo vi irse

Entre humo y metralla,

Contento y desnudo,

Iba matando canallas

Con su cañón de futuro.

Bueno sería poder decirle que sí, que hubo un futuro.

 

1Los fragmentos dentro del texto que aparecen en cursivas, pertenecen a la letra de Canción del Elegido, del cantautor cubano Silvio Rodríguez.

Hacer un comentario

Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos. Todos los campos son obligatorios.