Todo 11 tiene su 13

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Laura Bécquer Paseiro

A 12 años del golpe de Estado orquestado por la ultraderecha, fuerzas externas y los medios de comunicación en Venezuela, esa nación se enfrenta nuevamente a los intentos por frenar el proceso de cambios iniciado por Hugo Chávez.

Como en aquel entonces, la Revolución Bolivariana convive con llamados a la violencia por sus detractores, ataques diarios en los principales conglomerados mediáticos nacionales y extranjeros, así como supuestas denuncias de violación de los derechos humanos tergiversadas por la gran prensa internacional.

El actual presidente, Nicolás Maduro, ha denunciado en reiteradas oportunidades el golpe de Estado continuado que se cierne sobre el proyecto sociopolítico y económico que cambió la fisonomía venezolana hace 15 años. El único fin de estas fuerzas golpistas, tanto en el 2002 como ahora, es controlar y apropiarse nuevamente del petróleo del país. Para ello no han escatimado en esfuerzos que saquen a los revolucionarios del poder.

¿PETRÓLEO MALDITO?

Paradójicamente, un país tan rico en recursos naturales tenía una población sumida en la extrema pobreza y sin oportunidad ninguna de cambio a largo plazo. Redistribuir los enormes ingresos de la renta petrolera era una cuestión de vida o muerte y para lograrlo el comandante Chávez necesitaba readecuar las corporaciones privadas que seguían controlando el llamado oro negro, a pesar de haber sido nacionalizado en gobiernos anteriores.

En febrero del 2002, el líder bolivariano anunciaba al mundo el cambio completo de la empresa estatal Petróleos de Venezuela S.A (PDVSA) que contaría con un nuevo presidente. La fuente de ingentes ganancias para las transnacionales —una parte de ellas obtenida incluso contra las leyes nacionales— era cortada luego del fortalecimiento de PDVSA y del impulso que significó la reestructuración de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), ideada por Chávez en sus primeros años de gestión. Esa gota colmó la copa imperial.

Los medios iniciaron una férrea campaña basada en mentiras y manipulación de conceptos como socialismo y comunismo. Se hizo habitual la seguidilla de editoriales, programas radiales y televisivos, demonizando a los principales líderes de la Revolución Bolivariana y a sus seguidores.

La figura visible de la oposición detrás de este golpe mediático era el empresario Pedro Carmona Estanga, quien se sumó activamente al llamado al paro nacional contra la medida tomada con PDVSA. El 11 de abril fue el día escogido por la derecha para la arremetida final contra el Gobierno. Lo que en un inicio fue pacífico, se tornó violento cuando la oposición decidió cambiar la ruta de su marcha, esta vez hacia el Palacio de Miraflores a exigir la salida de Chávez.
Al ir contra la ley, pues esa ruta no estaba autorizada, buscaban la confrontación con los revolucionarios, quienes ese mismo día se concentraron en las afueras de la sede del Gobierno en apoyo a su presidente.

La agresividad se hizo de las calles cuando sonó el primer disparo desde la azotea de un edificio. Investigaciones posteriores mostraron que se trataba de francotiradores a sueldo dado que todos los heridos y los fallecidos tenían heridas de bala en la cabeza. Lo que sucedió después quedó en la memoria colectiva de todos. Las imágenes de personas afines al chavismo disparando desde un puente contra la marcha opositora le dieron la vuelta al mundo. Los grandes medios manipularon deliberadamente los hechos.

Nunca publicaron que la calle que mostraban estaba realmente vacía, ya que pertenecía a una ruta por la cual la oposición no había marchado. Sin embargo, el golpe mediático ya estaba consumado: Chávez era llamado “asesino” y el responsable directo de la violencia. Todo era parte del plan derechista de fomentar la ira para después decir que el Gobierno era el único culpable de los fallecidos. La oleada fascista y violenta alcanzó hasta la propia Embajada de Cuba en Venezuela. Esta sede diplomática fue asediada hostilmente con la ayuda de algunos personajes que hoy también son protagonistas de la violencia contra Maduro, como es el caso de Henrique Capriles.

Como hoy, funcionarios del gobierno de Estados Unidos mostraban su “preocupación” por la situación política en Venezuela. George Tenet, director de la CIA en ese entonces, expresó que “obviamente” el país sudamericano era importante dada su condición de productor de petróleo. “Diría que el señor Chávez, y el Departamento de Estado puede corroborarlo, probablemente no tiene presente los intereses de Estados Unidos”, dijo Tenet en aquel momento.

