Tarea Vida: haciendo la diferencia

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Por José Armando Fernández Salazar

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“Esa calle que ves allí de aquí a 20 años quizás no exista, quizás sea una playa. El parque infantil pegado al mar puede que se convierta en el hogar de peces de coral. La gente tendrá que irse, o entender que la vida ya no será igual”.

La imagen futurista me la describe un pescador de un pueblito costero del nororiente cubano, en el que muchos de sus vecinos de pronto han tenido que proteger sus patios con piedras y barreras para no perderlos definitivamente.

De acuerdo con los resultados del macroproyecto “Escenarios de peligro-vulnerabilidad costera asociados al ascenso del nivel del mar para los años 2050-2100”, más de 120 asentamientos humanos están en riesgo de desaparecer para esas fechas como resultado del retroceso de la línea de costa.

Pero el 2050 pudiera ser una fecha demasiado optimista. Mientras que la temperatura promedio en Cuba ha aumentado 0,9 grados Celsius, el nivel del mar ha subido 6.77 centímetros como promedio, desde 1966 hasta la fecha, proceso que se ha acelerado en los últimos cinco años.

El citado macroproyecto estima que la Mayor de las Antillas pierda el equivalente al 6 % de territorio emergido, y el impacto ambiental, económico y, sobre todo, social de este fenómeno ya es evidente en determinadas zonas bajas del país, en las que la influencia de los huracanes y las sequías extremas han obligado a la reubicación de viviendas, cultivos y actividades económicas.

La acidificación de los mares, la contaminación ambiental, la destrucción de la biodiversidad y los gases de efecto invernadero —resultados de la acción humana— han acelerado los procesos naturales de cambio climático, cuya huella más dramática es la sobreelevación del nivel del mar. Si bien Cuba emite solo el 0,08 % del total de emisiones globales, su condición insular la convierte en un escenario extremadamente vulnerable a esta situación.

Desde el año 2007, cuando el líder histórico de la Revolución Cubana, Fidel Castro, orientó la elaboración de un mapa sobre el impacto del ascenso del nivel del mar, en la isla se comenzó a evaluar de manera más intencionada el impacto del cambio climático. Los estudios posteriores, entre los que se encuentra el macroproyecto mencionado, derivaron en la elaboración del Plan de Estado para el enfrentamiento al cambio climático “Tarea Vida”, aprobado en abril de 2017 por el Consejo de Ministros, considerado globalmente como una evidencia positiva de la respuesta de los gobiernos a los desafíos de la naturaleza.

La Tarea Vida comprende cinco acciones estratégicas y once tareas distribuidas en 15 zonas priorizadas, teniendo en cuenta la preservación de la vida de las personas en los lugares más vulnerables, la seguridad alimentaria y el desarrollo del turismo. Entre las acciones estratégicas más importantes aparecen no permitir nuevas edificaciones en los asentamientos costeros amenazados, desarrollar concepciones constructivas adaptadas a las inundaciones costeras para las zonas bajas, y adaptar las actividades agropecuarias a los cambios en el uso de la tierra producidos como consecuencia de la elevación del nivel del mar y la sequía.

El plan también apunta a reducir las áreas de cultivo cercanas a costas o afectadas por la intrusión salina, y planificar los procesos de reordenamiento urbano de los asentamientos e infraestructuras amenazados.

A casi un año de su puesta en práctica, la Tarea Vida ha logrado no pocos avances. Durante un recorrido que recientemente realizó la ministra de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, Elba Rosa Pérez Montoya, por varias provincias cubanas, señaló que el plan del Estado fue validado por el impacto del huracán Irma, evento hidrometerológico extremo que evidenció las vulnerabilidades que existen en el país.

La titular precisó que se ha avanzado en la integración de las autoridades gubernamentales con otras instituciones, y como resultado de ello se ha logrado la eliminación de ilegalidades en las zonas costeras, avances en la incorporación de los estudios de peligro-vulnerabilidad-riesgo a los planes de desarrollo de cada territorio y la introducción de nuevas tecnologías más eficientes y menos contaminantes en la agricultura, la industria y los servicios.

A pesar de ello, la Tarea Vida se enfrenta a varios desafíos. Quizás el mayor de ellos sea la necesidad de un cambio en la manera de pensar y actuar de las personas, para que en ellas cale la frase que reza: “La tierra no es herencia de nuestros padres, sino un préstamo de nuestros hijos”.

En ello también influyen las tensiones económicas del país, agudizadas por el impacto del bloqueo estadounidense a la isla, lo cual hace más azarosa la introducción de tecnologías más amigables con el medio ambiente o el acceso a fuentes de financiamiento para emprender proyectos de la llamada ingeniería ambiental, muy costosa en el mundo.

La esperanza y la adaptabilidad se pueden encontrar hoy en varios de los poblados costeros amenazados en el país. Una docena de ellos ya han comenzado a reubicarse, con el consecuente cambio en la cultura de sus poblaciones, mientras que encuentran terreno fértil proyectos de restauración de dunas, reforestación y disminución de la sobrepesca y la pesca furtiva. Acciones pequeñas, quizás, pero que pueden representar la diferencia que salve a nuestros descendientes.

Cubahora

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