Últimos días de Calixto García: la difícil misión diplomática de la república mambisa ante los Estados Unidos

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Por Luis Ernesto Ruiz Martínez

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Por Paul Sarmiento Blanco. Los últimos días de vida del Mayor General Calixto García Iñiguez transcurrieron en los Estados Unidos de América, al frente de una delegación diplomática de la República en Armas para intentar el reconocimiento jurídico internacional de los cubanos.

Había nacido el general el 4 de agosto de 1839 en Holguín, le había dedicado, además, treinta años de su vida a la lucha por la independencia (desde 1868 hasta 1898), por tanto, en diciembre de 1898 al morir contaba con 59 años de edad, de ellos treinta al servicio de su patria.

Pudo haber sido un próspero ganadero o comerciante de la zona de Jiguaní o de Gibara, pero al igual que Céspedes y muchos otros patriotas puso por encima de sus intereses de clases, los intereses nacionales: la independencia de Cuba.

Desde 1868 hasta el 11 de diciembre de 1898 Calixto García tuvo a Cuba como su frontera y su sueño. Estratega militar de gran calibre, astuto conocedor del enemigo, fue, además –según mi opinión –un gran estadista. Y en los últimos días de su vida, después de sufrir los intentos de menosprecio de los norteamericanos, de vivir las incomprensiones de los propios cubanos, de sufrir su destitución como Lugarteniente General, Calixto García demostró ante los cubanos y ante el mundo su grandeza como estratega político. A continuación, describimos los últimos pasos de un gran hombre.

El 21 de noviembre de 1898 partió hacia los Estados Unidos la Comisión designada por la Asamblea de Representantes, en Santa Cruz del Sur para entablar las negociaciones con el gobierno de los Estados Unidos de América, sobre el asunto del destino del Ejército Libertador Cubano. Formaron la parte oficial de esta delegación: Calixto García Iñiguez al frente de la misma, José Miguel Gómez, José Antonio González Lanuza, Manuel Sanguily y José Ramón Villalón.

Acompañaron al general holguinero en calidad de ayudantes personales Cosme de la Torriente, el Comandante Justo García Vélez (hijo de Calixto), el Teniente Ricardo Koby y los coroneles Enrique Villuendas y Carlos Martín Poey. A la delegación cubana se le unió oficialmente Gonzalo de Quesada. Los objetivos de la Comisión fueron variados: obtener fondos para el licenciamiento del Ejército Libertador que permitieran devolver los soldados a la vida civil con medios suficientes para impedir que sus condiciones de vida crearan posibles perturbaciones.

Entre el 24 de noviembre y el 8 de diciembre de 1898, el General García realizó innumerables visitas a funcionarios públicos, militares, hombres de negocios y particulares norteamericanos. También se reunió con los emigrados cubanos, la mayoría contentos con la evacuación de la isla por España y otros preocupados por la presencia norteamericana en Cuba y su futura política.

No se debe olvidar en esta pequeña evaluación el enorme esfuerzo realizado por Calixto García en esos días. Había que tener en cuenta la intensa campaña militar realizada en Cuba desde 1896, el frío reinante en los Estados Unidos, la fuerte pulmonía que con rapidez se entronizó en la anatomía del prócer cubano. Según relata Cosme de la Torriente –su Ayudante personal en Washington -había además una “intensa y seca humedad sobre Washington en los primeros días de diciembre y Calixto no descansaba, orientaba, dictaba notas, se reunía con cubanos y americanos, siempre preocupado por el futuro de la república.”[1]

En cuanto al proceso de negociación con los estadounidenses, Calixto García siempre mostró una clara comprensión de las circunstancias en ambos países, aunque en algunas oportunidades excedía su confianza hacia los políticos norteños.

No es difícil comprender los amargos momentos de inferioridad política que debió sentir Calixto García en las entrañas del monstruo, como lo llamó años antes José Martí. Huérfana de base alguna, que sustentara para el equitativo esclarecimiento de su paradójica posición en la victoria, la delegación cubana fue recibida por el Presidente William MacKinley. La entrevista con MacKinley se efectuó a título privado, pues, como siempre cuando se trataba de los cubanos, el gobierno norteamericano no le concedió ninguna representatividad.

Por ende, si bien había algunos comisionados confiados de forma ingenua en tratos nítidos con el futuro ocupante, otros debieron meditar, que la gestión diplomática debía obtener, a través de subterfugios, si fuese imprescindible, que Washington tratara en pie de igualdad al órgano revolucionario.