Investigaciones posteriores como la de la periodista venozalana-estadounidense Eva Golinger, demostraron que el gobierno de Estados Unidos estuvo siempre al tanto y colaboró con la intentona golpista desde un inicio, a pesar de la negativa oficial.

CHÁVEZ NO SE VA

No exageran quienes consideran que Venezuela fue tristemente célebre al ser la primera nación en sufrir un golpe de estado mediático. En aquellos días de abril, la señal del canal 8 (estatal) fue sacada del aire, por lo que la única información que llegaba a los venezolanos y al mundo era la que transmitían los medios privados, en férrea y declarada oposición al Gobierno.

Insistían en una transición pacífica y exigían la renuncia del presidente Chávez. La situación se materializó con la llegada de representantes del alto mando militar al Palacio de Miraflores con la orden explícita de sacarlo del poder y de que este firmara su renuncia. Ante la negativa, los militares amenazaron con bombardear el Palacio. La sombra de Chile del 73 rondaba Venezuela.

Eran horas cruciales para el destino de una revolución. La salida del presidente esposado encendió a los medios, que esta vez anunciaban su supuesta renuncia  y convocaban a un gobierno de transición.

Buenos días, tenemos nuevo presidente. De esta forma iniciaba la parrilla informativa del canal Venezolana de Televisión el 12 de abril. Cínicamente, se felicitaban unos a otros sin esconder su participación. Ese día juraba como presidente Pedro Carmona Estanga. Parecía que todo había salido según lo planificado.

Sin embargo, hubo un pequeño detalle que no tuvieron en cuenta los golpistas: el pueblo. No la minoría rica dueña de los inmensos recursos del país, sino la gran mayoría que había conocido, gracias a la Revolución, qué cosa eran la dignidad, la educación, la salud, y también cuáles eran sus derechos políticos. Tanto así, que a pesar del silencio informativo, la gente humilde de los cerros venezolanos sabía muy bien que su presidente no podía renunciar, sino a través de un revocatorio.

Su presidente había sido secuestrado.

Esa masa de personas que ya tenían voz y voto en su propio país salió a las calles a exigir la vuelta de su líder. Fueron reprimidos. Sin embargo, esa multitud enardecida en las afueras del Palacio de Miraflores se mantuvo en pie de guerra y luchó hasta el regreso de su presidente el día 13 de abril.

2002-2014: MISMO GUION

Una revisión histórica de los sucesos del golpe de abril del 2002 en Venezuela, desemboca en que lo que sucede actualmente no es casual. Los antecedentes de esos días son tomados al pie de la letra por los golpistas actuales. Sin embargo, no es el mismo país de hace 12 años. La ausencia física del líder de la Revolución Bolivariana, así como un sector de la oposición que se niega a reconocer al gobierno democrático de Nicolás Maduro, y que se torna cada día más violento, son el pan de cada día, a pesar de los reiterados intentos de diálogo pacífico.

A juicio del politólogo venezolano Heiber Barreto Sánchez, la gran diferencia entre los hechos del 2002 y lo que acontece actualmente, es que la oposición no cuenta con un respaldo de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana suficiente como para adelantar una insurgencia castrense, más allá de los tres generales que capturaron por estar inmersos en posibles actividades conspirativas.

Ello es una muestra más que evidente de la fortaleza de la cohesión cívico-militar gestada por el presidente Chávez a su llegada al Palacio de Miraflores, refiere.

Respecto a la situación actual en su país, el comoderador del programa de opinión y análisis Golpe de Timón, aseguró a Granma que las actuales protestas se reducen a focos violentos en unos seis municipios de los 335 que tiene Venezuela.
Esto evidencia que la estrategia de los sectores radicales e intolerantes de la derecha es la de posicionar mediáticamente este conflicto, sobre todo en medios internacionales como CNN, insuflando manipuladamente las imágenes para proyectar la percepción de que las acciones violentas y vandálicas aisladas constituyen una imagen de lo que ocurre en “toda Venezuela”.

Por otra parte, aunque ambiguamente, ya se está deslindando cada vez más la oposición violenta radical, de la oposición dispuesta al diálogo. Ello se ha logrado con las Conferencias Nacionales por la Paz y con los encuentros entre sectores de la oposición y el gobierno, a instancias de la mediación facilitada por la comisión de cancilleres de la Unión de Naciones Suramericanas, explica.

El propio Chávez hizo célebre una frase: “Todo 11 tiene su 13”, en referencia a los duros días de abril del 2002 que desembocaron en su regreso triunfal. Ese capítulo de la historia venezolana nunca debería ser olvidado.

Tomado del Sitio Granma

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