Un crimen abominable que precedió a Playa Girón

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Tomás Gutiérrez González

Hoy 4 de marzo se cumplen 54 años de la explosión del vapor francés La Coubre, mientras descargaba en el puerto de La Habana un cargamento militar procedente de Bélgica.

Como resultado de este hecho murieron un centenar de trabajadores entre los que se encontraban estibadores, braceros y otros obreros portuarios, seis marinos franceses y combatientes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.

Cerca de 400 personas recibieron heridas y lesiones, muchas de las cuales quedaron incapacitadas para el resto de sus vidas. Hubo además 34 desaparecidos.

Al día siguiente, a las puertas de la Necrópolis de Colón, el líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro, explicó de manera pormenorizada al pueblo las circunstancias en que ocurrió este hecho.

Denunció ante el mundo las constantes acciones desestabilizadoras que venía realizando el gobierno de Estados Unidos contra Cuba, y señaló:

“¡Nosotros sí tenemos razones para suponer, o para pensar que los que promovieron ese sabotaje no podían ser otros que los que estaban interesados en que no recibiéramos esos pertrechos!”

Añadió la posibilidad de que estuvieran además considerando lanzar una invasión militar contra Cuba.

Ante esa disyuntiva su respuesta -apoyada inmediatamente por todo el pueblo- fue la de resistir y luchar hasta la última gota de sangre, lo que quedó resumido en el irrenunciable e inmortal grito de ¡Patria o Muerte!

Antecedentes

Desde los meses finales de 1958, cuando se hacía evidente el inminente colapso del régimen dictatorial de Fulgencio Batista debido al auge impetuoso de la lucha armada, el gobierno de Estados Unidos desarrolló diferentes acciones con el propósito de evitar el triunfo revolucionario.

El 23 de diciembre de 1958 durante una reunión del Consejo de Seguridad Nacional, donde se valoraba la situación cubana, el director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), Allen Dulles, llamó a evitar la victoria de los revolucionarios.

Las maniobras para formar un gobierno derivado de un golpe de estado en los últimos días de ese año, no pudieron evitar el triunfo rebelde.
A partir de ese momento, la hostilidad de las autoridades estadounidenses se fue intensificando.

Luego del arribo triunfante del Ejército Rebelde a la capital cubana y sin haberse dictado aún las principales leyes de beneficio popular, los gobernantes estadounidenses adoptaron la decisión de derrocar al Gobierno Revolucionario y sustituirlo por otro que respondiera a sus intereses.

El presidente Dwight D. Eisenhower al escribir sus memorias afirmó:

“En cuestión de semanas, después que (Fidel) Castro entrara en La Habana nosotros, en el gobierno, comenzamos a examinar las medidas que podrían ser efectivas para reprimirlo.”

Su vicepresidente, Richard Nixon, escribió sobre su encuentro con Fidel Castro en abril de 1959: “Me convertí en un abanderado en propugnar acciones para derrocarlo.”

Para lograr ese objetivo acudieron a las campañas de propaganda subversiva, las agresiones económicas, las conspiraciones, los planes de atentado contra los principales líderes, los sabotajes contra objetivos civiles.

También promovieron alzamientos y realizaron bombardeos a ciudades, poblados y centrales azucareros empleando aeronaves procedentes de la Florida y fomentaron la creación de organizaciones contrarrevolucionarias dentro y fuera de Cuba.

Siempre trataron que no apareciera involucrado el gobierno de los Estados Unidos.

Último viaje de La Coubre

En marzo de 1960 La Coubre transportaba algo más de 75 toneladas de municiones y granadas antitanques y antipersonales para fusiles FAL, como parte de contratos suscritos durante 1959 por representantes del Gobierno Revolucionario con la Fábrica Nacional de Armas de Guerra, de Bélgica.

Los envíos de armas de infantería y municiones, imprescindibles para el fortalecimiento de la defensa, marchaban según lo convenido, a pesar de la manifiesta oposición y las gestiones del gobierno estadounidense ante las autoridades belgas, para interrumpirlos.

Unos meses antes, por presiones también de las autoridades estadounidenses, Gran Bretaña había desistido reponer con aviones a reacción, los ya anticuados Sea Furies, heredados del ejército de la dictadura batistiana y que ésta había utilizado para bombardear a las fuerzas rebeldes y masacrar indefensas ciudades y asentamientos campesinos durante la guerra de liberación.
En las primeras horas del viernes 4 de marzo de 1960 fue avistada la nave desde la antigua fortaleza de El Morro.

