Tiempo de vals para Lauren

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Por Ronald Suárez Rivas

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Suena el vals y Lauren Valdés atraviesa el salón como quien se adentra en un sueño. Hace mucho que jugaba a imaginar este día, y así, tal como lo concibió, ha sucedido.

Gracias a la ayuda de muchas manos, nada ha faltado en su fiesta de 15 años. Ni el traje, ni las fotos, ni el brindis, ni el cariño de quienes la han visto crecer todo este tiempo. Entre ellos, Aracelys y Haydée, las dos mujeres que han sido para ella una especie de madres, desde que quedó al cuidado del Estado cubano, con menos de un año de nacida.

Primero vivió en el círculo infantil Semillitas del futuro, y desde que terminó la enseñanza preescolar, lo hace en el hogar de niños sin amparo familiar de Pinar del Río. En ellos aprendió a caminar, a decir sus primeras palabras, a colocarse el uniforme, a leer, a escribir, a ser independiente.

De una manera muy distinta a como se supone que debía suceder, ha transcurrido su infancia. A su alrededor, sin embargo, siempre ha encontrado el afecto de quienes, como Haydée Valdés, se han consagrado a la atención de los pequeños de esta provincia que por alguna mala pasada de la vida, no pueden crecer junto a los suyos.

«Yo vine a trabajar a esta casa por un año, como una tarea de la dirección de Educación. Cuando terminó el tiempo, pedí una prórroga, y todavía estoy aquí», rememora Haydée. En las dos décadas que ya cumplió al frente del hogar de niños sin amparo familiar, dice que han sido muchos los momentos felices.

«Nuestro mayor orgullo es cuando los vemos graduarse en un politécnico o en la universidad, o convertirse en buenos trabajadores».

Aunque no llevan su sangre, Haydée asume su trabajo con dedicación de madre. De hecho ya perdió la cuenta de las veces que le ha tocado pasar la noche en el pediátrico con alguno de sus niños, o regresar de su casa para acompañarlos, después de haber terminado su jornada, porque le avisaron de que alguien se sintió mal de repente.

«Uno se va apegando a ellos, buscando la forma de ayudarlos, de enseñarles a convivir con su problema familiar, para tratar que los afecte lo menos posible, y los llega a ver como sus propios hijos», me confiesa.

Aunque ella y su equipo son los rostros más visibles, advierte que el Ministerio de Educación, el Poder Popular, la Unión de Jóvenes Comunistas, los Pioneros, la dirección de Cultura y la Fiscalía, velan también por el bienestar de los pequeños.

Por eso, en cuanto supieron que Lauren cumpliría 15 años, todos contribuyeron a organizar su fiesta. De los cinco menores que viven hoy en la institución, es la que más tiempo lleva en ella.

«Desde pequeña siempre tenía mucha ilusión con este día. Me lo imaginaba así mismo, con un vestido, con un vals, con las personas que me quieren. Todo me encantó, todo ha quedado bello», asegura Lauren, con brillo en los ojos.

Luego me explica que está muy agradecida, que pronto comenzará el décimo grado en un preuniversitario cercano, que le gustaría alcanzar la carrera de medicina. «Ahora sobre todo pienso en estudiar, en formarme, y en darle mucho cariño a las personas que han hecho lo mismo conmigo todo este tiempo».

Granma

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