Trump: un gabinete entre despidos y renuncias (+ Infografía)

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Por Jose Valentín Rodríguez Pérez

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Desde que Donald Trump asumió como presidente de los Estados Unidos han renunciado o fueron despedidas más de 30 personas vinculadas al Departamento de Estado. (Reuters)

Decidido a configurar un gabinete a su imagen y semejanza, el presidente de Estados Unidos ha emprendido una operación de limpieza en la que han sido liquidados los principales baluartes del diálogo y la moderación. Durante el año y dos meses desde que Donald Trump asumió como presidente de los Estados Unidos han renunciado o fueron despedidas más de 30 personas vinculadas al Departamento de Estado, asesores y funcionarios de comunicaciones del gabinete presidencial.

Cayó el principal consejero económico, Gary Cohn. Fue despedido con el secretario de Estado, Rex Tillerson, y ahora, el penúltimo moderado de la Casa Blanca, el consejero de Seguridad Nacional, Herbert Raymond McMaster, se balancea en la cuerda floja y hay quien, como The Washington Post, ya da por decidido su relevo.

Mike Pompeo se convierte en jefe de la diplomacia estadounidense en un momento delicado, cuando Estados Unidos está dispuesto a abrir una negociación con Corea del Norte, bajo promesa de desnuclearización por parte del régimen y al mismo tiempo debe decidir si mantiene o abandona el acuerdo nuclear con Irán. En ambos terrenos, el nuevo secretario de Estado se ha mostrado en la línea dura republicana.

A falta de algunos cambios en el segundo escalón gubernamental, la salida del teniente general McMaster de un puesto clave en la estrategia de seguridad estadounidense culminaría la crisis de Gobierno abierta por Donald Trump a principios de mes.

Gary Cohn, el gran arquitecto de la reforma tributaria, tiró la toalla tras fracasar en su intento de evitar la guerra tarifaria. Rex Tillerson fue destituido fulminantemente después de un largo historial de desencuentros, que incluyó desde la renuncia al Acuerdo de París contra el Cambio Climático, las relaciones con Moscú y el pacto nuclear con Irán. McMaster, que se alió con el secretario de Estado en todas estas cuestiones, ha quedado malherido y su baja se da por descontada, a falta de que Trump le halle acomodo.

Eliminados Cohn y Tillerson, y con McMaster en el filo de la navaja, el único superviviente del sector más ponderado sería el secretario de Defensa, el carismático teniente general Jim Mattis. Amparado por su enorme prestigio, Trump no habría osado moverle la silla. Pero habría quedado en minoría en un Ejecutivo devorado por los halcones que ahora lidera Mike Pompeo, de quien se espera que su primer movimiento sea la ruptura del acuerdo nuclear con Irán.

¿Quién es este hombre que en apenas un año al frente de la CIA llega a dirigir la diplomacia de EE. UU.?

Halcón, político de carrera y en la cuerda de Donald Trump, Mike Pompeo, el hombre al que le confió la CIA hace poco más de un año, es un congresista de Kansas miembro del Tea Party, que ha clamado contra el pacto nuclear de Irán, defendido la aplicación de la pena de muerte contra Edward Snowden y destacado como azote de la demócrata Hillary Clinton. Su breve mandato como jefe de la inteligencia se ha caracterizado por un perfil muy político en sus pronunciamientos públicos, lo que ha incomodado en muchas ocasiones al personal de la agencia, dado que crea recelos en torno a la imparcialidad que se le exige a los análisis de inteligencia. También ha apostado por una actitud más agresiva en el conflicto de Afganistán.

Gina Haspel, una espía de carrera y subdirectora de la CIA, lo sustituye.

Otra de las consecuencias de esta sacudida es el fichaje del conservador y telegénico Larry Kudlow, en sustitución de Gary Cohn, y la renovada influencia del consejero comercial, Peter Navarro, el gran gestor de la guerra tarifaria y paladín de la ruptura del Tratado de Libre Comercio con América del Norte.

Perfilar a las figuras del gabinete de Donald Trump produce cierta melancolía, porque parecen destinados a la brevedad. Este gabinete se ha visto envuelto en las últimas semanas en una nube de controversias, que socavan la capacidad del gobierno de sacar adelante su programa y desatan las iras de un mandatario cada vez más proclive a hacer a un lado a sus aliados e irse por su cuenta.

Todo parece indicar que Donald Trump es un hombre al que le gusta actuar a caprichos, que no quiere gobernar con nadie y no quiere que nadie se lleve el crédito que desea para él. Estos despidos y renuncias se revelan en un contexto de evidente inestabilidad en el equipo de gobierno. Tal vez intente implantar un récord.

Estas movidas, y sobre todo la llegada al Departamento de Estado de un halcón de línea ultra conservadora como Mike Pompeo, hacen suponer que las relaciones de EE. UU. con Cuba se mantendrán en un nivel muy bajo, como hasta ahora, y en cuanto resuelva otros frentes de su prioritaria agenda imperial puede adoptar otras posturas más gélidas y agresivas en el orden mediático.

Cubahora

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