Poco tiempo después penetraba en las azules aguas de la bahía habanera.

Atracó alrededor de las diez de la mañana en el muelle Arsenal de la antigua Pan American Docks, frente a los patios de la Estación Central de los Ferrocarriles Occidentales de Cuba.

Transcurrida una hora aproximadamente, se inició la descarga de las municiones ubicadas en el entrepuente inferior de la bodega número seis de popa, lo que se extendió hasta minutos antes de las tres de la tarde.

Luego se procedió a abrir los compartimentos superiores de la propia bodega, donde se hallaban las cajas de granadas, para comenzar su descarga. Todo se desarrollaba normalmente.

Pasadas las tres y 10 minutos de la tarde, cuando ya se encontraban sobre el muelle las primeras cajas de granadas y se manipulaban otras dentro de la nave, se produjo una estremecedora explosión escuchada en toda la ciudad.

Parte de la popa del buque, del muelle y de los almacenes aledaños quedaron totalmente destruidos.

Los cuerpos de los trabajadores, soldados y marinos franceses que allí se encontraban resultaron destrozados.

De inmediato vecinos y trabajadores de los alrededores, miembros y funcionarios de los cuerpos armados, bomberos y personal de la Cruz Roja se dirigieron al lugar con el propósito de socorrer a las víctimas.

Entre los principales dirigentes revolucionarios, encabezados por el Comandante en Jefe Fidel Castro, acudieron los comandantes Raúl Castro, Ernesto Che Guevara y Juan Almeida.

Unos 30 minutos después, mientras decenas de personas realizaban las labores de socorro sobre el buque y en el muelle siniestrado, un segundo estallido provocó enormes bajas entre los que a riesgo de sus propias vidas auxiliaban y rescataban a sus compañeros.

Sobre su actitud valerosa y solidaria Fidel Castro expresó:

“El pueblo no se atemorizó por la explosión, el pueblo avanzó hacia la explosión; el pueblo no se llenó de miedo, sino que se llenó de valor y, aún cuando no sabía lo que había ocurrido, se dirigió hacia allí y hacia allí se dirigieron los obreros, las milicias, los soldados y los demás miembros de la fuerza pública, todos a prestar la ayuda que estuviese a su alcance…

“Morían juntos defendiendo la misma causa obreros y soldados… Antes marchaban separados, antes eran enemigos… hoy marchan juntos, hoy luchan juntos obreros y soldados, hoy mueren juntos, unos a los otros ayudándose, unos dando las vidas por salvar a los otros, como hermanos entrañables…”

Las investigaciones

En el proceso investigativo quedó demostrado que las dos explosiones se habían producido en el interior del compartimento donde se descargaban las granadas.

Fue establecido que no se trató de un accidente, sino de un hecho intencional, un sabotaje preparado en el exterior.

Todas las evidencias señalaban como responsable de este crimen a los servicios de inteligencia estadounidenses y en especial a la CIA.

Dos semanas después, el 17 de marzo de 1960, el presidente de Estados Unidos, Dwight D. Eisenhower, firmaba el documento titulado “Un programa de acciones encubiertas contra el régimen de (Fidel) Castro”.

Contenía una serie de medidas en ejecución, que preparaban las condiciones para lo que más tarde terminaría en la humillante derrota imperialista en Playa Girón.

Allí se volvió a mezclar la sangre de obreros y soldados quienes marcharon de frente al fuego y la metralla con la misma decisión con que lo hicieron en La Coubre, a diferencia de que en esta ocasión los obreros iban armados y estaban conscientes de defender el socialismo.

La primera gran operación terrorista de la CIA en Playa Girón vino a confirmar en 1961, lo expuesto por el máximo líder de la Revolución un año antes durante el sepelio de las víctimas de La Coubre y su estrecha relación con la política de hostilidad y agresiones que Estados Unidos desataba contra Cuba.

Mediante el sabotaje al vapor La Coubre trataron de privar al pueblo de las armas imprescindibles para su defensa, de aterrorizarlo cuando más de medio millón de cubanas y cubanos se organizaban en las Milicias Nacionales Revolucionarias prestas a defender la Patria, y con el propósito de neutralizar el entusiasmo del pueblo y detener el proceso revolucionario.

La respuesta en Playa Girón fue la misma que se pronunció por vez primera aquel 4 de marzo de 1960: ¡PATRIA o MUERTE!

(*) El autor es profesor universitario y especialista del Centro de Investigaciones Históricas de la Seguridad del Estado (CIHSE).

Tomado de Prensa Latina

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