Según los presentes en aquella histórica entrevista, el presidente de los Estados Unidos se mostró afable y circunspecto, sobre todo con Calixto García, el presidente de la delegación.[2]  Fue un juego de malabares la negociación, una vez hegemonía y soberanía se enfrentaban en el tablero diplomático diseñado por la Asamblea de Representantes.

El gobierno de los Estados Unidos concordaba, paradójicamente, con la comisión en cuanto a la disolución del ejército cubano. Fue en la negociación un momento complicado para los cubanos allí presentes, y por supuesto para el gallardo jefe de la delegación. Pareciera que salieran a flote los serios conflictos internos del campo insurrecto. Pero Calixto García y el resto de la comitiva mostraron mesura.

En esa difícil coyuntura enfermó gravemente de pulmonía el gran holguinero y pocos días después encontró la muerte en Washington sin poder concretar los objetivos de su misión.

Era evidente que la muerte de Calixto García fue un golpe para el campo insurrecto cubano, tanto para su mando militar como civil. Calixto se había convertido en una especie de equilibrio en ese contexto entre tantos intereses en juego. Pero fue un golpe inmediato para los comisionados que se encontraban en Estados Unidos negociando un acuerdo con ese gobierno.

Según Emeterio Santovenia “esa desgracia abatió profundamente el espíritu de Torriente y sus compañeros, pero el espíritu glorioso del ausente dejó sus enseñanzas y fuerzas creadoras.”[3]

La jornada del 11 de diciembre de 1898 fue impactante para los cubanos:

En un día triste, bajo una fuerte nevada, los descendientes de Calixto, los cubanos que allí nos encontrábamos, las autoridades militares y políticas de los Estados Unidos, muchos americanos y cubanos que habían llegado de otras poblaciones para rendirle memoria, llevamos los restos mortales del jefe y amigo, cubierto su cuerpo con una bandera cubana, al Cementerio Nacional de Arlington, donde habría de esperar el traslado a la patria.[4]

Cuarenta años después Cosme recordaba que “aún resonaban en sus oídos el toque de silencio al borde la tumba en Arlington que por corto tiempo guardó aquellos despojos queridos.” [5] Torriente regresó a La Habana a finales de diciembre de 1898 junto a los demás comisionados.

La efímera gestión diplomática de Calixto García y los comisionados cubanos constituyó un exclusivo privilegio para la futura carrera diplomática y política de Cosme de la Torriente, Gonzalo de Quesada, Manuel Sanguily; a la vez puso fin al ciclo existencial de Calixto García y a la relación terrenal de este con los libertadores cubanos del 98. Se abriría una nueva etapa para la nación cubana en formación. Los restos mortales del patriota cubano fueron trasladados a Cuba en febrero de 1899 y enterrados en el Cementerio de Colón.

Asimismo, los ecos de la misión diplomática retumbaron en las decisiones del poder imperial que había eclipsado de manera unilateral un día antes, el 10 de diciembre la soberanía cubana al imponer a España el Tratado de París. No pudo Calixto con aquellas dramáticas circunstancias, pudo más el poder hegemónico de los Estados Unidos y el frío sobre el gran caudillo político y militar cubano.

A 120 años de la muerte de Calixto sigue el debate, soberanía cubana versus hegemonía. Se impone el homenaje, pero además el legado, la reflexión y la posición de defensa del derecho cubano a que el mundo, reconozca que, en esta pequeña porción del Caribe, hombres como Calixto se multiplican en la actualidad en el crudo invierno imperial para impedir que Donald Trump menosprecie a los héroes de la independencia cubana.

[1] Archivo Familiar de Cosme de la Torriente y Peraza: Notas y apuntes de Campaña, día 6 de diciembre de 1898, pág. 69.

[2] Manuel Márquez Sterling: Proceso histórico de la Enmienda Platt (1897-1934), Imprenta El Siglo XX, La Habana, 1941., pág. 41.

[3] Emeterio Santovenia: Cosme de la Torriente, Estadista, Úcar, García y Cía., La Habana, 1944, pág. 22.

[4]Cosme de la Torriente y Peraza: Notas y apuntes de Campaña, día 13 de diciembre de 1898, ob cit, pág. 90.

[5] Cosme de la Torriente y Peraza: Cuarenta años de mi vida, Imprenta El Siglo XX, La Habana, 1939, pág. XLIII

Paul Sarmiento Blanco es Máster en Ciencias y Profesor Auxiliar del Departamento de Historia, de la Universidad de Holguín.

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