Tu paz, la mía, la nuestra

Lea más de: , ,

Por Elena Milián Salaberri

Sin título

Como de amor, se habla mucho de paz, son conceptos interrelacionados al punto de depender uno del otro y, si desde los poetas hasta los filósofos concuerdan en que falta amor, entonces igual suerte corre la paz.

La palabra proviene del latín  pax (pacis), cuyo significado es “acuerdo, pacto” y alude a un estado de quietud o tranquilidad,  a la ausencia de guerra; pero va a los órdenes individual y social, con alcances universales.

Si usted me hace el honor de leer mi comentario, sé que ya a la altura de este párrafo le han venido a la mente las grandes conflagraciones mundiales y la vida de naciones como Colombia o Siria, por citar solamente dos ejemplos donde resta aún por hacer, en materia de entender el vocablo en su arista más profunda, la cual lo liga a la piedad, en un mundo al parecer desprovisto de ese sentimiento.

Mirar hacia la paz con amor y humildad de corazón no está de moda; en esa filosofía de vida no encajan bien los intereses, de los cuales sí la humanidad da cuentas hoy, a pesar de existir un Día Mundial de la Paz ( 21 de septiembre), un Premio Nobel y hasta símbolos como la paloma con la rama de olivo, el color blanco, el saludo con el dedo del medio y el índice extendidos y el resto flexionados,  o el círculo con líneas internas, una a la mitad y dos a los costados, popularizado el siglo anterior por el Movimiento Hippie.

Y es que el asunto tiene un alcance complejo; en mi opinión,  del cultivo, entiéndase del cuidado de la “pacis” individual dependerá en gran medida la formación de hombres y mujeres aptos para preservarla a escala social y global.

Si aplicamos el análisis a Cuba, de seguro estaremos de acuerdo en que sin ánimo de conformismo, estamos en el grupo de los partidarios de la armonía, ya no únicamente en cuestiones de Estado, sino “entre compatriotas”; baste pensar en la actitud filantrópica ante los embates del huracán Matthew.

Por supuesto, insisto en cuánto resta por hacer por el equilibrio, por la concordia en los hogares, las vecindades, los centros de trabajo, pues no existe el humano perfecto, pero sí el que aspira a la perfección en el orden humano, con el respeto como conducta ante la vida.

Entonces continúa en aumento el listado de palabras imbricadas con la paz: amor, perdón, humildad, piedad, respeto…y leídas así irradian toda la belleza de su carga semántica, mientras lo difícil está ponerlas en práctica de manera que no falte ninguna a la cita de nuestras vidas cotidianas, de cada responsabilidad por grande o pequeña que parezca.

De tal modo, no molestaríamos al vecino; el médico, el maestro, la recepcionista, el delegado, el esposo, la esposa, padres e hijos…, nos miraríamos  a los ojos con ganas de emprender, con la búsqueda de soluciones por rumbo idóneo.

Como dijera el extraordinario Mahatma Gandhi: “No hay camino para la paz, la paz es el camino”. Entonces, los invito, desde mi modesto lugar de periodista, a desmitificarla, a sacarla un poco de la poesía, del lema descontextualizado,  de las propuestas mesiánicas, y darle un rostro humano que luche por parecerse a lo mejor de cada cual. Tal vez así el mundo también sea mejor.

Hacer un comentario

Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos. Todos los campos son obligatorios.

1 Comentario

Yennys dijo:

”Un mundo mejor es posible” es lo que queremos para todos, vivir en paz aplicando lo que dice el concepto de Revolución dado por nuestro Comandante Fidel… ser tratado y tratar a los demás como seres humanos… yo creo que eso podemos lograrlo

19 octubre 2016 | 07:46 am